El blog d'en Joan Ferran

25.6.18

CREAR UN, DOS ,TRES, MUCHOS BORRELL...






¿QUÉ TIENE BORRELL QUE NO PUEDEN CON ÉL? 



 Los pone a cien, los altera, los encabrona. Despierta en ellos agresividades dormidas, bajas pasiones, ansias de venganza e incontinencia verbal. La ironía socarrona de Josep Borrell los enerva pero, al mismo tiempo, necesitan de su verbo flagelante para escenificar el típico ritual sadomasoquista del victimismo secesionista, el gemido de la queja. QuimTorra, Elsa Artadi, Puigdemont y tutti quanti, saltan como muelles cuando el flamante ministro expone en televisión que la cosa en Cataluña está chunga. Lloriquean en los medios de comunicación. Le acusan de torpedear la convivencia y generar crispación. ¡Cuánto cinismo, cuanta hipocresía! Amarrados a sus lazos amarillos ignoran, u obvian, que en la Universidad de Barcelona no se ha podido hablar de Cervantes, que en Vic es preciso adjurar de las ideas para poder predicar en la calle, que algunos medios de comunicación otros no son tratados con ecuanimidad, que las crucificadas playas catalanas parecen cementerios y que las instituciones viven tapizadas con pancartas y simbología partidista... Josep Borrell les incomoda por lo que puede decir y por lo que puede explicar. Alguno de esos que lo fiscalizan aun se lame las heridas de viejas batallas. Debatir en televisión con él la milonga del 'España ens roba' no sale gratis, marca y no se perdona. Pero quizás, lo que más fastidia a la tropa del independentismo radical, es que Borrell es un catalán de pura cepa, capaz de denunciar 'las cuentas y los cuentos del secesionismo y que su reputación, en Europa, está a años luz de la del president de la Generalitat. Nadie en la UE imagina a Borrell amarrado a un pensamiento xenófobo. Otros tendrán que batallar a fondo para evitar ser asimilados a grupos como la Liga italiana y borrar el testimonio de las hemerotecas. Y es que, amigos, estamos tan acostumbrados al ‘buenismo’ y a la hipocresía parlamentaria que cuando un político de raza, como Josep Borrell, se expresa con franqueza los pusilánimes tiemblan. Incluso algunos de sus correligionarios también lo hacen. ¿No habíamos acordado que en la nueva época convenía decir las cosas tal como son para evitar faroles en el juego del póker, engaños al solitario y equívocos? Alrededor de su figura se han vuelto a derramar toneladas de tinta. Unos le llaman jacobino españolista; otros, caballo de Troya del nacionalismo catalán (sic)…

 Y la cosa sigue. Un servidor de ustedes no les va a vender la moto de que Josep Borrell es un chico maravillas o un príncipe azul, nada de eso y poco de lo otro. Defectos tiene a montones y no los voy a contar. Ahora bien, cuando lo ponen a parir me viene a la memoria un eslogan antiimperialista, coreado en la plaza de la República de la Habana en septiembre de 1960, que decía así: “Fidel, Fidel, ¿Qué tiene Fidel que los americanos no pueden con él?” Aquella canción escrita en los años del bloqueo ha permanecido en la memoria de la gente y aun es tarareada en nuestros días. El líder cubano -con todos sus vicios- fue el paradigma de la resistencia contra el abusón del norte y eso no fue poca cosa… 
Borrell, Borrell ¿Qué tiene Borrell que los secesionistas no pueden con él? Pues muy sencillo, el descaro y las agallas suficientes para explicar y poner de manifiesto el hartazgo de muchos ciudadanos respecto a ese mundo monocolor amarillo y quejumbroso. Borrell es un ejemplo de entereza, es voz y bálsamo para muchos catalanes y, afortunadamente, una advertencia democrática destinada los vividores a cuenta del procés. Y, claro, no pueden con él.

9.6.18

LECCIONES DEL PASADO







SOBRE TORRA Y SUS DANNUNZIANOS




 No, no lo haré. No voy a caer en la frivolidad de trazar comparaciones estéticas y éticas entre los gobiernos de Pedro Sánchez y Quim Torra. No es menester, saltan a la vista las diferencias. No obstante sí que me aventuraré a comentar, aunque sea a vuelapluma, algunos aspectos de sus respectivos relatos políticos. Han sucedido tantas cosas estas últimas semanas, y se han lanzado tantas apelaciones al diálogo, que no está de más repasar algunos pasajes de la historia europea para extraer lecciones del pasado.

 En 1919 unas singulares tropas del ejército italiano ocuparon la ciudad de Fiume. Ubicada en la costa adriática su puerto fue, durante cierto tiempo, una de las salidas al mar de Hungría, como Trieste lo fue para los austriacos. Los ‘Arditi’, cuerpos de élite de la milicia italiana, comandados por Gabriele D’Annunzio -poeta, literato, militar, aviador y aventurero- establecieron allí su república particular a partir del otoño de 1919. Nacía, así, el Estado Libre de Fiume (Stato Libero di Fiume). Ferran Mascarell, como es obvio, no medraba porque aún no había nacido, pero aquellos osados nacionalistas crearon, a su aire, ‘estructuras de estado’. Lo hicieron con bandera tricolor, sellos postales, himno y constitución propia (La Carta de Carnaro) redactada por D’Annunzio y por el sindicalista revolucionario Alceste De Ambris. Su romántica aventura aguantó hasta que la marina leal al gobierno italiano, con un par de cañonazos bien orientados, hizo desistir de su actitud a los rebeldes. Hoy Fiume se llama Rijerka, forma parte de Croacia, pero es sabido que durante muchos años el control político de aquel territorio fue objeto de disputas sangrientas entre los estados hasta 1945. Pero, más allá de las batallas y las curiosidades históricas, fue en Fiume donde Gabriele D’Annunzio sentó las bases, las líneas maestras, de un nacionalismo precursor del fascismo. Muchas ideas y elementos del discurso dannunziano fueron adoptadas poco tiempo después por Benito Mussolini. Gabriele D’Annunzio se encerró en Fiume. Creo para sí, y para los suyos, un mundo a medida, una burbuja irreal y un discurso político-místico que la lógica de los estados se encargo de doblegar.
 Releyendo aquellos pasajes de la historia uno encuentra en las palabras de Quim Torra, y en las del núcleo duro del puigdemontismo, preocupantes similitudes con el pensamiento y la acción dannunziana. Defender una imaginaria república catalana, plantear la viabilidad de una asamblea de electos trashumantes, hablar de crisis humanitaria o disertar sobre futuras e idílicas constituciones está hoy más cerca de las peroratas patrióticas de ‘Il Vate’ (el poeta, profeta de Pescara) que no de nuestro tiempo. De ahí que esté fuera de lugar cualquier comparación entre el nuevo gobierno de Pedro Sánchez y el de Quim Torra. El de Torra es en blanco y negro; el de Sánchez huele a primavera fresca, viste color de esperanza.
 A veces el uso de las palabras delata a los personajes y muestra la verdadera ideología que subyace en su interior. Algo así ocurrió, por ejemplo, en el pleno del Parlament cuando Ernest Maragall remató su arenga de bienvenida a los diputados con la frase. “Este país será siempre nuestro”. Voluntaria o involuntariamente Ernest incorporaba a su corpus doctrinal un elemento troncal de la retórica dannunziana. Cuentan los cronistas de la época que Gabriele D’Annunzio se encaramaba diariamente al balcón de la sede gubernamental para dirigirse a sus incondicionales seguidores. Con gran teatralidad y gesticulación solía hacer siempre la misma pregunta: ¿De quién es la victoria? Y la multitud respondía al unisonó: ¡Nuestra!... El Fiume siempre será nuestro. Hasta que dejó de serlo. El léxico, las propuestas y la praxis de muchos de nuestros secesionistas está más cerca del nacionalismo dannunziano del siglo pasado que no de la modernidad. Aquellas palabras que, a principios de los años veinte, narcotizaron a parte de la ciudadanía regresan para incordio de los demócratas que respetamos las leyes. 
Mientras unos hablan de dialogo otros recurren a conceptos como resistencia, odio o rendición. Mientras Sánchez apremia a Meritxell Batet para que aborde el tema catalán, Puigdemont insulta a Borrell. Empezamos mal o... quizás es eso lo que interesa a los dannunzianos catalanes.

TAREA DE TITANES...




‘S’ DE SÁNCHEZ, NO DE SÍSIFO



 La mitología griega es extraordinariamente prolija en historias, aventuras y mitos. Cuenta la Odisea que Sísifo, rey de Efira, hijo de Eolo y de Enerote, tras una vida azarosa y plena de vicisitudes fue castigado por los dioses a arrastrar una gran piedra hasta la cima de una montaña, y cuando casi estaba llegando a la cumbre, la piedra rodaba y volvía al llano. El pobre Sísifo debía de nuevo reiniciar su trabajo de arrastre y emprender de nuevo el camino. A Pedro Sánchez algunos barones endiosados le condenaron a arrastrar su piedra particular, empezar de nuevo desde la base y subir y subir lentamente si pretendía alcanzar la cumbre. Él no se arredró, y con el ánimo, y el cobijo de otros muchos, coronó contra pronóstico las primarias y los congresos del socialismo español. Sí, es cierto, ha sobrevivido con baja dieta fotográfica dada su ausencia como parlamentario pero, tras el desierto comunicativo, retomó la piedra de la moción de censura hasta colocarla exitosamente en la cumbre. Sánchez ha logrado desalojar del poder a un presidente hierático y a su corte conservadora. 
A Pedro Sánchez lo van a torpedear desde el primer respiro. Toneladas de tinta negra caerán sobre su persona, le silbaran los oídos hasta en sueños. Lo harán sin piedad, con las exigencias difíciles de satisfacer, los populistas. Lo harán socios y adversarios pidiendo de inmediato, como ha hecho Quim Torra con desfachatez, imposibles. Tengo la certeza de que todo ello está presente en la mente y los planes del nuevo presidente y sus colaboradores. Tiempo habrá para tomar prevenciones y enmendar entuertos pero quizás, lo más importante hoy, sea constatar con alegría el fin de una etapa y el comienzo de otra. Albert Camus escribió en 1942, partiendo también del mito griego anteriormente comentado, un ensayo filosófico. Lo título: ‘Le Mythe de Sisyphe’ y abre la obra con esta cita de Pindaro: “No te afanes, alma mía, por una vida inmortal, pero agota el ámbito de lo posible”. Feliz idea esta de agotar el ámbito de lo posible.

2.6.18

QUE LA RABIA NO LES TAPE LA RAZÓN






NI FRANKENSTEIN NI NOSFERATU



 Amigo lector, usted podrá simpatizar, o no, con Pedro Sánchez; le parecerá correcta o, por lo contrario, improcedente su actuación en el Congreso de los Diputados en la presentación de la moción de censura. Da igual, eso a estas alturas de la película importa poco. Pero seguramente coincidirán conmigo en que el dirigente socialista estaba obligado a procurar la salida del gobierno de Mariano Rajoy. Nadie, salvo algún interesado de excepción, hubiera entendido que un opositor político desperdiciara la ocasión. Una sentencia tan clara y contundente como la de la Gurtel no podía ser desaprovechada. Su potencia comunicativa y generadora de opinión entre la ciudadanía devenía un herramienta útil para desalojar de la Moncloa a cualquier adversario político. Pedro Sánchez estaba obligado a intervenir más allá de otras consideraciones. De no haber sido así, hoy, los medios de comunicación y sus competidores políticos estarían tildando al socialista de falto de iniciativa, melifluo y cobarde. Sánchez hizo lo que tenía que hacer por imperativo histórico. Dicho esto, permítanme que me refiera a la tromba de artículos y opiniones que afirman que el nuevo presidente ha pactado cosas inconfesables, monstruosas, con separatistas y golpistas. No es cierto, mienten como bellacos. La ira de todas las fuerzas políticas contra la arrogancia del PP es la que ha facilitado la votación unánime que le ha costado el cargo a Mariano Rajoy. Tanto Ábalos como Sánchez dejaron claro en sendos discursos su enfoque: ningún pacto subterráneo fuera de la Constitución, ninguna broma con la unidad de España. La apelación al diálogo formulada por Sánchez es poliédrica, va desde un PP hasta el grupo parlamentario más minúsculo de la cámara. Mal iríamos si un candidato a la presidencia del gobierno de España negara de antemano la posibilidad de hablar, aunque fuera con el propio diablo.
 No me hagan recordar ustedes etapas pretéritas de nuestra historia en las que algunos calificaban a ETA -obviando su carácter terrorista- como un movimiento de liberación nacional y abogaban por dialogar con ella. A Sánchez le van a dar bofetones a diestro y siniestro, le acusarán de haberse vendido al populismo de Podemos y al racista catalán de turno. Por favor, no seamos tan simplistas en los análisis. Sánchez hizo lo que tenía que hacer y sus “perjudicados” van a levantar todo tipo de miserias habidas y por haber para tomarse la revancha. Ambas cosas deben ser tenidas en cuenta, pero quizás, lo más importante a día de hoy, es que ha acabado una etapa y empieza otras con grandes retos. Tiempos los que vienen que deberán estar cargados de paciencia, responsabilidad y comprensión, porque en este país las cosas no han dejado de ser complejas. Por favor, no nos hablen de Frankenstein ejerciendo de Nosferatu, no procede.