El blog d'en Joan Ferran

9.5.18

RETORNOS CONVERGENTES A UN DULCE PASADO







SR.PUJOL, LA NOSTALGIA NO ABSUELVE. 


Cualquier tiempo pasado fue mejor decía, el poeta Manrique. Y bajo esa filosofía sus colegas convergentes le montaron un homenaje al ex president; eso si, vestido de balance histórico. El viejo pujolismo hoy pena, transita entre el desasosiego y la zozobra provocada por los despropósitos de sus herederos y los vaivenes de Carles Puigdemont. Necesita reconfortarse, recordar un pasado que le fue dulce y provechoso. Muchos de los asistentes al homenaje al patriarca, y señora, hicieron de la nostalgia un bálsamo reparador. Ahí se citaron desde los amigos de Duran Lleida hasta los tránsfugas socialistas que mamaron del néctar convergente. Aquellos que le sirvieron y veneraron tienen derecho a rememorar ese pasado, faltaría más.
 Ahora bien, desde el más profundo respeto a las personas y a lo positivo –siempre hay algo positivo en las obras de gobierno- de esa etapa histórica, permítanme que exprese mi perplejidad por el evento.Aun resuena en el aire el eco de la herencia del abuelo Florenci y los tejemanejes de la banca andorrana, aun no se ha reciclado el plástico de las bolsas que portaban billetes de quinientos euros, Oriol aun no ha pasado la ITV y aun… Quizás peque de antiguo, pero un servidor de ustedes es de los que cree que conviene guardar un tiempo de luto razonable. Y aquí, alrededor del clan de los Pujol, no se ha respetado el duelo suficientemente. No soy nadie para enjuiciar al ex presidente ni a su prole; no tengo datos ni medios suficientes para anatemizar a nadie. Claro que no, pero me cuesta comprender el cambio de discurso, y de ánimo, de algunos de los suyos que lo abandonaron en tiempos difíciles y hoy lo homenajean. A veces pienso que volver al padre, en el cosmos nacionalista, no deja de ser un síntoma inequívoco de rechazo a un presente que no gusta.
 Jordi Pujol marcó una época, y seguramente sus políticas han marcado el pensamiento -y los sentimientos- de varias generaciones. Es evidente, ahora bien, soy de la opinión de que su obra debería ser valorada dentro de unas decadas, no hoy. El tiempo necesario para que la pasión y lo inmediato no influya en el analista. Jordi Pujol seguramente estará eternamente agradecido a las personas que se conjuraron para rendirle homenaje. Lógico y humano pero yo, que él, hubiera rehusado un acto de esas características confiando en que la historia me absolvería y no la nostalgia.

2.5.18

¡VAYA PAR!






MASCARELL Y LA CIUDAD



 Ferran Mascarell vuelve con su libretita de notas. Los que le conocen bien dicen que nunca se fue si no que se agazapó. Regresa porque es uno de los trashumantes profesionales de la política. De aquí para allá, de allá para acá. Quizás regresa porque las estructuras de estado que propugnó nunca llegaron a cristalizar, y no hay nada en el mundo más sólido y milenario que las ciudades. Comentan sus valedores y padrinos que quiere presentar este mes de mayo, en el Ateneu Barcelonés, un manifiesto que lleva por nombre: ‘El ideal de una ciudad posible’. Al final se hará realidad esa pintada, escrita en las paredes de las calles del Raval, que reza: ‘No hay público para tantos artistas’. 
Hace tiempo Ferran Mascarell desdeñó la oferta que le formuló el presidente José Montilla para encabezar la candidatura del PSC a la alcaldía de Barcelona. Apenas tres días después, en plenas fiestas navideñas y aun con el carnet socialista en el bolsillo, aceptó el regalo de Artur Mas de convertirse en conseller en un gobierno de la Generalitat. En aquel momento de perplejidad pensé que Ferran había hecho suyas las primeras líneas de un poema de Konstatinos Kavafis. Sí, eran versos que decían:
 “Iré a otra tierra, hacia otro mar/ y una ciudad mejor con certeza hallaré/Pues cada esfuerzo mío está condenado/Y muere mi corazón… 
Y así fue. Mascarell huyó de la progresista y socialdemócrata Barcelona para tomar la ruta de una Ítaca que ha devenido evanescente y llena de desgracias. Recaló en un Madrid sin mar que se le antojó hostil y extraño. Olvidó viejas veleidades internacionalistas. Soñaba con regresar y ser llamado, de nuevo, por la tribu para abordar mayores designios. La cosa no acabó de prosperar y el 155 lo centrifugó sin daños judiciales… Mascarell es listo, culto y leído. No acierto a comprender cómo ha podido obviar los últimos versos de ‘La Ciudad’ de Kavafis, aquellos que dicen:
 “Pues la ciudad es siempre la misma/Otra no busques, no la hay/ni caminos ni barcos para ti/La vida que aquí perdiste la has destruido en toda la tierra”…
 Mascarell el nómada que ha transitado por el mundo político, partidario, editorial, institucional y del ‘wellness’ reaparece. Barcelona no es la Alejandría del poeta Kavafis ni nuestro trashumante se parece en lo literario a Lawrence Durrell. Alguien escribió que Mascarell entendió la ciudad como la polis del conocimiento, pero situada bajo el cielo calcáreo de una patria dispuesta a concebirla como un rehén. Mascarell regresa de Ítaca. En su libretita de notas lleva los apuntes de ‘El ideal de una ciudad posible’. Hay que preguntarse: ¿Posible, cómo las estructuras de estado?

DIJE QUE NO IRÍA Y NO FUI....







EL 1º DE MAYO NO IRÉ A LA MANI 


 Por primera vez en muchos años no iré a la manifestación del uno de mayo. No me duele nada. La artrosis aún me respeta y lo de la bronquitis no es, de momento, un problema serio. Ese día no tengo compromisos ni planes, tampoco obligaciones familiares, pero no pienso desfilar bajo banderas de plástico decolorado ni pancartas pintadas con frases huecas. Estoy enojado, molesto, con las cúpulas sindicales que olvidan lo que es la esencia del sindicalismo de clase y son presa fácil de los cantos de sirena secesionistas. Si alguien insinúa que he cambiado de escudería le diré, con respeto y educación, que yo estoy donde siempre y otros no. La mente no me falla, el estado me paga la pensión y quizás por ello, lo reconozco, veo las cosas claras sin condicionantes. Dicen los entendidos que los sindicatos siguen siendo necesarios para combatir la precariedad laboral y defender los derechos de los trabajadores. Claro que sí, no lo discuto. Ahora bien, cuando las cúpulas sindicales aceptan jalear las reivindicaciones de las viejas élites nacionalistas, olvidando otros objetivos sociales, cometen un grave error de múltiples consecuencias. A saber: fragmentan la unidad de los trabajadores y obvian la factura económica que va a pagar Cataluña tras la marcha de más de tres mil empresas. Las cúpulas sindicales -a sueldo o no de la central- andan escasas de liderazgos capaces de discernir lo que conviene a los trabajadores catalanes. Se han convertido en gestoras desideologizadas en lo social y contaminadas en lo identitario. Están más pendientes de preservar sus privilegios burocráticos, ante la eventualidad de un hipotético cambio político, que no de otras cosas. Hay mucha gente honesta, afiliada a los sindicatos, que merece ser respetada y que se ha indignado ante la manipulación de la que ha sido objeto. La manifestación del día 15 de abril fue la guinda de un pasteleo que ya lleva tiempo gestándose. El tema de las manipulaciones desde la cúspide no es nuevo en el sindicalismo mundial. Émile Pouget, vicesecretario de la CGT francesa entre 1901 y 1908, ya lo constato así: 
 “Los métodos de acción sindicales no son la expresión de un consentimiento de mayorías manifestadas por el procedimiento del sufragio universal. La teoría sindical desdeña la opinión de los ‘inconscientes’: son ceros humanos que se añaden a la derecha de las unidades ‘conscientes’”. 
Muchos sindicalistas catalanes se han visto agregados, con nocturnidad y alevosía, a una aventura que les es ajena. Daniel de León, uno de los fundadores en 1905 del International Workers of the World (IWW), pensador y principal teórico del socialismo y del sindicalismo norteamericano, gustaba comparar a los burócratas del sindicato con los tribunos de la plebe romanos. Decía que aquellos usaban la plebe para conseguir alcanzar la condición de patricios mientras, los sindicalistas de su tiempo, usaban las reivindicaciones obreras para labrarse un futuro personal sin penurias económicas… También Trotsky en 1938, en su Programa de Transición, acuño una tesis en la que sostenía que los problemas de la humanidad se acentuaban por la crisis en la dirección de las organizaciones políticas del proletariado. Ha llovido mucho desde entonces y el mundo ha cambiado, cierto. Las comparaciones son odiosas, sin duda, pero repasar la historia del movimiento obrero podría ser pedagógico para algunos jerarcas sindicales desmemoriados. Si estudiaran un poco sabrían de dónde venimos aparcando a donde nos quieren llevar. Así las cosas, colgaré una bandera roja en el balcón pero… ¡Que desfilen ellos!

24.4.18

COLAU ES UN DESASTRE Y PISARELLO EL ANUNCIO DEL CAOS







LA MALDICIÓN DE COLAU 




Desde que Ada Colau favoreció y permitió la expulsión de los socialistas del gobierno municipal una extraña maldición, a lo Jacques de Molay, se cierne sobre el equipo de la alcaldesa de Barcelona. Los problemas se multiplican, las soluciones no llegan y los despropósitos están a la orden del día. Narco pisos, Top-Manta, inseguridad ciudadana, prostitución callejera…Todo lo indeseable parece crecer en la capital catalana. Los ciudadanos son conscientes del deterioro de su ciudad y de la ausencia de respuestas adecuadas al creciente caos. Esta vez el cabreo del personal no viene fabricado gracias a la lupa mal intencionada de algunos medios de comunicación –eso le paso al hoy añorado Jordi Hereu- sino que es fruto de la observación de lo que acontece, del día a día. La armonía barcelonesa se agrieta mientras la sensación de desgobierno se hace evidente. A los de Colau les falta oxigeno e ideas. 
 No me entretendré en los asuntos delicados y escabrosos de la ciudad, no. Concejales suficientes tiene el municipio para pleitear por los temas. Pero si que, quizás por deformación profesional, me apetece alzar la voz ante el postureo y el revisionismo histórico que han impuesto Pisarello y Colau en Barcelona. La última perla al respecto ha sido insultar la memoria y enviar al desguace la figura del sacrificado, entonces y ahora, almirante Pascual Cervera Topete. Craso error marca de la casa. Revisionismo histórico cutre, soledad política, mala gestión y postureo son las señas de identidad, los rasgos definitorios, del equipo de gobierno de la señora Colau. Puestos a manosear el nomenclátor permítanme una ‘boutade’ antes de concluir este articulo. Los doctos concejales al servicio de la alcaldesa podrían, por ejemplo, repasar el nombre de algunos espacios urbanos susceptibles de provocar sarpullidos entre los demócratas. Que un personaje xenófobo y racista, como Sabino Arana, tenga dedicada una calle debería hacer reflexionar al más ‘Pisarello’ de turno. Y qué me dicen ustedes de aquellos mercedarios, los almogávares, que sembraron el pánico en el Egeo al grito de: Desperta Ferro. Matem, matem! En Grecia aun amedrantan a los niños invocando la venganza catalana. Cambiar el nombre de la calle dedicada a esos soldados de oficio podría ser una sugerencia para los amantes del postureo pijoprogre. Lo mismo digo respecto a quien los capitaneaba, Berenguer de Entenza… Pero claro, como dijo Franklin D Roosevelt: “Son nuestros hijos de puta” y, a esos, ni mentarlos. El revisionismo cutre colauita posibilita que, en un futuro no muy lejano, otros gobiernos puedan tener la tentación de eliminar discrecionalmente nombres de plazas y calles que hoy recuerdan a personalidades como Karl Marx, Pablo Iglesias, Buenaventura Durruti o Ángel Pestaña… ¿Jugamos a eso, a los turnos? 

Que la maldición caiga sobre el equipo de Ada Colau me trae sin cuidado. Lo que realmente me preocupa es que sus efectos colaterales repercutan negativamente sobre la ciudad. Barcelona está mal gobernada; la gestión municipal es cada vez más deficiente, los problemas se enquistan y el funcionariado se desmotiva ante tanta frivolidad. Ahora bien, no se preocupen ustedes en exceso, todo ello se solventa votando sin trampa ni cartón. Mientras tanto: santa paciencia con los narco pisos, el top-manta, las peleas a machete, la participación ‘ful’ y mil cosas más...

20.4.18

NO SON ANGELITOS







LAS MIL Y UNA VIOLENCIAS…


 Con tanto ir y venir de jueces, abogados, fiscales, manifestaciones y detenciones de CDR y demás, se ha puesto de moda escribir columnitas y hablar, por los codos, de terrorismo, de violencia y de un par de cosas más. No son temas novedosos ni exclusivos de nuestro siglo, no. Ya en el evangelio de Juan, sin ir más lejos, se narra que Simón Pedro blandió una espada y cercenó la oreja de Malco. La víctima era un lacayo del sumo sacerdote Caifás. El conflicto lo enmendó Jesús obrando un milagro devolviendo al sirviente su integridad física. Y, puestos a que nos ha dado por la vena bíblica sanguinaria y violenta, también podríamos citar a la hermosa viuda Judith, famosa por su ferviente patriotismo, que decapitó -tras seducirlo- al general Holofernes, para salvar a su ciudad del yugo extranjero… También podríamos citar aquí la ‘violencia revolucionaria de las masas’ que en otras épocas se predicó desde el izquierdismo radical. O la exaltación de la violencia con fines estéticos al estilo Laurent Tailhade, cuando soltó la conocida frase: “Qué importan las victimas si el gesto es bello”. Hay mil y un tipo de violencias en este mundo cruel pero todas, a mi modesto entender, igual de deleznables. 
 Permítanme que les hable de una violencia que no conoce la sangre, que no es física, aunque si dañina para los sentimientos del ser humano. Es aquella que no se ejerce de forma convencional sino edulcorada, casi clandestina. Es aquella que se practica acusando a alguien de ser lo que no es, es aquella que califica al crítico de facha o al discrepante de botifler. Es aquella violencia farisea que abre el acceso a los medios de comunicación, las tertulias o el mundo editorial sólo a los adictos al credo dominante del nacionalismo secesionista. Es también aquella que discrimina a profesores, catedráticos o periodistas por no aplaudir la retórica de la Cataluña ‘oficial’. Cuando se mira con odio o gesto de desprecio al díscolo que cruza la calle, eso también es violencia; cuando, desde el anonimato de las redes sociales, se insulta al tertuliano de turno y el exabrupto aparece en pantalla eso es… ¿Participación con libertad de expresión? ¿Y qué me dicen ustedes de la violencia verbal de algunos capitostes a sueldo del erario público que se atreven a afirmar que ‘estamos en guerra’? Otro calificativo reservo para el acoso a la casa del adversario político, las pintadas agresivas, los cortes de autopistas y carreteras, los agravios a las fuerzas del orden o los atentados contra publicaciones, asociaciones, partidos y entidades ciudadanas no homologadas por los guardianes de las esencias. 
 Por mucho que algunos se empeñen en negarlo mil y una violencias habitan entre nosotros. Algunas son perniciosas y aniquiladoras; otras, la institucional por ejemplo, están supeditadas al control político democrático que emana del estado de derecho. Las de tipología farisaica-clandestina, en cambio, generan fractura social y mucho odio. ¿Acaso no aprecian ustedes la diferencia?

9.4.18

AMARILLO CANSINO...









EL BARÇA Y EL PELIGRO AMARILLO 



Un buen amigo socio del Barça, medio en serio medio en broma, sostiene que el procés es como la carcoma. Sí, ese gusanillo que se introduce en los intersticios de los muebles y horadando, sin tregua, descompone lo que le pongan por delante hasta convertir cualquier madera noble en polvo y astillas. Mi colega, buen polemista, pone como ejemplos de la acción destructiva del procés la desaparición de Unió Democrática, la voladura de CDC, las tribulaciones de los Comuns, la marcha de tránsfugas en el PSC y la permanente inestabilidad política que azota al país. Argumenta que los sindicatos, antaño de clase, tampoco se libran de la voracidad de esta carcoma y, aduce, que ya padecen síntomas de disensión interna tras acomodarse a las exigencias del guión secesionista… Para otra ocasión dejaremos los efectos del carcoma-procés sobre la economía catalana y la cohesión social. 
Los activistas del secesionismo, con sus performances, irresponsabilidades, CDRs y despropósitos varios, lo deterioran casi todo. Y dentro de ese casi todo también están los grandes clubs de futbol del país como son el Barça y el Espanyol. La UEFA está enojada, no se anda con guasas y prepara expedientes. En más de una ocasión ya ha advertido al club azulgrana respecto al uso de simbología política en los partidos de competición europea. El numerito de los globitos amarillos durante el match contra la Roma le puede costar más de un disgusto al equipo de Valverde, la profusión de banderas i pancartas también. El nacionalismo y los fundamentalismos en Europa no gozan de buenas referencias, provocan prevenciones. No vean en mis palabras una intención de laminar la libertad de expresión de los ciudadanos. Nada de eso, lo único que insinuó es que cada cosa debe ocupar el lugar que le corresponde para que el deporte se libere de aquellas gentes que lo utilizan con fines partidistas. El barcelonismo en su sentido más amplio, desgraciadamente, va perdiendo fuelle. La identificación del club que algunos pretenden con el denominado ‘procés’, las esteladas o la broma de los globitos amarillos retrae a muchos aficionados. Amantes del futbol que en el resto de España declaraban públicamente su barcelonismo -y nutrían sus peñas- se han instalado desconcertados en un silencio acomplejado y frustrante. No entienden ni comparten la instrumentalización del deporte y de su equipo por motivos políticos. Algunos me dirán que ‘el Barça es mes que un club’. Cierto, pero precisamente por eso, por su universalidad, no puede dejarse domesticar con fines espurios o partidistas. 
Entre los seguidores de los dos grandes clubs catalanes hay gentes de todas las ideologías, creencias y orígenes. No permitamos que la carcoma haga polvo y astillas de las maderas más nobles. El peligro amarillo no está en los orientales, como querían hacernos creer algunos en el siglo XIX. No amigos, viene de la mano de irresponsables sin rumbo aficionados a las performances secesionistas.

4.4.18

SERPIENTES VENENOSAS





TURBA DE FANATICOS

 No teman, no voy a banalizar nada ni a etiquetar a nadie por sus acciones, palabras u obras. No hace falta. Todo el mundo recuerda quienes eran aquellos que insultaban y perseguían por las calles a los discrepantes, quemaban casas de disidentes y sellaban comercios. Todo el mundo ha leído o visto documentales en los que, enfurecidos fanáticos, agreden impunemente a sus conciudadanos por el simple hecho de no comulgar con un credo determinado. Sí, ya lo sé. Me dirán que todo ello no es actual, que acontecía en un momento histórico preñado de violencia política con vientos de guerra llamando a las puertas de Europa. Me apuntarán incluso, que vivimos en un país civilizado en el que es poco probable que una turba de fanáticos atente contra la integridad y seguridad de personas y de bienes. Reflexionen, por favor. ¿Están ustedes convencidos de que en la actualidad esto es así? 
 Repasemos el tema: A lo largo de las últimas semanas se han producido más de medio centenar de ataques a sedes de partidos y múltiples escraches a diputados, concejales y militantes de base del PSC. Muchas de estas personas han podido comprobar, en propia piel, lo que es capaz de destilar el fanatismo. Pero no acaba ahí el asunto. Los CDR -o los chicos de Arran, como prefieran- han acosado y amenazado al juez LLarena en la Cerdaña al tiempo que la esposa del magistrado era hostigada en su morada habitual. ¿Más? Jafre, localidad de Girona donde Albert Boadella tiene su segunda residencia, ha devenido un muestrario de pintadas insultantes y agresiones contra el dramaturgo presidente de la plataforma satírica Tabarnia. Dejaré para otra ocasión la relación de insultos y percances que padecen diariamente Inés Arrimadas y sus compañeros de Ciudadanos. Algo parecido ocurre con Xavier Albiol y sus colegas de partido, con las cristaleras de Crónica Global o con los insultos que recibe Xavier Rius vía redes sociales… 

La turba de fanáticos de la que les hablo ensucia la democracia, fractura la sociedad, amenaza al personal e impide la convivencia entre ciudadanos de distinto parecer. Estos energúmenos creen que cortando carreteras y ferrocarriles su causa se fortalece sin apreciar que, este tipo de acciones, genera rechazo y engendra violencia en sentido contrario. Ahora se disfrazan de Robin Hood levantado barreras de peajes para hacerse perdonar otros desmanes. Sí amigos, intentaron vendernos una revolución de las sonrisas sin avisar que en el pack se incubaba el huevo de la serpiente. Algunos, ingenuamente, argumentan que nuestro pueblo no es proclive a desbocarse o a dejarse llevar por extremismos varios. Yerran, en casi todos los colectivos humanos habita algún idólatra de la violencia ejerciendo de guerrero despiadado bajo los efectos perniciosos de ideologías extremas. Cataluña no es una excepción. Aquí hay turbas rojas, negras y de camisa parda…
 Hace pocas semanas un reportaje, en este mismo periódico, nos narraba y fotografiaba un acto en Sant Just Devern del Moviment Identitari Catala (MIC) con la asistencia de personas vestidas con prendas militares y una puesta en escena preocupante. Les ahorro a ustedes la transcripción de las consignas, los gritos de rigor y la parafernalia xenófoba y militarista que gastaban estos individuos… Los escamots de Daniel Cardona generaron en su época violencia. La muerte de los hermanos Badia fue un ajuste de cuentas protagonizado por gentes de la FAI que no perdonaron la persecución a la que fueron sometidos por los radicales de Estat Català, etc. etc. La violencia, sea física o verbal, genera nueva violencia… No nos pongamos excesivamente dramáticos, pero la acción de las turbas fanatizadas genera anticuerpos de naturaleza violenta. La historia nos cuenta que, hasta el día de hoy, así ha sido. Resulta del todo incomprensible la ceguera de parlamentarios catalanes que fueron incapaces de votar una resolución condenando la violencia. Triste y preocupante.

25.3.18

CUIDADO CON LAS PALABRAS Y SUS CONSECUENCIAS...




FORCES D’OCUPACIÓ? 



La televisión pública catalana ha retrasmitido un montón de veces los incidentes que tuvieron lugar en los chaflanes lindantes a la Delegación del Gobierno de España en Barcelona. En las imágenes se oía de fondo como un grupo de jóvenes encapuchados, y algún que otro sénior despistado, gritaban hasta la extenuación: ‘Fora les forces d’ ocupació’. Confieso que me inquieta ese eslogan. Lo considero injusto, y es más, creo que contiene una gran falacia que, junto a otras muchas, están poniendo a este país de los nervios. 
Los mossos de escuadra, la guardia civil y la policía nacional son cuerpos de seguridad de un estado democrático, y obedecen directrices emanadas de jueces o de autoridades electas democráticamente. No son otra cosa, cumplen órdenes. Ese insulto-eslogan reproducido hasta la nausea en televisión, más allá de la intención de herir, encierra el embrión de una idea terriblemente perversa. Sí, aquella que en el fondo justifica el recurso a la violencia contra el uniformado al considerarlo ‘ocupante’ y, por tanto, susceptible de ser agredido, capturado o eliminado sin consideración alguna. No lo olvidemos, las palabras tiene su carga emocional y su pólvora. Las policías de nuestro país, todas, están al servicio de la democracia. Nada las asemeja a cuerpos militares o policías de otras épocas y lugares. Algunos de los que han jugado a reescribir la historia a su conveniencia, pretenden ahora fabricar una atmósfera irrespirable vendiendo al mundo que vivimos en un país lúgubre bajo los designios de un puñado de desalmados. Para justificar las acciones de un credo en apuros cualquier excusa es buena, cualquier decisión jurídica o política deviene arbitraria. Oímos predicar que el estado español es autoritario, exterminador y vengativo. Observamos, día tras día, como un puñado de imberbes resucitan a Franco, la dictadura y el estado de excepción. Nos hablan frívolamente de exilio y de presos políticos sin saber de lo que están hablando ni haberse leído el impecable auto -Francesc De Carreras dixit- del juez Llarena. Lamentable tanta ligereza y banalidad argumental. 
Conozco personalmente a Josep Rull y a Turull. Compartí escaño con ellos en el parlamento catalán y deseo, sinceramente, que alguien encuentre una salida feliz a la situación creada. Lo deseo para ellos y también para Cataluña y España. Ahora bien, hago mías unas afirmaciones de la profesora de derecho constitucional, Argelia Queralt, en las redes sociales. Decía: ‘Las personas que ahora huyen decidieron conscientemente desatender el ordenamiento jurídico (incluyendo leyes estatales, catalanas, decisiones del Tribunal Constitucional y los derechos de la ciudadanía. Ahora deberían acatar las consecuencias’… Sí, amigas y amigos, fueron muchas y múltiples las advertencias lanzadas tanto en sede parlamentaria como mediante los mensajes emanados desde el ámbito de la justicia. Hoy urge reparar el desaguisado; de acuerdo, pero eso no se logra incendiando contenedores, ni obstruyendo la vida cotidiana, ni golpeando la economía del país. Ojito pues con romper aun más la convivencia insultando a nuestras policías llamándolas fuerzas de ocupación, calificando de traidores a los discrepantes o llamando a la algarada. Tomen nota pues los agitadores de salón y los guardianes de las esencias. Nuestras fuerzas de seguridad actúan bajo el manto protector de la democracia. Las fuerzas de ocupación a las que aluden solían emplear unos métodos que, muchos de esos pequeño burgueses vociferantes, no pueden ni llegar a imaginar.

22.3.18

NUEVAS INQUIETUDES...






APRENDER DE LOS ANIMALISTAS



 Permítanme, sin que sirva de precedente, que en esta ocasión no les hable del procés y sus penas. No lo haré porque, afortunadamente, hay vida inteligente más allá del parque de la Ciudadela, de la Moncloa y del palacete de Waterloo. Sí amigos, en nuestra sociedad hay multitud de ventanas capaces de oxigenar esta atmósfera viciada que, unos y otros, están empeñados en hacernos respirar. Conviene abrir las cristaleras de par en par y que la corriente se lleve todo lo pestilente, todo lo cansino. 
El día 8 de marzo las mujeres salieron a la calle y una bocanada de aire fresco nos despertó, nos revitalizó. En segundo plano quedaron las miserias de esos que, en Barcelona, Madrid o Bruselas, pugnan por perpetuarse en la poltrona; también se difuminaron las poses esclerotizadas de los pasivos. La marea violeta, aunque sólo fue por unas horas, se apoderó del momento histórico borrando la ignominia de todo lo demás. Soy consciente que movidas, huelgas y manifestaciones como las del pasado 8 de marzo no son soluciones automáticas ni pan de cada día. Lo sé. También sé que otras movilizaciones, como la de los jubilados, tienen distinto recorrido y más cuando los partidos ya han hecho del asunto bandera de combate. Pero permítanme que les llame la atención acerca de una sensibilidad y una preocupación emergente entre la ciudadanía. Dense ustedes una vuelta por cualquier gran librería del país. Observen y comprueben como la oferta de obras, libros y manifiestos sobre el movimiento animalista y la alimentación vegetariana ha crecido exponencialmente. Como es obvio no les estoy hablando de manuales acerca de la cría del canario, ni sobre los cuidados del foxterrier. Nada de eso, les hablo de una corriente de pensamiento y sensibilidad, respecto al mundo animal, que se inserta en la sociedad y que, lógicamente, tendrá repercusiones políticas a corto plazo. Me dirán que en las últimas elecciones generales el animalismo llegó a los doscientos ochenta mil votos, como el PNV, y en cambio en las catalanas el PACMA tan solo obtuvo unos cincuenta mil votos. Cierto, tan cierto como que la polarización de los bloques eliminó las opciones menos ‘combativas’ en beneficio de los polos. Pero todos sabemos que las cosas cambian y que tras la batalla, o con el cansancio, muchos prefieren la opción simpática y no la estresante. 
Creo que es tarea de los políticos detectar las nuevas pulsiones de la sociedad y aprender lo mejor de ellas. El movimiento animalista es múltiple y variado, tanto en sus planteamientos como en la radicalidad de sus propuestas. Plantea temas muy sugestivos acerca del sufrimiento animal, el medio ambiente, la educación y la justicia social. Sería interesante que los próceres de la patria -además de seguir las noticias de los informativos y las paridas de algunos gurús- otearan el horizonte, respiraran nuevos aires y escucharan nuevas voces. 
Decía Paul Éluard que hay otros mundos pero están en este. Descúbranlos por el bien de la humanidad.

13.3.18

EL RIDÍCULO COMO POLÍTICA






¿MARCA CATALUÑA? 




Hace más de un lustro, en los inicios del folletín del procés, muchos de sus activistas y cuadros políticos jugaban a ridiculizar y denigrar la Marca España. Sí, aquella política de estado que tenía por objetivo mejorar la imagen del país en el extranjero y entre los propios españoles. Para los propagandistas del secesionismo, España era sinónimo de ineficiencia, cutrerío, folclore barato y mucha caspa. Ha pasado un cierto tiempo de ello, y si bien es verdad que este país aún adolece de múltiples problemas, no es menos verdad que se aprecian repuntes económicos esperanzadores. La cuestión radica ahora en cómo distribuir equitativamente la riqueza creada en beneficio de los más débiles. Ya hablaremos de ese tema otro día y de forma extensa. Desde que Artur Mas se hizo a la mar, sin brújula ni cantimplora, e inicio la búsqueda de Ítaca el secesionismo ha perdido en ruta marineros, grumetes, radiotelegrafistas y hombres de la sala de maquinas. Las bajas ya son cuantiosas y, a pesar de su reposición por otros elementos, convendrán conmigo que la calidad y solvencia de los recién fichados no es para destacar. La estela dibujada por el navío independentista sobre las aguas es más turbia que bella, lejos de ser blanca rezuma alquitrán, mancha. Pero lo peor de todo ello, ya que hablamos de marcas, es que ha situado el nombre de Cataluña al nivel del banananismo más histriónico y decadente. A cualquier observador imparcial le cuesta entender que, en un estado de derecho como es sin dudas el español, un ex presidente de la Generalitat opte por huir, cual vulgar delincuente, en lugar de echarle épica al asunto y afrontar responsabilidades. A cualquier persona, mínimamente informada, le ha de parecer pintoresca la idea de crear un Comité de la República en el exilio en el seno de la monarquía belga, y bajo la tutela de un partido flamenco muy de derechas. Es más, si para ello fabrican una corte -llamada ‘La del Mejillón- y alquilan un palacete, nada menos que en Waterloo, la ópera bufa ya está montada. Si el que reclama legitimidad para sí, invierte tiempo y energías en denigrar a Europa y al estado español acusándolo de autoritario, recurriendo a fullerías y trampas para perpetuarse en el poder, pierde toda credibilidad. Cualquier analista político que se precie toma nota que en menos de cinco años han saltado por los aires los principales partidos políticos del país hasta desaparecer, o reencarnarse, en una plataforma cesarista sin programa ni ideología más allá del culto a la personalidad. En un lustro han ido a la papelera de la historia presidentes, consellers y diputados que habían ejercido con normalidad su función. Nunca antes cuatro radicales anti sistema habían sido tan eficaces en conducirnos a la nada. Cataluña se ha convertido en el país del paso al lado, de los ex jueces bocazas, del ‘yo no he sido’, las dimisiones por motivos personales y la presentación de libros auto exculpatorios a lo Santi Vila. ¿Es esto la ‘Marca Cataluña’ que estamos dispuestos a tragar? O quizás es más divertido que se nos conozca por nuestro genuino sistema de selección de cargos institucionales basado en la talla del sujetador o las dimensiones del eslip. O por ventura es mejor ‘Marca Cataluña’ una radio y televisión pública más oficialista y sectaria que la antigua Pravda’ repleta de tertulianas vocingleras más papistas que el Papa. Y qué me dicen ustedes de esa policía ‘de país’ que controla la intimidad y el ir y venir de los ciudadanos. 
Basté, Mas y otros reconocen que todo fue un error, una exageración y… ¡Un engaño! Hoy la marca del país se asocia a parálisis, huida de empresas, dirigentes insensatos, parlamentos de mentirijillas y políticos que huyen incluso sin ser reclamados. Aquí ya no hay épica ni sueños de poeta ni viajes a Ítaca y sí un sentimiento de ridículo sin fronteras. Pero tranquilos amigas y amigos, como que aquí todo era simbólico, o sin validez jurídica, la Marca Cataluña también y no pasa nada.

8.3.18

CANCIONES PARA UN 8 DE MARZO Mix del 8 de Marzo - Cover Gal·la

5.3.18

TABARNIA ....






TABARNIA TIENE PODER


 No quisiera ser cruel pero desde los tiempos de Gil y Gil, o de Ruiz Mateos, la política en España no había estado sometida, como hoy, a la extravagancia y al ridículo. Carles Puigdemont ha hecho del esperpento su hoja de ruta. Él y su gente han estirado el procés como si fuera un chicle. Mascan y mascan compulsivamente intentando sacar jugo a una golosina que ya no da más de sí. Se acabó el aroma y también el sabor. La masticación intensiva sólo consigue debilitar aún más las encías de un país que está hastiado de tanta ópera bufa. Puigdemont confesó su derrota, vía SMS, a Toni Comín, pero sigue pedaleando en un intento desesperado por lograr que alguien le cubra de honores y financie el palacete de Waterloo. La Corte del Mejillón que le acompaña prefiere antes un salto al vacío, que no un ejercicio de sensatez. Todos intuimos que el procés está muerto, no así sus epígonos y compañeros de viaje que intentarán una reedición más ‘trabajada’ del mismo. Ustedes me dirán que hay miles de ciudadanos catalanes con chapitas y lacitos amarillos, y que un par de millones votan candidaturas secesionistas; cierto, aunque a muchos de ellos les mueva el sentimiento más que la razón. Aunque muchos de ellos ignoren, o prefieran ignorar, que la economía catalana se debilita por momentos y la sociedad sufre fractura mientras se tergiversa la historia. A pesar de todo convendrán conmigo que los otros somos más, que algo se mueve en este país sin el beneplácito de los gurús independentistas ni de su sectaria y disputada televisión. Recientemente miles de personas se congregaron pacíficamente en Barcelona para darle un corte de mangas al procés. Son ciudadanos saturados por el tema independentista, hartos y cansados de tanta parafernalia patriótica y de tanta agresividad contra el discrepante o el disidente. Cansados de sentirse tratados como individuos de segunda y, en algunos casos, como traidores a no se sabe bien qué, han reaccionado festivamente, han salido a la calle. La respuesta al esperpento nacionalista ya está aquí y ha venido para quedarse. Tabarnia tiene poder y simpatía. Poco importa que la Guardia Urbana diga que eran sólo quince mil; la corriente es de fondo y no ha hecho más que empezar. Tabarnia emplea la ironía y la sátira sana como sus mejores argumentos. Boadella, con la caricatura y la parodia, deja en evidencia la liturgia y el filesteísmo de los próceres del separatismo. Decía Platón: “Muchas veces ayudó una broma donde la seriedad solo producía oposición”. Excelente reflexión la del filósofo, que pario ‘La República’, para partidos y líderes políticos de toda condición.

DE MAL EN PEOR





ESPERPENTOS PUIGDEMONT Y CIA 



Sí amigos, no es menester leer Luces de Bohemia ni repasar la obra de Valle-Inclán. Esperpentos los hay tanto en la creación literaria del ilustre dramaturgo como en la vida cotidiana. Y en la política catalana, desde que el procés habita en ella, abundan por doquier. Si por esperpento entendemos algo grotesco y absurdo que deforma la realidad, hasta convertirla en algo tragicómico motivo de chanzas y rechifla, bastará recurrir a Carles Puigdemont, y su Corte del Mejillón, para recopilar unos cuantos. El último pleno del parlamento catalán volvió a brindarnos un montón de ellos. También nos obsequió con el típico viaje a ninguna parte que prodiga el independentismo irredento. Los secesionistas más conspicuos dicen que conviene internacionalizar el procés para que el mundo civilizado tome nota y se horrorice ante las ‘injusticias reiteradas’ que perpetra el estado español contra ‘la voluntad de un pueblo’. Perfecto, un servidor de ustedes se ofrece voluntario para difundir, urbi et orbe, la praxis y el vocabulario que se gastan los separatistas en general y el ex presidente en particular. Oyendo a Carles Puigdemont hablar de fuerzas de ocupación, represión estatal, colonialismo etcétera, a más de un demócrata europeo se le aparecerá en sueños el bigote de Nicolás Maduro. La promesa al pueblo catalán de una Insula Barataria, en forma de república errante con sede en Bruselas y pagina web, guarda similitud con el timo de la estampita años sesenta. La creación de instituciones paralelas, como el autollamado Consejo de la República, no pasará la prueba del algodón de la credibilidad en una capital donde al funcionariado se le exige unos mínimos de solvencia y eficacia. Se crea un órgano sin saber su función. Las líneas paralelas, por definición, son aquellas que nunca se encuentran. La ficción de unas instituciones en el ‘exilio’ son tan solo un nuevo intento de alimentar el relato victimista que justifica la presencia de Puigdemont y su corte en Waterloo. 

Que se sepa, conviene que se sepa que este prófugo cara dura estira el procés como si fuera goma de mascar para que la comedia dure. Créanme, no hay paso al lado, aspira a volver. Su última huida hacia adelante contiene una trampa pueril: Ungir a Jordi Sánchez como candidato a la presidencia. Puigdemont sabe que eso no es factible, pero la bravuconada le permite prolongar el conflicto con el gobierno central.. Mientras tanto Cataluña vive con el reloj parado, con la economía ralentizada, la sociedad inquieta y la autonomía bloqueada. Puigdemont y sus secuaces ejercen de fabricantes de esperpentos. Empeñados en deformar la realidad han conseguido que lo catalán canse y aburra en casa mientras provoca hilaridad fuera.

27.2.18

¿DONDE VA VICENTE? DONDE VA LA GENTE...






LACITOS E IDEAS DE QUITA Y PON 


Cada uno viste y calza como quiere y como puede. Faltaría plus. La indumentaria, ornatos y aditivos van a gusto del consumidor. Y, en Cataluña, aun más. Nuestra capacidad y gusto por organizar performances multicolores, para ser televisadas y fotografiadas, no tiene parangón. No en balde, Don Miguel de Unamuno nos soltó aquella sentencia según la cual ‘a los catalanes les pierde la estética’. Dicen que esta frase la utilizó con cierta frecuencia y que cuenta con una versión genérica donde los protagonistas son ‘los levantinos’. Quizás convendría, al respecto, repasar las epístolas cruzadas entre el pensador vasco y el poeta Joan Maragall para comprender la esencia del comentario. Gregorio Morán sostiene que el filósofo llamaba benevolentemente estética a la frivolidad. La cosa, seguramente, viene de lejos. No en vano George Orwell, en su ‘Homenaje a Cataluña’, nos narra que en la Barcelona revolucionaria de los años treinta todo el mundo llevaba tosca ropa de trabajo, o bien monos azules, o alguna variante de uniforme miliciano. Duró poco esa simbólica uniformidad, esa estética proletaria. Finalizada la contienda civil las tornas cambiaron y muchos de nuestros conciudadanos cubrieron sus testas con sombrero de ala. Vayan a saber porqué, quizás impactó en ellos el eslogan ‘los rojos no usaban sombrero’ popularizado por la sombrerería Brave, sita en la madrileña calle de la Montera. O la moda… Ya ven, en cuestiones de estética cada uno es cada cual y a un servidor se la refanfinfla si el vecino lleva, o no, lacito amarillo y chapa por convencimiento, moda, inercia o persuasión televisiva. Ahora bien, confieso que me enoja el descaro de Artur Mas cuando - tras un lustro de turbulencias políticas- afirma que la DUI no tenia recorrido legal sino tan solo ‘simbólico y estético’. Me cuesta asimilar como dirigentes políticos, ayer de verbo inflamado, balan hoy ante el juez como inocentes corderitos. No olvidemos que jugaron a ser el lobo feroz. No deja de ser significativo que ‘Las Martas’, usuarias del lacito amarillo hasta en la cama, acudieran a declarar sin él ante el magistrado del Tribunal Supremo. Eso sí al salir, y ante las cámaras y los flashes, el ornato pajizo volvía a lucir en la pechera. Y qué me cuentan ustedes del new look modosito de Anna Gabriel, de su voz dulce y calmada ante los medios de comunicación, de su fuga -innecesaria- hacia la Confederación Helvética.
 El procés ha muerto pero a sus diáconos aun les queda la liturgia del postureo grosero y la estética del mohín: Colau y Torrent no saludarán a FelipeVI con motivo del Mobile World Congress. Patético El periodista Enric Juliana, amante de analogías históricas, publicó recientemente en La Vanguardia una comparativa del 6 de Octubre del 34 y la situación actual. Concluyó Juliana su artículo con una reflexión acerca de las diferencias entre el presente y el 36. Escribe: “Eran otros tiempos… las palabras tenían otro valor, y la política no era una carrera profesional”. En el sainete que nos toca vivir, uno se pregunta: ¿Dónde mora hoy el valor de la palabra, dónde la coherencia con las ideas?
 Y ya que hemos hablado de frivolidades, permítanme la licencia de rememorar aquella tonadilla que cantaba Guillermina Motta, letra de Vázquez Montalbán, que decía: ‘Yo en el amor soy muy ligera, amo a los hombres como si fueran ropa interior de quita y pon’. Lacitos e ideas de quita y pon, excusas, centrifugación de responsabilidades, símbolos huecos y estética frívola… ¿Y la ética? Ni está, ni se la espera.

23.2.18

CONSEJOS INOCENTES A LA COMPETENCIA






YO,QUE ELLOS,JUGARÍA A JORDI CAÑAS






 Jordi Cañas es un personaje peculiar, no pasa desapercibido, no deja indiferente. Su barbita recortada nos recuerda a aquellos diablillos del guiñol que, para goce de niños crueles, recibían palos a mansalva en los espectáculos infantiles. En la vida real, en la de carne y hueso, algunos ‘amigos’ y enemigos, correligionarios y adversarios también, blandieron contra él trancas untadas de brea. Quisieron mancharlo y quemarlo pero no lograron salirse con la suya. La conspiración no funcionó y, limpio de tanta mierda arrojada, hoy cabalga de nuevo para regresar sin ira a la escena política. Él, su familia y amigos estamos contentos porque, a veces, la justicia restituye el honor de los ofendidos y deja la mezquindad de los miserables a la intemperie. Fue una víctima más, como cuenta Ramón de España, del ‘fuego amigo’ y del liquidacionismo. La estética de Jordi Cañas es la de un tipo normal y eso, hoy en día, es un mérito a tener en cuenta. Suele combinar el traje serio con ropa desenfadada sin caer en el pijerío de los modernitos –progres, o no tanto- que han aterrizado en la política. En el Parlament el postureo nunca fue lo suyo, tampoco la camiseta cara con mensajito, ni la retórica alambicada e hipócrita de la cortesía parlamentaria. Habla claro y sin doblez orteguiana. La charla con Jordi suele ser apasionada, diversa, sugerente y no exenta de polémica. Los que le conocemos bien, y compartimos con él escaño y platós de televisión, sabemos que tras la excitación habitual que genera la discrepancia, este hombre supura nobleza y buen rollo. 
Y todo esto lo dice un servidor de ustedes que no es correligionario de Jordi Cañas, pero si un colega que no le retiró el saludo ni la compañía en los momentos duros. Otros lo hicieron. Jordi Cañas, a diferencia de muchos burócratas apoltronados, esta ‘al loro’; lee, se recicla, se interesa por la literatura y la vida cotidiana, recomienda libros y frecuenta tertulias culturales. Aun recuerdo una calurosa tarde de primavera en la que me taladró con las tesis que George Steiner expuso en su obra: Nostalgia del Absoluto... Es más, les diré también que es un tipo valiente, con agallas, capaz de plantar cara en plena calle a provocadores un palmo más altos que él sin arrugarse. 
En resumen: Jordi Cañas es un cuadro político de nivel que, tras estar en barbecho forzado, merece volver a primera línea de combate. Por todo ello van a disculparme ustedes una injerencia en un partido que me es ajeno, que respeto, pero al que me atrevo a sugerir que proponga a Jordi Cañas como alcaldable por Barcelona. A Cañas no le va a gustar mi osadía al respecto; pido excusas por ello, pero les aseguro que sería un buen antídoto contra el aburrimiento colauita y el sermoneo secesionista. Con él en liza el interés ciudadano y el debate estarían garantizados. 
 Aviso a navegantes y apparatchiks zorronglones: Un servidor no ha cambiado de escudería pero yo, que Cs, colocaría a Cañas de candidato.

17.2.18

¿LAZO AMARILLO CABEZA DE GRILLO?








EDUARD, EL OTRO PUJOL 

 Este Pujol no es el del 3%. Tampoco el de la familia unida que reza y se beneficia unida. Éste es otro Pujol, de nombre de pila Eduard y número ocho en la lista que presentó Carles Puigdemont en las últimas elecciones catalanas. Es uno de los pocos apóstoles de obediencia belga que, de momento, no tiene cuentas pendientes con la justicia. Ergo, susceptible de ser aupado, de rebote, a la presidencia de la Generalitat si la operación Elsa no funciona. ¡Ojo! No lo confundan con el propietario de Cunifonts SL, el cunicultor Eduard Pujol, que regenta la explotación con mayor número de mamás conejo de toda Cataluña, más de diez mil. No, el que nos ocupa ha ejercido de periodista-propagandista hasta que Puigdemont llamó a su puerta; hoy, como portavoz parlamentario de JxCat, comparte ruedas de prensa, lacito amarillo y viajes a Flandes con Artadi. Omnipresente en TV3 y CatRadio. ¡Faltaría más! Eduard Pujol Bonell tiene su puntito hilarante, no se lo pierdan. Este diputado novel sostiene, indignado, que le sigue a todas partes un misterioso hombre en patinete. No sabemos si el vehículo en cuestión es eléctrico o va a pedal, tampoco si el espía es Mortadelo o Filemón. Afirma que es hijo del 1 de octubre, que se metió en política a trompazos y como reacción a las cargas policiales de los alojados en el Piolín. Quizás la cosa tenga su guasa, no lo discuto, pero todo el mundo intuye que su hilo argumental nacionalista no es de novicio si no que viene de lejos. Todos sabemos que el cosmos secesionista lleva tiempo colocando agentes, escribas y siervos allá donde le conviene, sobre todo en medios de comunicación generosamente subvencionados. Trabajaba Eduard como jefe supremo en RAC1 hasta ‘la llamada de la patria’… Locuaz y vehemente, el nuevo Pujol, explica que Felipe VI es el rey del 155, que el estado español es autoritario y mil cosas más. Paladín del ‘legitimismo’ carlista propone investir a cualquier precio al ex presidente prófugo, despotrica de Esquerra y no se fía ni de Dios ni de Comín. Preguntado amablemente, por Mónica Terribas, acerca de un as en la manga de cara a la investidura, suelta: ‘No hay un plan A, ni un plan B, ni un plan C, el plan es Puigdemont’… Con esa contundencia, y otras más, Eduard Pujol Bonell hace gala del fundamentalismo político de los recién llegados a la vera del césar huido. Observen el contraste de este individuo enfurruñado con el relativismo, práctico y honesto, de veteranos como Joan Tardà. Se adivina que el osito republicano de la Carrera de San Jerónimo leyó a Salvador Espriu. Eduard Pujol, en cambio, recita la Oda al Dos de Mayo de Bernardo López García. 
 Amigos, a esta Cataluña que se fractura y pena, no le conviene negociadores ni voceros como este hombre de barba cana e hirsuta; tampoco una corte de palmeros y aduladores expertos en echar leña al fuego. Para salir del embrollo es menester flexibilidad, capacidad de seducción, verbo envolvente y mirada confiada. ¿Tienen los Pujol, Turull, Artadi y demás estos atributos glamurosos? La respuesta es NO.

9.2.18

LA SUCESIÓN AGITA LA CORTE BELGA...






ELSA ARTADI, LA MUJER 10 


Es la mujer situada en el número diez en la lista electoral de Junts per Cataluña. Se llama Elsa Artadi. Muchos ya la conocen merced a su sobreexposición mediática en las emisoras soberanistas del país y en la tele del sistema. Diputada, portavoz del grupo parlamentario y lugarteniente de Carles Puigdemont en tránsito permanente desde la Corte del Mejillón a los cenáculos de ‘terra endins’. A la señora Artadi no le duelen prendas. Las suyas no son de mercadillo ni están compradas en Humana. En un oulet de marca quizás sí, no lo discuto. Y es que el abrigo de Elsa, paseado y fotografiado en la manifestación de Bruselas, es de Moncler. Poca broma, su precio en catalogo ronda los 1100 euros. Apostaría doble contra sencillo que no es prestado ni de segunda mano. Total ese modelo, el Orophin, es mucho más económico que el Malus de la misma marca que ya ronda los 1400 euros. Nada que objetar, cada uno gasta su dinero como quiere. Elsa Artadi va y viene de Bruselas constantemente. Su indumentaria debe estar en consonancia con el clima, faltaría más, pero también con el pijerio que se gasta la derecha flamenca y la catalana. La colonia del país en el auto exilio no puede desentonar. Los catalanes somos europeos, casi daneses, amantes del diseño y las vanguardias. Eduard Pujol no da el pego y Elsa, en cambio, sí. 

Dicen que la lugarteniente preferida de Carles Puigdemont es lista, con estudios y doctorados. Cuentan que ideó esa lotería que toca poco, que hemos llamado ‘La Grossa’, y que se mueve, preferentemente, por un barrio ‘bien’ de la ciudad condal. Advierten los entendidos y documentados que puede ser el comodín y la clave que resuelva los enigmas de la investidura… ¡Uf! A un servidor de ustedes, progre impenitente resucitado de cien batallas, no le acaba de hacer tilín ese glamur de zona alta, ni ese afectado entusiasmo que transmite en sus intervenciones públicas como portavoz parlamentaria. Ya sé que es una mujer 10 suficientemente preparada pero sostengo que a los de la corte belga, independientemente de su género, les pierde el aura pija que les envuelve. Sospecho que sus orígenes de clase -siempre Marx en el subconsciente- concuerdan con su ‘posición de clase’ y eso no puede ser bueno para los curritos y el pueblo llano. Afirman los enterados que Artadi se fue y volvió, que levanto ampollas en el PDeCAT, que es el plan B de un sector del secesionismo y lleva adosado un Conseller en Cap para ERC… Y el culebrón sigue ahí, a la espera de la piedra filosofal que cubra las vergüenzas de unos y otros. Patético. 
Muchos articulistas, opinadores de tres al cuarto y políticos de toda condición sostienen con vehemencia que urge recuperar las instituciones y la normalidad estatutaria. De acuerdo, no lo discuto, pero mientras los liantes intentan salir del lio la ciudadanía comienza a preocuparse por el contenido y la orientación política de lo que pueda llegar. Y ustedes me perdonaran pero uno tiene derecho a sospechar que en el terreno económico, político, social, educativo y cultural continuaremos sufriendo la gestión de siempre: la de los usuarios de los Moncler, la de gente con alquileres millonarios, la de los amantes de viajes a cargo del erario público, etc. Así las cosas aunque no se lleve, y ante tanto color amarillo, a los viejos roqueros nos sale un lacito rojo del fondo de nuestra alma zíngara.