El blog d'en Joan Ferran

22.11.22

Pablo Milanés - Yolanda (En Vivo Desde La Habana, Cuba)

15.11.22

TIEMPOS DIFICILES

 

EL EQUILIBRIO 





 Tenemos tema, por lo menos hasta fin de año. Diseccionar la sedición y sus consecuencias da para mucho. Además, se da la clásica paradoja de que polos opuestos de la política española coinciden en corear las supuestas maldades, traiciones o inconveniencias de los cambios legislativos apuntados por el gobierno de Pedro Sánchez. VOX, Junts, la CUP, el PP y sus habituales grupos mediáticos de soporte estan empeñados en vendernos futuros imperfectos. Viendo el cariz que toman las cosas, me reafirmo en la idea de que a este país le falta una buena dosis de sentido común y le sobra milenarismo. Le sobra el populismo antipolítico que destila Carles Puigdemont desde Waterloo; le sobra el ‘ayusismo’ en vena que se inyecta Núñez Feijóo cada vez que ha de tomar decisiones. ¿Y qué le falta a Cataluña, me preguntarán ustedes? Pues al govern de Pere Aragonès le falta tomar conciencia de que con treinta y tres diputados no se llega a Ítaca; a Oriol Junqueras, interiorizar que el verdadero patriotismo consiste en procurar lo mejor para tus conciudadanos. Y eso, a efectos prácticos, pasa por aprobar con diligencia los presupuestos de aquí y de allá. Ya no hay tiempo para más dilaciones. La zozobra del independentismo -sus peleas intestinas- ni puede ni debe llevarse por delante los intereses de todo un país. Los catalanes estamos escarmentados. Nos vendieron un eufemismo llamado ‘derecho a decidir’ y todo se complicó. Nos aseguraron un camino de rosas hacia la perfección, con el beneplácito y el reconocimiento de la comunidad internacional, y éste jamás llegó. Nos garantizaron que el Estado se arrugaría ante el tremolar de las banderas al viento y aterrizó el 155. Nos dijeron muchas cosas y se equivocaron. Y, a pesar de aquel conjunto de premisas falsas, aún hay políticos que miran hacia atrás con orgullo incapaces de pedir perdón por el desaguisado que organizaron. No son conscientes de que su tropa, su ‘sujeto histórico’ usando terminologia marxista, ya no está preparada para la unilateralitat; tampoco las ‘multitudes’ procesistas, parafraseando a Toni Negri y Michael Hardt, están dispuestas a una revolución de las sonrisas que hoy provocaría carcajadas. Urge regresar al sentido práctico de la acción política. Combatir la inflación, garantizar el poder adquisitivo de los ciudadanos, reforzar las políticas sociales y trabajar por el diálogo y la concordia deviene fundamental. Ante la actual situación ambiental, econòmica y social, algunos políticos han creído que echar mano de las emociones les es más rentable electoralmente que ofrecer un programa político riguroso y solvente. Craso error, confunden el ruido mediático con los niveles de aprobación, entre la ciudadanía, de su gestión. Lo cuentan las encuestas y lo ha certificado recientemente el CEO. El ciudadano, harto de tanta parafernalia simbólica y trifulca cainita, se decanta por actores políticos que hacen bandera del diálogo y el entendimiento. Prefieren un discurso ponderado y equilibrado a otro estridente o descalificador. Quizás por eso Salvador Illa y el PSC salen reforzados en los últimos sondeos, ERC resiste como pago a su pragmatismo, Yolanda Díaz cae bien, Junts se desliza hacia los márgenes y Ciudadanos se extingue. En el ámbito municipal barcelonés, ante el postureo exagerado de Ada Colau y la falta de frescura de Ernest Maragall, Jaume Collboni da muestras de un equilibrio vertebrado sobre principios sólidos pero ajeno al ideologismo de sus competidores. Cuando se adivinan tiempos difíciles y complicados el populismo gana terreno pero, por fortuna, el equilibrio también se cotiza al alza. Primer round, en mayo.

MOVIDAS Y MÁS MOVIDAS----

 

LA METAMORFOSIS DE LAS PLATAFORMAS

 Las plataformas políticas se constituyen , crecen y, si no implosionan, se transforman. Sirven de trampolín para ambiciones personales, de banderín de enganche para almas inquietas o de divertimiento para ociosos. Las hemerotecas pueden dar fe de ello. Corría el año 1999 cuando la plataforma cívico-política Ciutadans pel Canvi irrumpió en la escena electoral, para dar apoyo a la candidatura de Pasqual Maragall a la presidencia de la Generalitat. Poco tiempo después se presentaría en coalición con el PSC en unas listas electorales conjuntas y obtendría un buen numero de escaños. Tras una década y un montón de vicisitudes, se disolvió la plataforma y algunos de sus miembros anunciaron su adhesión a un grupúsculo denominado Nova Esquerra Catalana. Más fresco en la memoria tenemos el caso de Podemos. Un movimiento agregativo de distintas sensibilidades de izquierdas -con liderazgos singulares como Pablo Iglesias e Iñigo Errejón- que cumplidos más de ocho años desde su creación se ha convertido en un partido más. El ejercicio de responsabilidades institucionales obligó, en este caso a los activistas antisistema de antaño, a repensar los temas y obrar en consecuencia. Para ellos, quizás lo más importante, fue dilucidar sobre qué armazón organizativo sustentar y justificar la gestión gubernamental asumida tras el resultado de las urnas y los pactos con los socialistas. Dicen los politólogos que Unidas Podemos, y sus sucedáneos, se han convertido en partidos como los demás, con una militancia de corte clásico, con cuotas y reglamentos. Unas formaciones en las que dirigentes como Ada Colau y sus colegas, ya no estan sometidos a la limitación de mandatos ni a una disciplina salarial. Ya ven, la metamorfosis en el patio político de la izquierda también existe. La vicepresidenta y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz, nos propone una plataforma política de ámbito español de tendencia progresista: Sumar. Nos cuenta que este proyecto ciudadano, aún en fase embrionaria, tiene como objetivo organizar la esperanza. Pero, de momento, lo que ha conseguido es que la vieja guardia podemita, Juan Carlos Monedero y Pablo Iglesias, hayan tocado a rebato para impedir ser fagocitados como organización por la camarada Díaz. Por cierto, si las cosas se complican en la ‘esquinita’ de la izquierda, no les extrañe a ustedes que Sumar no llegue jamás a superar la fase larvaria. ¿Más plataformas? Sí. En la misma semana otoñal en que los restos del teniente general Gonzalo Queipo de Llano salían de la Basílica de la Macarena en Sevilla, Macarena Olona presentaba en Madrid una plataforma destinada a combatir “la ideología criminal de género’’. Al igual que la vicepresidenta Yolanda Díaz, la señora Olona piensa recorrer las tierras de España para difundir su credo. La ex diputada de VOX quiere recoger el medio millón de firmas necesario para que su Iniciativa Legislativa Popular (ILP) pueda ser sustanciada en el Congreso de los Diputados. Añora regresar al hemiciclo y soltar una arenga capaz de turbar a Santiago Abascal. Arguye que su objetivo es derogar la vigente ley de violencia de género y la futura ley Trans. Dicen que Macarena se ha inspirado en los métodos y las tesis que han llevado a Giorgia Meloni a vencer en la elecciones italianas con su ‘Dios, patria y familia’. Ahí se equivoca la alicantina, no tiene en cuenta que su idolatrada Giorgia ha entrado en fase crisálida, quiere ser mariposa vistosa, y ya se ha paseado por Bruselas para tranquilizar a las instituciones comunitarias. Lo comentamos todos hasta la saciedad, el quehacer de los políticos está cuestionado y es loable todo aquello que fomente la participación del ciudadano en la cosa pública; de acuerdo, pero con tiento, sin frivolidades y fuegos de artificio. Cuando Michel Rocard abandonó la dirección del Partido Socialista francés (1994) formuló esta reflexión acerca de la política y sus instrumentos: ”Las divisiones reales en pocos casos nacen de las ideas, sino de las ambiciones, nostalgias y segundas intenciones”. ¿Plataformas? Quizás sí, pero solo las justas y necesarias para no confundir al personal.

SIEMPRE IGUAL CON TV3

 

¿CIEN MILLONES MÁS? 



 Hay refranes rebosantes de sabiduría popular. Entre ellos, el clásico ‘Ante el vicio de pedir, la virtud de no dar, me parece insuperable. Este aforismo se ha convertido en un método infalible de autoprotección contra los abusos y el lloriqueo, un antídoto eficaz contra el ‘quien no llora no mama’ tan en uso en este país. El dicho que les comento viene a cuento porque Rosa Romà, la presidenta de la Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals (CCMA) ente gestor de Catalunya radio y TV3, pidió en sede parlamentaria al govern de Pere Aragonès una aportación extra de 100 millones de euros para su corporación. La peticionaria sostiene que la televisión y radio públicas catalanas necesita más recursos para poder funcionar correctamente. Ante la mirada displicente de unos cuantos diputados la señora Rosa Romà recitó un repertorio de viejas y conocidas consideraciones. No faltó la llamada patriótica a la consolidación, difusión y defensa de la lengua catalana, las críticas a una supuesta infrafinanciación crónica del ente, o la urgencia de blindarse ante la competencia feroz de otros medios de comunicación públicos y privados. En las palabras de Romà los parlamentarios no hallaron el menor atisbo de preocupación respecto a la delicada situación económica generada por la guerra de Ucrania, a la necesidad de ajustarse el cinturón o de limitar el gasto y los emolumentos de algunas de las ‘estrellas’ mediáticas. Todo parece indicar que a los mandamases de la CCMA les parece lógico y normal plantear un incremento de subvencion pública superior al 25%, sin pasar antes el corta césped por su jardín. Pero más allá de este aspecto, llamémosle financiero, cabe preguntarse si como servicio público a toda la ciudadanía merecen lo que piden. Sinceramente, creo que no. Hace unos meses algunas almas cándidas creyeron que era posible el cambio en la dinámica de la radio y la tele pública catalana. Lamentablemente no ha sido ni es así. Continua primando un determinado sesgo ideológico descaradamente independentista en los informativos, en la selección de los tertulianos y en la parrilla de titulares. Continua usándose un léxico y un humor ofensivo, impropio de una radio y televisión pagada por todos. Nadie se disculpa por nada, la impunidad de los groseros continua y se acuerdan negocios audiovisuales millonarios con magnates opacos. Rosa Romà, tras su carta a los Reyes Magos en la comisión de control parlamentario, concluyó diciendo:"Esperamos que el nuevo proyecto de la CCMA sea un proyecto que se haga suyo el Parlamento y que sea un proyecto de país". Mucho cuidado señor Salvador Illa, y señora Jéssica Albiach al negociar los presupuestos de la Generalitat con los contables de Pere Aragonès, el tema de los medios de comunicación contiene una trampa saducea. Las izquierdas han ejercido de ‘pagafantas’ ingenuos en más de una ocasión y sería deprimente que volviera a suceder lo mismo. No quiero parecer un aguafiestas, pero para que eso tan bonito que pide la presidenta de la ‘Corpo’ sea factible, es imprescindible visualizar un cambio en las formas y los contenidos de TV3 y Catalunya Radio. No basta con un reparto de sillones en el Consejo de Administración de la CCMA. O se avanza por un camino con mayores cuotas de objetividad y pluralidad política, o que pague la juerga el millonario trotskista. Jaume Roures.

IBERIA

 

IBERISMO PRÁCTICO 

 Por mucho que les pese a Alberto Nuñez Feijóo, y a su vocera Cuca Gamarra, los Presupuestos Generales del Estado han cruzado su Rubicón particular. Lo de la ‘excepción ibérica’ funciona y la conexión energética de la península con el sur de Francia también promete. Aquellos que dicen que Pedro Sánchez es un político casado con la suerte, deberán reconsiderar ese criterio tan poco científico. Algo debe hacer bien el presidente del gobierno español cuando tantas cosas le lucen. Valga, como ejemplo puntual de lo que planteó: la coordinación y alianza en la Unión Europea de España y Portugal. A nadie se le escapa que la amistosa imagen fotográfica de Antonio Costa y Pedro Sánchez en las portadas de la prensa, recupera las esencias de un cierto sentimiento iberista subyacente en la historia de ambos países. El iberismo tuvo su prédica a finales del siglo XIX, en pleno apogeo de los movimientos de unificación nacional que se producían en otras partes de Europa. En nuestro país estuvo asociado principalmente a las ideas del republicanismo progresista y federalista. El proyecto de una Iberia unida pasó por infinidad de altibajos y vicisitudes. Sobre la mesa de discusión aparecieron propuestas de unión que iban desde la unificación monárquica del diplomático español Sinibal de Mas y Sanz, a la federación republicana ibérica del presidente de Francesc Pi i Margall, pasando por la integración de naciones del presidente portugués Teófilo Braga o, la Confederación de Repúblicas Ibéricas del presidente de la Generalitat Francesc Macià. Incluso el anarquismo militante, la FAI, incorporó a sus siglas la referencia ibérica. También algunos grupos de izquierdas como el POUM, predicaban la necesidad de avanzar hacia una Unión de Repúblicas Socialistas Ibéricas. Pero el iberismo también contó con la simpatía de una nutrida lista de notables en la que se encuentran, por ejemplo, el general reformista portugués Latino Cohelo, el primer ministro luso Costa Cabral o el escritor Fernando Pessoa. En España, con todas las prevenciones y matices que se quieran, tenemos al político liberal Juan Álvarez Mendizábal, al escritor Sixto Cámara, al general Juan Prim, al presidente Emilio Castelar, e incluso Miguel de Unamuno. Celebramos este año el centenario del nacimiento del gran pensador y humanista luso José Saramago. Un escritor empeñado en transmitir a sus lectores humanismo y conciencia solidaria, pero también un defensor convencido de un iberismo de nuevo cuño. Entendía el iberismo como la oportunidad de sustituir a los nacionalismos defensivos por la ciudadanía racional y responsable. A los gerifaltes del nacionalismo catalán más irredento, Laura Borràs y Oriol Junqueras, no les iría nada mal una lectura comentada del ‘Ensayo sobre la lucidez’ . Sobre lucidez e iberismo nos dejó una buena muestra en el prólogo, al libro de Cesar Antonio Molina :’Sobre el iberismo y otros escritos de literatura portuguesa’. En el que se pregunta y se responde a sí mismo: “¿El iberismo está muerto? Sí ¿Podremos vivir sin iberismo? No lo creo”. En el iberismo práctico de los presidentes de España y Portugal se encuentran, quizás sin pretenderlo, algunas de las claves para avanzar en una mayor integración e interrelacion de los pueblos de la península. Los proyectos comunes y las necesidades, unifican criterios y ablandan sectarismos. Pere Aragonès se apresuró en aplaudir la prometida conexión energética entre Barcelona y Marsella, el president de la Generalitat seguramente vió en ella mucho de iberismo práctico, poco de ‘táctico’.

19.10.22

LA CUCARACHA VA A TOPE

 

                                                           MARIHUANA 
 Sin las herramientas adecuadas se puede hacer un trabajo correcto y aceptable, sin duda, pero rara vez se logra la excelencia. Y ‘excelencia’ es una palabra que con demasiada frecuencia está en boca de nuestros políticos para vendernos la bondad de su gestión. El presidente Jordi Pujol solía utilizarla cuando quería poner en valor la acción de su gobierno, en la actualidad el término parece  estar en desuso. Si ustedes repasan las noticias de los últimos meses, podrán comprobar la exitosa labor de los cuerpos de seguridad decomisando alijos de droga y localizando plantaciones de marihuana. Pues bien, llegan avisos de que el eficiente trabajo del cuerpo de los Mossos d’Esquadra corre el peligro de morir de éxito. La falta de recursos y condiciones de almacenamiento ha devenido un obstáculo para lograr la tan ansiada excelencia. Dicen los expertos que Cataluña se ha convertido en uno de los mayores productores de hierba de Europa. Son tantas las toneladas de marihuana decomisadas, tantos los restos vegetales acumulados y tantas las plantaciones a desmantelar, que la gestión de lo aprehendido genera problemas en la actividad cotidiana de la policía. ¿Soluciones? Las hay: O los jueces autorizan la destrucción y quema de lo incautado, o la Conselleria de Interior pone en funcionamiento un silo gigante y protegido para custodiar lo confiscado. Los mossos desean seguir cosechando éxitos, pero no morir de él. A la cucaracha de la canción ya no le falta marihuana para caminar. ¡Le sobra!

ME QUEDO EN LA CAMA IGUAL

 




SOBRE LAS FIESTAS NACIONALES






 No lo interpreten como un intento de laminar la libertad de expresión. Nada de eso. Pero viendo el tono agresivo de las cosas que ocurren en nuestro país, creo que toca reflexionar. Conviene hacerlo con urgencia sobre los grandes temas económicos, jurídicos y sociales; cierto, pero también acerca de los eventos, liturgias y simbolismos varios que nos conciernen como ciudadanos. Asuntos estos últimos considerados como menores, pero importantes para garantizar la convivencia. Hace apenas una semana el presidente Pedro Sánchez fue abucheado por un sector del público cercano a la tribuna de autoridades, dispuesta para presenciar el desfile de las Fuerzas Armadas del 12 O. El pasado mes de septiembre, con motivo de la celebración de la Diada, Pere Aragonès y su séquito fueron recibidos con insultos y descalificaciones. Los que vociferan e increpan a políticos están ejerciendo uno de nuestros derechos reconocidos democráticamente; de acuerdo, pero instituciones, partidos y gentes sensatas deben saber deslindar lo que es solemne, de lo que es la brega política de todos los días. Lo que de forma recurrente sucede todos los 12 O y los 11 S no es de recibo mande quien mande. Tanto una jornada como la otra tienen, al menos en teoría, un carácter festivo que no debería perderse ni malbaratarse. Los movimientos sociales, sindicatos, partidos y ciudadanía en general poseen foros suficientes para hacer oir su voz y canalizar sin límites enfados o protestas. Cuando en 1892 la reina regente María Cristina de Habsburgo, a propuesta de Antonio Cánovas del Castillo, mediante decreto declaró fiesta nacional el 12 de octubre, lo hizo para rememorar el descubrimiento de América. Ignoraba, como es obvio, que esa jornada se iba a convertir en el Dia de la Raza y que, posteriormente, de la mano de Zacarías de Vizcarra y Ramiro de Maeztu sería llamada de La Hispanidad. Fue en 1987 que se estableció como día de la Fiesta Nacional de España archivando anteriores consideraciones. No obstante, creo que ha llegado el momento de repensar los contenidos, el formato y los rituales de las ‘Fiestas Nacionales’. Y no solo para que dejen de ser una pasarela de políticos sometidos al insulto y el escarnio, sino también para reflexionar sobre la apropiación indebida de banderas, símbolos e himnos. Ni la españolidad, ni la catalanidad es patrimonio de unos pocos escogidos. Cada uno la vive, la siente y la celebra a su manera. El vicio de estigmatizar a los adversarios, achacándoles escaso fervor patriótico, lo practican a granel tanto los independentistas más irredentos como la derecha española más montaraz. Se da incluso el caso de que algunos que van de liberales (pienso en Carlos Carrizosa) en lugar de solucionar sus cuitas se entretienen en investigar quien acude, o no, a una manifestación. La ministra de Defensa Carme Chacón planteó en su época la necesidad de repensar los rituales del 12 O. El president Pasqual Maragall intentó lo mismo con la Diada tras contemplar con estupor, un 11 S, como un grupo de descerebrados amenazaba de muerte a militantes del PP. Pero el tema de fondo sigue siendo la apropiación en exclusiva que pretenden algunos de algo -etéreo si se quiere- que pertenece a todos. Si los sentimientos, los símbolos y banderas pasan a constituir patrimonio de parte, tenemos un problema serio en Cataluña y España. En ese caso que a nadie le extrañe oir a más de un hastiado tararear ‘La mala reputación’ de Georges Brassens, en versión de Paco Ibáñez, la que dice: “Cuando la fiesta nacional yo me quedo en la cama igual”

JUNQUERAS ES LA BORRÀS DE ERC

 

ANÍBAL JUNQUERAS 



 Lo confieso, me inquieta la oratoria sacra que emplea Oriol Junqueras para intentar dejar a los socialistas catalanes fuera de juego. Predica, siempre que puede, desde un púlpito abarrotado en el que no faltan personajes heridos por la historia y el paso de los años. Lo hace mirando a la gradería, esbozando una sonrisa burlona, agitando los brazos, moviendo verticalmente las palmas de las manos. Me inquieta porque el país no está para bromas, venganzas y ajustes de cuentas. Conviene que los políticos catalanes reflexionen acerca de lo que implica la fuga de Junts del Govern, y que lo hagan pensando en un horizonte colectivo situado más allá de la fría aritmética parlamentaria. Procede sumar y no trazar lineas rojas, toca buscar puntos de acuerdo mínimos y no diferencias. Me molestan esas lineas rojas que dibuja el presidente de ERC porque son similares a las que, con idéntica intención, utiliza la derecha española en el Congreso de los Diputados respecto a nacionalistas e independentistas. Cuando Junqueras pide con vehemencia ‘ayuda’ a los agentes sociales, económicos o culturales para afrontar los retos de la sociedad catalana, obvia que son precisamente esos agentes los que reclaman diálogo sin vetos. La actitud del republicano no facilita la tarea de un Pere Aragonès que necesita dar estabilidad al Govern, mostrarse ante la ciudadanía como un gobernante que se preocupa por la gestión de lo cotidiano y acallar la lírica destructiva de Laura Borràs. Me inquieta el discurso afectado de Oriol Junqueras porque veo en él la reencarnación, en pleno siglo XXI, de la leyenda de Aníbal Barca. Sí, de aquel niño de nueve años que llevado por su padre al templo de Baal, ante la estatua de Moloch, juró solemnemente ‘odio eterno a los romanos’. En el caso del dirigente republicano ese odio jurado tendría como destinatario -quiero suponer- ese socialismo catalán que aplaudió su encarcelamiento pero no su indulto. Puro personalismo el suyo, poco recomendable para políticos que aspiran a ser transversales. Algunos creen que, más allá de la lógica competencia política entre partidos, en Junqueras anida rencor personal. Un sentimiento generado tras su desalojo de la alcaldía de Sant Vicenç dels Horts y que aflora sin rubor siempre que el auditorio lo permite. Si bien es cierto que la empatía entre líderes facilita las cosas, no lo es menos que los apriorismos viscerales las dificultan. Pere Aragonès necesita oxígeno y de su habilidad como negociador depende el futuro de la legislatura. Ante sí no tiene ni la hostilidad de una Jéssica Albiach con hambre de gobierno, ni el veto de los socialistas de Salvador Illa. Ambas formaciones de izquierdas han interiorizado que el momento histórico en el que les toca actuar precisa salidas y estabilidad, acuerdos y no parálisis gubernamental. Incluso Pedro Sánchez se ha manifestado en el mismo sentido que la izquierda catalana. La cercanía de las elecciones municipales complica los temas; cierto, pero seguramente de la actitud de los actores políticos dependerá la participación ciudadana y el resultado de los comicios. Que Oriol Junqueras, como entretenimiento y relax, juegue a hostigar a sus adversarios políticos no ha de impedir que el president de la Generalitat asuma su responsabilidad institucional como es debido. Pere Aragonès mostró firmeza ante Junts, ahora toca finezza con el resto. Puestos a pedir, como sugerencia y aprovechando la formación de un nuevo ejecutivo, quizás sería oportuno abrir el diálogo del Govern con todos los grupos parlamentarios catalanes, intercambiar opiniones, pactar unas reglas del juego educadas y ‘arreglar’ la presidencia del Parlament. Si el president de la Generalitat ha descolgado el teléfono para llamar a Quim Nadal, Campuzano y Ubasart nada le impide hablar con todos los demás sin apriorismos. ¿Es demasiado pedir?

20.9.22

LAS TRIBULACIONES DE PERE ARAGONÈS

 

PERE, MOU FITXA !



 Hay quien dice que en las relaciones de pareja, lo que preludia una ruptura dolorosa no es la falta de amor si no la ausencia de respeto. Me dirán ustedes que algunas de esas relaciones rotas perduran por el qué diran, los intereses y propiedades compartidas o el miedo al futuro. Cierto, pero cuando falta el respeto entre las partes se abren las puertas del adiós definitivo, del desprecio e incluso del odio. Las noticias que nos llegan desde el Govern de la Generalitat, a las puertas del debate de política general, no auguran nada bueno para los catalanes. Se da la paradoja de que, institucionalmente hablando, tanto Salvador Illa como Jéssica Albiach se muestran más considerados y respetuosos con Pere Aragonès que el vicepresidente Jordi Puigneró. Cuando las luchas por el poder llegan hasta el tuétano de los que comparten, aunque sea en apariencia, objetivos estratégicos, el ciudadano no entiende nada y desconecta. Las peleas constantes entre los miembros del ejecutivo catalán son también una falta de respeto hacia una ciudadanía que desaprueba la bronca y anhela soluciones. Soluciones que van más allá del empecinamiento de consellers y líderes en stand by , preocupados por la ’Dirección estratégica’ de sus mesnadas o del ‘frente común independentista’ en Madrid, pero que pasan de sus obligaciones como gestores del día a día. Vivimos en democracia y, como es obvio, ERC y Junts tienen todo el derecho del mundo a discutir y pergeñar objetivos políticos a medio y largo plazo ¡Faltaria más! Pero los catalanes también tenemos derecho a que alguien gestione con solvencia la cotidianidad. El ‘mientras tanto’ del independentismo se ha convertido en parálisis, las urgencias se acumulan y crece la desazón social. La hoja de ruta del Govern está en blanco y las únicas medidas que han llegado a la opinión publica han sido la campaña del top less y la retirada del amianto de algunos edificios. No se fijan prioridades, por mucho que el conseller, Jaume Giró, presuma de que aumenta el techo de gasto. No es momento para convocar elecciones, pero quizás sí para cambiar de paradigma y abandonar las discusiones bizantinas. Tampoco para señalar culpables como hace Oriol Junqueras con vehemencia desbocada y malas artes. Con o sin Junts, el Govern va a flotar al menos hasta pasado el mes de mayo. Entre tanto el desprestigio de las instituciones ha llegado hasta tal punto en Cataluña que urge tomar medidas valientes y eficaces. Haría bien Pere Aragonès en recordar la frase de Plauto que decía: “Nunca será respetado por los extraños quien es despreciado por sus parientes”. Toca tomar la iniciativa y arriesgar, toca mover ficha. El president tiene en sus manos la posibilidad de convocar, alrededor de una mesa de diálogo, a los partidos catalanes para hablar de todo, restañar heridas y recuperar la convivencia. Para que ello ocurra tan solo se requieren dos condiciones previas. Una, la convocatoria formal que, lógicamente, corresponde al president de la Generalitat; otra, el compromiso de las partes a relacionarse con respeto y sin apriorismos. ¿Acaso no vale la pena intentar recuperar la dignidad institucional tanto del Parlament como de la Generalitat? Pero no seamos pesimistas ni agoreros, hay salidas y estan ahí. Hace unos días me sorprendieron gratamente unas palabras de la presidenta del congreso Meritxell Batet. La oí hablar de la necesidad de trabajar para promover lo que calificó como una ‘Épica de la convivencia’. Una épica entendida como una expresión intensa comprometida en fortalecer la convivencia. Si movemos ficha, he ahí una más de las soluciones.

10.9.22

Brassens _ La mauvaise reputation (Subtitulado)

MANIFESTACION 11 SEPTIEMBRE ANC

                                                                            IR O NO IR 

 Cuando algo no es lo que fue es mejor dejarlo estar, pasar y no ser hipócrita. Hace bien Pere Aragonès en no acudir a la manifestación convocada por la ANC en Barcelona. El presidente catalán no tiene ninguna obligación institucional al respecto. Someterse a un ejercicio gratuito de masoquismo  no es un requisito necesario para ser considerado un político capaz, serio y coherente. Quien quiera vivir las emociones de un espectáculo con insultos, pitos y aplausos siempre tiene la opción de acudir a un partido de futbol de alto riesgo. La decisión de Pere Aragonès es la misma que a lo largo de los últimos años han tomado miles de catalanes de distintas ideologías. Hoy en día la manifestación ya no es lo que fue. Los que han jugado a pervertir el sentido unitario del Onze de Setembre deberían reflexionar seriamente. Hay convocatorias que las carga el diablo y parecen escritas por el peor de nuestros enemigos. Llamar a manifestarse contra los partidos políticos es un despropósito preñado de peligros, es abrir las puertas a un populismo espontaneísta y descontrolado. La extrema derecha saliva y los alborotadores se preparan para desencadenar en las calles la ceremonia del caos. Ante este panorama desolador uno tiene la tentación de adoptar, como filosofia de vida, la letra de las canciones de Georges Brassens. Sí, sobre todo aquella estrofa de ‘La Mauvaise Repútation’ que nos cantaba en castellano Paco Ibáñez. La que dice: “Cuando la fiesta nacional yo me quedo en la cama igual”.

2017-2022 UN LUSTRO SIN LUSTRE Y MUCHO LASTRE

 

 



Recuerdo que en tiempos de la hegemonía pujolista, cuando algunos plumillas disfrutaban escribiendo sobre ‘el oasis catalán’, en el bar del parlament una broma se hizo recurrente. Políticos y periodistas solían referirse a la cámara catalana como “el Parlament de la señorita Pepis”. Muchos profesionales de la información y cargos electos tenían la sensación de que la política, con mayúsculas, se hacía en otros lugares. Y era cierto. Se decidían más cosas el los halls de los hoteles, como el del Majestic, que en el salón de los pasos perdidos del Parlament. Y así fue a lo largo de casi tres décadas hasta que los avatares de l’Estatut, la crisis, las movilizaciones sociales generadas contra los recortes y la sombra del 3% irrumpieron en la escena. Inquieto ante lo que le deparaba el futuro, Artur Mas y los suyos decidieron iniciar una huida hacia adelante. La torpeza del gobierno del PP y la consolidación de colectivos de activistas como Omnium y la ANC hizo el resto. Las condiciones para una tormenta perfecta estaban creadas. El resultado de las elecciones autonómicas del 2015 -el nacionalismo las planteó como plebiscitarias- permitió una mayoría parlamentaria que optó por una salida unilateral de Cataluña del Reino de España. El conflicto estaba servido, la fiesta comenzó y el Estado se defendió. Paciencia. Cuando el tiempo cicatrice heridas, y los historiadores puedan analizar lo acontecido sin las servidumbres del presente, no me cabe la menor duda de que el miércoles 6, y el jueves 7 de setiembre del 2017, serán catalogados como dos días aciagos para la historia de los catalanes. Es complicado resumir en pocas líneas las irregularidades parlamentarias que se perpetraron en tan solo un par de días, también lo es evaluar el daño social ocasionado a la convivencia civil y política de Cataluña. Pero lo cierto es que se hizo caso omiso de las advertencias formuladas por los letrados de la cámara y el secretario de la mesa; se obvió en todo el proceso legislativo el preceptivo dictamen del Consejo de Garantías estatutarias; el trámite de enmiendas a la totalidad fue torpedeado; Carme Forcadell cambió el orden del día contraviniendo los acuerdos de la mesa del parlament y se prestó a presidir la aprobación de una ley sin el proceso fijado en el reglamento; se aprobaron las leyes del Referéndum y de transitoriedad jurídica a la República... En pocas palabras, el parlamento catalán actuó completamente al margen de la legalidad, la Constitución y l’Estatut. Lo hizo amparándose en una mayoría simple de 72 votos de un total de 135. Luego llegaría el 1-O, el 155 y el lloriqueo. Históricamente España ha sido un país pródigo en golpes de estado, pronunciamientos y asonadas. Quizás por ello, a pesar de las experiencias acumuladas, nuestros analistas aún no se han puesto totalmente de acuerdo en definir la naturaleza de lo que sucedió el otoño de 2017 en Cataluña. En su libro ‘El golpe posmoderno’, Daniel Gascón, nos cuenta que lo acontecido en este país hace cinco años fue un golpe de estado casi de manual. Eso sí, sin alguno de los elementos que suelen acompañar a la consumación de los mismos, como podía ser el uso de una violencia más o menos explícita. Gascón define lo sucedido en Cataluña como un fenómeno ambiguo, posmoderno, que fue al mismo tiempo verdad y mentira. Comparto las tesis de Gascón cuando nos dice que Cataluña fue el laboratorio del populismo de la posverdad. Con la ventaja que contaba con su propia cadena de radio y televisión. Pero, más allá de esas consideraciones, conviene recordar las consecuencias que se derivaron del triste espectáculo vivido en el Parlament. Allí, en pocas horas, murió la mística de ‘la revolució dels somriures’; la ‘Dinamarca del Sur’, predicada por algunos, se convirtió en un festival de república bananera. A partir del momento en que se cercenó el funcionamiento democrático de las instituciones catalanas, toda la ‘bondad’ independentista se fue al traste y el viaje a Ítaca quedaba devaluado. Chocar contra el estado tuvo su precio, como también lo tuvo hacerlo contra la Generalitat y el reglamento del Parlament atropellando los derechos de las minorías. El catalanismo de siempre, el que a lo largo de la historia había aspirado a influir en España, quedó herido de muerte y sigue en la UCI. Como colofón a tanto despropósito la causa independentista, lejos de granjearse simpatías a nivel europeo, gerenó prevenciones. El periodo comprendido entre 2017 y 2022 va a ser recordado como un lustro sin lustre y con mucho lastre. Hoy Cataluña está sumida en el desconcierto. Cuenta con un Govern paralizado y un president de la Generalitat acorralado y hostigado por sus propios socios. Mientras algunos de los protagonistas del otoño del 2017 quieren volver a la táctica del ‘peix al cove’, otros medran para resucitar tsunamis aunque sea en las aguas sucias de una charca. Las secuelas del Procés siguen pasando factura y se recurre constantemente a historias de villanos y traidores. El viejo ‘Parlament de la señorita Pepis’ se ha convertido en una gestoria de jubilaciones, en un expendedor de líos. Eso sí, los políticos sensatos, que los hay, intentan rehabilitarse reconociendo que hay que pasar página, que aquello de la desconexión fue un grave error. Los insensatos alborotan.

3.9.22

TIEMPOS DIFICILES

 



PRUEBA DE CARGA 


 Venga, anímense por favor. No hagan demasiado caso a esos agoreros que solo predicen futuros tenebrosos y calamidades sin fin. Ya se que un malévolo demiurgo nos envia olas de calor y sequía, bochornos insoportables, incendios que calcinan bosques y mares con medusas. También se que el granizo que cae es más grueso de lo habitual y que el personal anda un poco nervioso y agitado. No les pido que ignoren que este otoño puede ser complicado en el terreno político y social, que la guerra de Ucrania no tiene visos de terminar, que las perspectivas económicas para los países de la UE no son buenas y que la inflación galopa desbocada. Nada de eso. No apelo a la resignación, sino a sacar de nuestro interior la fuerza suficiente para superar la prueba de carga que se depositará sobre los puentes de nuestra convivencia. Es precisamente en tiempos revueltos cuando aparecen en escena oportunistas y espabilados para obtener rendimientos del descontento y la zozobra. Contra los demiurgos perversos que agitan las fuerzas de la naturaleza, lucharemos combatiendo el cambio climático; contra los apocalípticos con intereses mezquinos, nada mejor que la pedagogía y la fortaleza. Ante las dificultades, ni resignación ni derrotismo sino resilencia. Resilencia entendida como la capacidad de adaptarse bien a la adversidad y a los problemas para superarlos. El eminente neurólogo Boris Cyrulnik sostiene que las personas resilentes son los arquitectos de su propia alegría y de su propio destino.

26.7.22

XAVIER Y ERNEST, O VOLVER AL MESOZOICO

 






   XAVIER TRIAS 

 Todos tenemos nuestro puntito de vanidad. El ex alcalde de Barcelona, Xavier Trias, también. El hombre goza dejándose querer. La huida de Elsa Artadi trituró la lista de Junts para las elecciones municipales; cierto, pero las propuestas para la sustitución de la número uno no se han hecho esperar. Unas no pasan la nota de corte por bisoñas; otras, no son de fiar por su trayectoria política diletante. Y Trias, con la euforia de un niño, cuenta a la prensa que la gente lo anima a que se lance a la batalla por la Alcaldía. Reconoce que es mayor, setenta y seis, pero por lo bajines aduce que Ernest Maragall atesora cuatro otoños más que él. Veterano del pujolismo, consciente del desconcierto en que vive su partido, no está para trifulcas internas y pone condiciones: Esperar el resultado del congreso de Junts y que las reservas de Laura Borràs sobre su candidatura se diluyan. A favor suyo juega que la presidenta no está para demasiados trotes. Cuando Artadi tiró la toalla, un asesor aúlico, sacando a Trias del congelador, propuso articular con él una ‘Operación Biden’ a la catalana. Et voilà! Ya han saltado por los aires barómetros, encuestas y sondeos al uso. En política todo muda tan rápido que nadie se atreve a conjugar el futuro, y menos aún con retazos del pasado. Gestionar hoy una ciudad europea poco tiene que ver con las dinámicas de ayer. La gestión de Xavier Trias como alcalde careció de sello propio. Se limitó, tan solo, a continuar lo proyectado por el equipo de Jordi Hereu.

VAYA PEÑA !!!

 


LOS ESTIGMAS DE JUNTS 





 Me consta que no han tenido tiempo de hablar de la salud del arpitano. El encuentro en Ginebra, ciudad por antonomasia del convenio y los acuerdos, de Jordi Turull y Marta Rovira, perseguía objetivos políticos y no culturales. Según palabras de sus protagonistas, se trataba de ‘tejer una estrategia compartida’, tanto en el Govern como en seno del movimiento independentista. Tarea harto difícil, cuando sobre la mesa aún está por dilucidar qué piensan las bases de Junts sobre la cohabitación en el ejecutivo catalán, la posición respecto a la mesa de diálogo con el gobierno español y el asunto de los ‘trapis’ en formato de traca final. El juicio contra Laura Borràs va a tensionar aún más las relaciones con los socios de Aragonès. Tras las declaraciones de Carme Forcadell y Oriol Junqueras, parece poco probable que ERC obvie la aplicación del reglamento de la cámara catalana respecto a los imputados en casos de corrupción. El decorado ha cambiado y los actores asumen nuevos roles. Los republicanos están empeñados en aparecer ante el electorado como un partido de gobierno fiel a sus principios, serio y sosegado. No en vano, en el Consell Nacional de ERC del pasado sábado, Junqueras insistió hasta la saciedad en la necesidad de perseverar en el diálogo. Algunos sectores de los republicanos acarician incluso la idea de soltar lastre, de irse alejando paulatinamente de la radicalidad de Junts, y buscar resuello en otras formaciones aguardando nuevos escenarios políticos. Con Jéssica Albiach ya lo han intentado, con Salvador Illa aún no se atreven. Jordi Turull ha ido a Ginebra a tejer complicidades; quizás sí, pero todos sabemos que, de momento, más allá del mantra ‘amnistía y referéndum’ no hay nada nuevo bajo el sol. Carles Puigdemont, Jordi Sánchez, Elsa Artadi y unos cuantos más, se han apartado del eje central del partido, y se nota. El Junts de hoy ha perdido glamour y arrastra un montón de estigmas; tantos, que ha devenido un socio incómodo y devaluador de la acción del gobierno catalán. Cuando el TSJC acusa a Laura Borràs de un delito continuado de prevaricación, fraude administrativo, falsedad en documento mercantil y malversación de caudales públicos, un automatismo mental nos conduce al famoso 3%. Y cuando colegas del partido de la presidenta del Parlament cierran filas a su alrededor, uno recuerda cómo Turull, portavoz convergente en la comisión de investigación del caso Palau, negaba con desfachatez la evidencia del 3%. Luego llegaron los Pujol, las ITV,  Andorra y, hace cuatro días, un asuntillo de mascarillas. La mácula del 3% perdura. Nadie podía imaginar hace apenas un par de años, que Madrid sería el escenario de una cumbre de la OTAN, que los europeos iban a incrementar sus gastos en defensa, y que los mandamases del mundo iban a fotografiarse ante un cuadro de Velázquez en el museo del Prado. Junts lleva en su hoja de servicios el estigma de haber coqueteado con Vladimir Putin. A estas alturas de la película, con la que está cayendo en Ucrania, en la mayor parte de las cancillerías europeas toda prevención es poca cuando se aproximan los amigos de Puigdemont. Junts se ha empeñado en actuar obsesionado por la figura de un líder. El estigma del mesianismo no les abandona. Obsesión que ha legitimado un personalismo fronterizo con el fanatismo y una indefinición como colectivo político respecto a su ubicación en el eje de lo social, lo económico y lo ideológico. Ni de derechas ni de izquierdas: ¡Independencia! Al más puro estilo populista, Junts aboga por la confrontación contra el estado español repitiendo así los errores del procés. Pedro Sánchez les emplaza a acudir a la mesa de dialogo, pero el Junts más negativo sigue encarcelado en su relato victimista. Y ahí es donde ERC no transige y recuerda, con palabras de Junqueras, que los de Puigdemont les han dejado solos muchas veces. Demasiados estigmas en Junts para tan escaso discurso. Y vienen elecciones.

SUMAR O NO SUMAR ESA ES LA CUESTIÓN...

 

                                               COMUNISTAS DE AYER Y DE HOY
 El PCE ha celebrado su XXI Congreso y Yolanda Díaz está intentando ordenar  los dígitos de Sumar. Los usuarios habituales de las cavernas del sado político, no han tardado ni un instante en valorar negativamente ambos eventos y en proferir epítetos vejatorios contra la vicepresidenta y sus camaradas. Sí, lo confieso, me molesta e irrita que la derechita, y la derechona, utilicen la palabra ‘comunista’ como insulto, como arma arrojadiza contra el adversario político. Los conceptos, cuando se verbalizan de forma gratuita e inapropiada, suelen contener semillas de odio e intolerancia. Lo mismo ocurre cuando el término fascista es usado para descalificar, sin motivo, a los discrepantes. Me duele el uso sucio del adjetivo comunista como reproche, porque en este país fueron miles los hombres y mujeres que, jugándose el tipo, lucharon por la democracia y la libertad bajo las siglas del PCE o del PSUC. A la memoria acuden, entre otros, los nombres de los Solé Barberá, Puerto Otero, Marcelino Camacho, Antonio Gutiérrez Díaz o Jordi Solé Tura. A muchos de ellos tuve el honor de conocerles y compartir anhelos de libertad desde una mirada política distinta a la suya. Puedo dar fe de su honestidad, de su amor a la humanidad y de su lucha por la democracia, y eran ¡Comunistas! Otros como Semprún, Claudín o Santiago Carrillo intentaron, a su manera, abrir el camino de la reconciliación nacional. Acháquenles todos los sanbenitos que quieran, cometieron infinidad de errores; cierto, pero el balance global no deja de ser positivo. Para otra ocasión dejaremos a los que, como Enrico Bérlinguer, trazaron en Europa nuevas sendas para la izquierda. El Partido Comunista de España no es el PC de China. El Congreso de los comunistas españoles no tiene ni la relevancia ni la trascendencia del de los asiáticos. Obvio, pero en las actuales circunstancias políticas cualquier movimiento tectónico en las filas de la izquierda tiene su importancia. Encuestas y sondeos indican que el suelo electoral se mueve y que el futuro es cada vez más volátil e imprevisible. El proyecto de Yolanda Díaz puede augurar un nuevo gobierno de coalición progresista en España; quizás sí, pero su dinámica también contiene los viejos tics cainitas de las izquierdas. El XXI congreso del PCE ha puesto de nuevo de manifiesto que tanto el debate sobre las alianzas, como el de la OTAN, enturbia la unidad de acción de los progresistas en España. La elección de Enrique Santiago como secretario general del PCE ha sido ajustada y poco placida. No lo puedo remediar. Cuando oigo a la vicepresidenta presentar Sumar como ‘un movimiento ciudadano que busca un nuevo contrato social’ pienso en Santiago Carrillo. Sí, en aquel secretario general del PCE que proponía una gramsciana ‘Alianza de las fuerzas del trabajo y la cultura’.
 El veterano dirigente comunista decía : ‘el partido no aspira a conquistar el poder para él, monopólicamente, sino a un poder en el que participen y cooperen, según su peso real, los diferentes grupos representativos de esas fuerzas, en una emulación por el progreso, el socialismo y la democracia’. A veces pienso que las propuestas de Díaz son una especie de aggiornamento del comunismo post guerra fría, con la incorporación del término ‘contrato social’ de Rousseau y un toque de épica buenista. Lo comentaba al inicio de estas lineas. Me enojan las bravatas que equiparan a la izquierda de la izquierda con Pol Pot y otras hierbas. Me duele que algunos jueguen a satanizar cualquier iniciativa de los herederos de la hoz y el martillo. Lo que va a dar de sí el proceso de escucha y suma de Yolanda Díaz ya se verá. Si Unidas Podemos le deja, claro está.

DALE GAS !!

 

TAURINA PARA EL PSOE 



 A lo largo de los últimos tiempos nada de lo ocurrido en el mundo nos ha sido, y nos es, ajeno. Las pandemias, la guerra de Ucrania, las crisis climáticas y energéticas y la inflación nos afectan, situando contra las cuerdas a todos los gobiernos europeos. Para rematar la jugada, algunos países contamos con nuestros dramas particulares en forma de incendios, sequía o erupción de volcanes. Cuando las cosas se ponen feas los ciudadanos se inquietan. Unos exigen a sus gobernantes soluciones rápidas y contundentes aunque, en su fuero interno, piensen que no son fáciles de articular. Otros prefieren el rompe y rasga, dando pábulo a los vendedores de paraísos en la tierra. A Pedro Sánchez no le es menester leer el futuro en los posos del café. El presidente español sabe que lo acontecido recientemente en las elecciones de Andalucía es un aviso que no tiene nada de esotérico. Si algo no le falta a Sánchez es un punto de Sturn und Drang, de optimismo y de redescubrimiento de la historia como fuente de energía. Tampoco le falta audacia y ese espíritu de superación trabajado que poseen los que alguna vez practicaron deportes de competición. El presidente le ha inyectado taurina al PSOE. Un antioxidante que refuerza el sistema inmunológico y muscular. Le ha faltado tiempo a Cuca Gamarra para descalificar las iniciativas del secretario general del PSOE. Para ella y sus correligionarios los cambios son estéticos. Aduce la portavoz popular que el problema, tanto de España como del socialismo español, es el ‘sanchismo’. Sanchismo es el nombre burlón y satírico que suele emplear el PP para señalar el mal que, según su retórica, castiga a España y a los españoles. Sanchismo también es el nombre con el que aspiran a soliviantar a socialistas nostálgicos para que reivindiquen volver a las formas rituales del pasado. En honor a la verdad, cada vez que utilizan ese término deberían pagar derechos de autor al diputado de Ciudadanos, poseedor del copyright, que acuñó la palabreja. Y lo cierto es que, con la incorporación de pesos pesados a la dirección del partido como Patxi Lopez, Pilar Alegria o María Jesús Montero, se restañan buena parte de las heridas que ocasionaron los procesos congresuales y de primarias de los últimos años. Las incorporaciones de Miquel Iceta y Eva Granados al núcleo pensante y ejecutivo del socialismo español, aportan un enfoque made in PSC nada despreciable de cara a los tiempos venideros. Cuando Cuca Gamarra vaticina el ocaso y la descomposición del sanchismo, olvida que es precisamente su partido el que adolece de una estructura partidaria en Cataluña y el País Vasco capaz de sumar escaños para conseguir mayorías; olvida que la socialdemocracia es un ave de larga vida, el ave fénix de la política capaz de renacer de las cenizas. Pedro Sánchez ha dado un golpe de timón para reorientar el rumbo del ejecutivo y fortalecer la cohesión interna de su partido. Los socios de gobierno, con sus purgas y trifulcas no ayudan a ello. Cierto, pero su futuro, y el del PSOE, dependerá de como sortee el vendaval económico y social que se aproxima. En momentos difíciles y delicados el ciudadano, contradiciendo encuestas y sondeos, opta por valores seguros y probados frente a aquellos que no se sabe si bajan o suben.El presidente le ha dado taurina al socialismo español. Ahora hay que ver como le sienta a su metabolismo.

1.7.22

´MÁS QUE VALLAS...

 

LAS OTRAS VALLAS 


 Me cortan el pelo y retocan la barba en una peluquería de l’Eixample; la gestiona a las mil maravillas una familia magrebí afincada desde hace tiempo en Barcelona. Necesito con frecuencia un tratamiento de reflexología podal; sin él los huesos y articulaciones de mis pies sufrirían lo indecible. Las manos de Lin, una chica oriental, son puro bálsamo curativo. Confío mis ojos a la mirada atenta del doctor Mansur. Él es un oftalmólogo sirio de probado prestigio. Mi cafetería favorita la regenta un matrimonio catalano-argentino. Trato afable, precios contenidos y raciones abundantes son marca de la casa. Mi vecina del cuarto, Doña Vicenta, pasea cada día acompañada de una joven latina que tira de silla de ruedas, le cuenta historias y la cuida con esmero. No se como llegaron todas estas personas hasta España, ni me atrevo a preguntar. Desconozco si en algun momento tuvieron que burlar la legalidad o saltar una valla con concertinas. Solo se que son seres humanos, que ya son parte integrante de una comunidad que no anda sobrada de personas honestas y trabajadoras. La tragedia de lo sucedido en la valla de Nador y Melilla da que pensar. Cierto, pero también debería hacernos reflexionar otro tipo de vallas que arremeten contra la dignidad humana. Algunos prepotentes practican el desdén hacia gentes de otras latitudes que han optado por vivir honradamente en este país. Levantan vallas discriminatorias con palabras aceradas que rasgan sentimientos. Esas no se ven, pero existen. Publicado en 20 Minutos

¿LOS 'TRAPIS' DE BORRÀS TAMBIÉN SON REPRESIÓN?

 



LA ‘REPRESIÓN DEL ESTADO’ 


 La reunión del ministro Félix Bolaños y la consellera Laura Vilagrà, no pasó de ser el típico aperitivo destinado a abrir boca y entretener al estómago. Cuentan fuentes bien informadas, que el encuentro sirvió tan solo para confeccionar el menú que Pere Aragonès y Pedro Sánchez degustarán alrededor de una mesa antes de los calores de agosto. ERC necesita reunirse con Sánchez para demostrar a seguidores y competidores, que puede influir en la agenda del presidente español. Le basta con poner cara de pocos amigos y soltar un par de invectivas contra su enemigo secular para hacer méritos. De momento, misión cumplida. Por su parte, a Pedro Sánchez le interesa recuperar la iniciativa política -ya lo ha hecho estos días con las medidas sociales aplicadas contra la crisis- huyendo del subidón de la derecha tras las elecciones andaluzas y acallando, de paso, el runrún de los barones habituales. En esta tesitura me atrevería a sugerir que, por el bien de Cataluña y de España, convendría que las reuniones y mesas de diálogo se dilataran en el tiempo. A pesar de la relativa cercanía de las elecciones municipales, ni a socialistas, ni a republicanos, ni al país, le conviene jugar con el fuego de las disputas. Lo ideal sería un gota a gota de acuerdos, sin prisas, sobre los grandes temas pendientes. Es en este contexto tan frágil en que nos toca convivir, que no dejan de tener su importancia las palabras y los gestos. Cuando el vicepresidente del Govern, Jordi Puigneró, afirma que lo que procede es celebrar ‘menos reuniones, y más hacer perder votaciones’, uno piensa que la irracionalidad se ha instalado en los despachos de la plaza Sant Jaume; que solo un fanático puede desear el ‘cuanto peor mejor’. Los comunicados, los discursos y las palabras también tienen su importancia. El uso perverso y mal intencionado de determinados adjetivos puede llevar al traste la labor continuada de personas y colectivos que laboran por buscar salidas a los conflictos. Cuando la portavoz del Govern Patricia Plaja, en rueda de prensa, sube a la tribuna para transmitir las posiciones del ejecutivo catalán, confunde al ciudadano. Uno no acierta a comprender en nombre de qué facción del Govern habla, o si lo hace a título personal. Sus continuas alusiones a ‘la represión del estado español’ fatigan. Fatigan por extemporáneas, injustas y reiterativas. Devienen poco edificantes, precisamente en puertas de la celebración de reuniones de presidentes y mesas de diálogo. No ayudan a la distensión. Imagínense ustedes que el gobierno español hiciera suyos, y usara tras una reunión entre las partes, los calificativos que tanto el PP como VOX emplean en sede parlamentaria para definir el independentismo. La señora Plaja habla con desprecio del Catalangate, pero aún no hemos olvidado que hace apenas cinco años desde un govern nacionalista, mediante agentes de los mossos d’esquadra, se espió a personas contrarias al independentismo. Y eso ocurrió precisamente en una época en que la actual portavoz del Govern fue (durante 13 años hasta mayo de 2021) la máxima responsable de comunicación y redes sociales de los Mossos d’Esquadra. Pero claro, eso es agua pasada y ella puede alegar que no estaba al corriente del tema. Recientemente Patricia Plaja, respecto a una circunstancia personal que se ha hecho viral, ha afirmado en los medios de comunicación: ‘no podemos normalizar la presión estética’. Comparto su opinión. No obstante, me gustaría que entendieran que tampoco podemos normalizar la agresividad verbal que se destila desde los alambiques del Govern de la Generalitat. El mantra ‘la represión del estado español’ no nos transporta a las tesis de Louis Althusser, sino a una retorica panfletaria pasada de moda.

27.6.22

UNA CARA CON PERMANENCIA INFINITA





OCHO HORAS CON PILAR 







 Algo es algo. Nunca sabremos a cuanto cobra la hora Pilar Rahola por salir en la tele, pero sí cuanto tiempo le daban al trimestre los gerifaltes de la ‘Corpo’ para predicar. A saber: ocho horas. El dramaturgo Miguel Delibes nos obsequió, para disfrute y goce del personal, la novela Cinco horas con Mario. Un soliloquio en el que una mujer madura, tras el fallecimiento de su esposo, reflexiona sobre sus relaciones de pareja y los avatares de la vida cotidiana. En la obra, el autor, a través de un personaje femenino, llega hasta el fondo de la sociedad española de los años sesenta. Pero para monólogos, como los de Pilar, ninguno. Cuenta el Consell de l’Audiovisual de Catalunya (CAC), órgano que en teoría tutela la observancia de la pluralidad en los medios de comunicación catalanes, que la tertuliana Pilar Rahola atesora más de ocho horas de presencia en la pantalla de TV3 entre los meses de setiembre y diciembre. Ni les cuento las que llega a acumular al final del año. No procede comparar el contenido de la obra de Delibes con la prédica esencialista de la periodista. Como es obvio, son mundos distintos. Pero ocho horas dan para mucho, y Pilar es una especialista en convertir buena parte de ese tiempo en un soliloquio y, el restante, en una algarabía para silenciar a sus contradictores. La tertuliana por antonomasia de TV3, ha ejercido de vocera del puigdemontismo en FAQS, en Tot es mou y mil programas más. Así como Delibes llega en las páginas de su novela hasta el fondo de la sociedad española de su época, Rahola nos sumerge, con su omnipresencia en pantalla, en la verborrea más ácida del procesismo. Y se queja de maltrato. Ustedes recordarán que la señora Rahola denunció la existencia de una mano negra, en esta ocasión republicana, que pretendía apartarla de los platós de TV3, pero sigue ahí. Con otros cronos, y a cierta distancia, la siguen Antoni Bassas y Albano Dante Fachin. Explican los entendidos en la materia que la nueva dirección de la CCMA, Rosa Romà y Sigfrid Gras, van a intentar la ‘despolitización ‘ de los contenidos de la radio y televisión pública. Anuncian a bombo y platillo, que su intención es primar una programación de entretenimiento. Cuentan incluso, que de este rebozado y alicatado no se salva ni el Club Super3. Toco madera. Convendría que, antes de mover las piezas, la nueva cúpula del ente analizara con detenimiento las razones de la creciente fuga de oyentes y espectadores. Fuga, no solo atribuible a la competencia y a la irrupción de nuevas ofertas de entretenimiento, sino también al cansancio del público con determinada linea editorial. A final tendra razón Ferran Monegal, cuando afirma que los cambios anunciados para recuperar los niveles de audiencia no pasan de ser una maniobra de distracción y que, lo importante, se cuece en los despachos. Lugar donde se decide cómo se reparte la pasta entre las productoras habituales de la casa. Que Pilar Rahola acumule horas de monólogo en TV3 es penoso, pero no determinante. Muchas veces el sesgo político de un medio de comunicación no lo marca, tan solo, las horas de permanencia en pantalla de los voceros de una causa, sino el universo simbólico que ese ente está dispuesto a reproducir o crear. Y eso sigue igual. Me temo que se impone el método Lampedusa. La dirección de la CCMA no puede obviar que la radio y televisión de este país la pagamos todos los ciudadanos a escote, sin tapadillo, y no solo los nacionalistas.

15.6.22

SON TAN CANSINOS LOS DEL GOVERN...

 





LOS AUSENTES 





 La sabiduría popular esta ahí y muchos de nuestros políticos pasan de ella. Si los consellers y carguillos del Govern de Pere Aragonès de cuando en cuando echaran un vistazo a la obra de Joan Amades, podrían darse de bruces con el conocido refrán catalán que reza: ‘A la taula d’en Bernat, qui no hi és, no hi és comptat’. Dicho sentencioso y de sentido común que nos cuenta que para tener derecho a algo hay que estar presente. Pero en Cataluña, desgraciadamente, no abunda ni el sentido común ni el institucional. En este país se prodigan los desaires y las ausencias injustificadas. Ada Colau, Laura Borràs y los mariachis del Govern suelen practicar una suerte de postureo consistente en esquivar el saludo a los españoles, y evitar la foto con ‘los opresores constitucionalistas’. Lo hacen cada vez que el Rey Felipe VI acude a Cataluña para presidir como jefe del estado un acto público, y lo repiten cuando les interesa dar la nota. La ministra de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, Raquel Sánchez, ha visitado el Vallès para concretar sobre el terreno el futuro de las infraestructuras pendientes y de la B-40. El Govern no solo ha estado ausente del encuentro, al que han asistido los alcaldes de la zona, sino que ha aprovechado la ocasión para cargar las tintas contra el ejecutivo central. Tanto Jordi Puigneró como Pere Aragonès se han quejado de la falta de inversiones en Cataluña. Me parece legítimo y conveniente que los gobiernos autonómicos exijan el cumplimiento de los acuerdos y las inversiones. ¡Faltaria más! Pero me resulta desagradable y poco edificante el pataleo pueril que de forma recurrente, y a veces grosera, utiliza el Govern de la Generalitat para explicarse. El plantón a Raquel Sánchez ha sido una descortesía hacia la ministra pero, sobre todo, un insulto a los alcaldes del Vallès. Visto lo visto cualquier ciudadano puede llegar a la conclusión de que ese feo a la ministra pretendía tan solo generar un par de titulares de prensa. Pero no amigos, tras la trifulca hay mucho más. A los de Aragonès les interesa, por ejemplo, difuminar las boutades de Gabriel Rufián y asegurar a su clientela que no renuncian al cuerpo a cuerpo con los de Madrid. También andan detrás de obstaculizar la ejecución de unas infraestructuras a las que, con desdén, califican de ‘proyecto sociovergente’. ¿Acaso es un aviso para navegantes sobre el futuro del aeropuerto del Prat? A los de Junts la movida ya les va bien para reafirmarse en su discurso anti todo, y seguir pugnado por lograr la hegemonia en el cosmos secesionista. Quizás también para enmascarar la imagen de un congreso con castigos, tapar las imputaciones a Laura Borràs y esconder el culebrón del ujier y su mamá, la Secretaría General del Parlament. Este Govern es política y moralmente tan débil, que necesita inyectarse en vena suero conflictivo para seguir tirando. Sin el alimento del asunto Pegasus, el tema de las inversiones y el 25% de la lengua, hoy el ejecutivo catalán estaría deshidratado en una UCI. Sigamos con el refrán d’en Bernat. Aunque la Comisión Bilateral aborde, desde un punto de vista técnico el tema de las infraestructuras pendientes, las ausencias y la descortesía manifestadas con la ministra pueden tener un precio. También es probable que, tras las elecciones andaluzas, se active de nuevo la famosa mesa de diálogo entre el gobierno de España y el de la Generalitat. Junts ahí tiene una nueva oportunidad para resituar su discurso político y definir una postura clara respecto a las grandes infraestructuras que el país necesita. Así las cosas, los sempiternos ausentes deberían recapacitar acerca de lo dicho: ‘...qui no hi és, no és comptat’ . Y, ya se sabe que, si no cuentan contigo no existes.

13.6.22

FALTA SENSATEZ

 

CRUCEROS





 Vuelven los cruceros a los puertos españoles y con ellos llega también la polémica sobre los efectos colaterales y no deseados del turismo en nuestro país. Parece que hemos olvidado que hace apenas unos meses llorábamos, con amargura, por la ausencia de los visitantes que daban vida a nuestros restauradores, guías, taxistas, centros comerciales y un largo etcétera. Tenemos la memoria algo corta y la capacidad de resilencia demasiado mermada. Dense un paseo por las calles del centro de la ciudad y comprobarán el extraordinario número de locales comerciales en venta o alquiler. Locales muchos de ellos que con anterioridad habían albergado negocios viables y prósperos. La pandemia golpeó cruelmente la economía del país y la ausencia de visitantes mandó a los ERTE a miles de empleados. Eso comienza a revertir a pesar de la guerra de Ucrania. Pero para completar la jugada necesitamos turistas, cruceros e inversiones. ¡Ojo! No a cualquier precio. No planteo una política de barra libre, pero sí una de regulación y pacto basada en la empatía, en la ausencia de estériles prevenciones ideologizadas. Cuando el presidente del Port de Barcelona, Damià Calvet, nos cuenta que los cruceros dejan anualmente más de 1000 millones de euros en la ciudad y dan empleo directo a más de 9000 personas, hay que medir bien las palabras. Otra cosa es que el Ayuntamiento exija que se supervisen y controlen las emisiones de óxidos de azufre para que se cumplan los parámetros recomendados por la OMS. 

12.6.22

STOP RUIDO

 

                                                                                 RUIDO 
 ‘Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad’. Esta frase de la zarzuela La verbena de la Paloma, pronunciada por Don Sebastián, ha hecho fortuna. La ciencia avanza y el ingenio también. Tanto es así que para el recuerdo quedaron los viejos baules y maletas. Alguien los transformó en objetos rodantes y triunfó. Inicialmente fueron un par de ruedecillas para ir tirando y luego cuatro para mayor comodidad. Incluso las mochilas de los escolares, para preservar la salud de las vertebras, se han dotado de ruedas. Y con ello llegó el arrastre, y con él un traqueteo capaz de incordiar y arrebatar de los brazos de Morfeo al más dormilón. Dicen que el ruido es la ausencia de silencio, un sonido no deseado capaz de afectar negativamente el bienestar físico y psíquico de las personas. Cierto. Contra él se han conjurado las administraciones instalando sonómetros y radares acústicos, los vecinos convocando manifestaciones exigiendo soluciones. Observen que no les he hablado de la barahúnda que provoca el tráfico rodado, tampoco del vocerío característico de las terrazas, ni de fiestas y conciertos extemporáneos. La referencia puntual al traqueteo de las maletas persigue poner de relieve que en lo micro, en lo pequeño, también subyacen muchos de los problemas que nos afectan. No se trata de pedir al personal grandes renuncias ni sacrificios, pero sí la dosis mínima de civismo para no molestar. Como aperitivo: ¿Qué tal no gritar ni alborotar al salir de un espectáculo, restaurante o bar?

REFUNFUÑONES Y AMARGADOS










JUNTS A LA CAZA DEL VOTO REFUNFUÑÓN 



 A Laura Borràs y sus chambelanes no les ha ido bien el Congreso de Junts per Catalunya celebrado en Argelers sur Mer. Aurora Madaula no ha conseguido brillar ni despuntar, mientras David Torrents, aspirante a ocupar la Secretaría de organización, no ha obtenido ni un 50% de apoyos para optar al cargo. Por cierto, una responsabilidad política ésta que en muchas estructuras partidarias suele ser sinónimo de poder orgánico ilimitado. Tampoco anda demasiado contenta Esther Vallès con su bolsita de votos y sin aval. En esta ocasión el clásico modus operandi de Laura Borràs de centrifugar responsabilidades, y culpar de los males a las cloacas del estado, no cuela ni en TV3. ¡Ojo! A no ser que la presidenta del Parlament sea capaz de divisar un pacto secreto entre los republicanos y Jordi Turull. No voy a entrar en consideraciones acerca de la dinámica congresual de Junts, tampoco sobre si un índice de participación del 38% es suficiente para estar satisfecho, o si se puede obviar el resultado de una votación. Allá cada cual con la interpretación de sus estatutos y códigos éticos. Es evidente que Junts tiene planteadas importantes incógnitas y problemas a despejar. La mesa de diálogo es una de ellas, pero también lo son la política de alianzas y pactos con ERC en el Govern de la Generalitat y con los socialistas en la Diputación de Barcelona. Estos temas no son cosa baladí porque, más allá de su importancia en la esfera de la gestión de lo público, configuran el colectivo de cargos de confianza y asesores de los respectivos partidos de gobierno. La ruptura de esos acuerdos tendría inevitablemente consecuencias sobre el actual statu quo y, sinceramente, no veo a demasiados cargos institucionales por esa labor rompedora. No obstante permítanme que comente un tema aparentemente superficial pero que quizás no lo sea tanto. Puigdemont, Turull y Comin cargaron duramente contra Pedro Sánchez y ERC. Sus discursos se inscriben en una lógica que pudo dar sus resultados durante el 1-O de 2017 pero que hoy en dia suenan a prehistoria y nostalgia. La ciudadanía reclama pactos, paz y concordia. Cuando Jordi Turull habla de pasar a la acción para culminar el proceso de independencia de Cataluña y ‘poner la directa’ yerra. Cuando Toni Comin insta a convertir el Govern ‘en una verdadera herramienta de confrontación con el estado’ para que las calles sean un escenario de ‘desbordamiento democrático’ uno piensa que es un cínico, o un sectario desconectado de la realidad. ¿Aún no han interiorizado en Junts que un buen numero de ciudadanos se ha descolgado de la mística paralizante del procés? ¿Acaso ignora la cúspide del partido lo que auguran sondeos y encuestas respecto a su formación? Cuando Turull insiste en criticar lo que él considera los ‘profetas del pesimismo y la derrota’ se delata. Junts necesita recuperar fuerzas de cara a las próximas contiendas electorales. El posibilismo anida en el discurso de ERC y el deseo de acuerdo en el del PSC. Junts carece, al menos de momento, de una definición programática e ideológica que le permita articular un discurso que vaya más allá de los tópicos y mantras del 2017. Sus dirigentes, conscientes de sus propias contradicciones, han optado por echar mano de los refunfuñones, del posible voto refunfuñón. De ese elector que no está especialmente cabreado por nada, pero que se queja de todo. Un elector que sentimentalmente está dispuesto, cuando no se abstiene, a votar siempre opciones independentistas a pesar de tener interiorizado que sus ojos no verán jamas Ítaca. Un elector al que le agrada el postureo de Borràs, el victimismo y la denuncia de lo poco que nos quieren más abajo del Ebro. El puigdemontismo 2022 sabe que ha de echar las redes ahí porque en otras aguas se hace más política y menos soflamas estomacales. El voto es un concepto que admite muchos complementos. Lo hay útil, oculto, prestado, volátil, cautivo, en blanco y también ¡Refunfuñón!

24.5.22

¡¡¡ GROUCHO VIVE !!!!

 

 
SALVAFUTUROS COLAU 




 Paradojas de la vida: Artadi se va, Colau se queda.   Le ha costado muy poco a Barcelona en Comú modificar los apartados de su código ético que prevén una limitación de mandatos.  ¿Evitar que los cargos electos se encadenen a la poltrona ha dejado de ser una prioridad política? Ya saben ustedes que algunos ‘marxismos’ tienen unos principios flexibles y adaptables a las circunstancias e intereses del momento. Las bases del partido le han pedido a la alcaldesa que se presente a un tercer mandato. Lo hacen a sabiendas de que en el último barómetro municipal la valoración de Ada Colau no es buena. Ella ha aceptado el reto y sus colaboradores han respirado aliviados. No es ningún secreto que la salud política de eso que Yolanda Díaz llama ‘la esquinita de la izquierda’, no es buena. Tampoco hay que ser muy avispado para detectar que Barcelona en Comú, sin la alcaldesa como candidata, obtendría un pésimo resultado en las elecciones municipales. Quizás por ello algunos analistas sostienen que han sido los más estrechos colaboradores de Colau los que, temiendo perder su cargo, han maniobrado intensamente para garantizar su candidatura. Hay incluso quien explica que la afluencia masiva de algunos Comuns a las oposiciones obedecía a la sensación de estar ante un fin de ciclo político. Todas estas movidas no auguran nada bueno. Falta un año para las elecciones y me temo que todos nuestros ediles van a estar más pendientes de las elecciones que de ejercer con diligencia el cargo.
Publicado en '20 minutos'

MÁS SATURADOS AUN...

 

DEMASIADAS OBSCENIDADES 




 Sí, ya se que Juan Carlos I está limpio de culpa judicial y que puede ir a donde le plazca. Al Borbón le gusta el apretón de manos y le alagan los vítores de los incondicionales. ¿Qué mejor lugar que Sanxenxo, para recalar en España? Pero ello no es óbice para que el exhibicionismo náutico del Rey emérito me parezca un atrevimiento inadecuado, e incluso obsceno. Tan obsceno como el oportunismo de algunos republicanos que andan dispuestos, en beneficio propio, a morder las carnes de un paquidermo regio que ya camina hacia el cementerio de elefantes de Abu Dabi. A los Garzón, Rufián y compañía les va de perlas el revuelo generado por la visita y muerden para sacar tajada. Muerden tanto que activan la pulsión redentora de la derechita, y de la derechona; gente ésta, siempre dispuestas a socorrer a la realeza en apuros. El celo desmedido de los ultras en pro de la dinastía, lejos de actuar como revitalizante de la misma, deviene carcoma. Santiago Abascal y Cuca Gamarra vocean pero no son buenos valedores de la flor de lis. Respecto al emérito y su circunstancia, hago mía la tesis de Joaquim Coll cuando afirma que, ante la falta de ejemplaridad que le costó la corona en el 2014, lo mejor es el silencio. Obscena tragicomedia la de nuestro país cuando navega entre la comicidad, lo absurdo y la desmesura. La Lupe, la Reina del Latin Soul, ya nos cantaba aquello de “Teatro/ lo tuyo es puro teatro/falsedad bien ensayada/estudiado simulacro/”. Es decir: espectáculo garantizado, alimentado por algunos fabricantes de noticias a los que les importa un comino la estabilidad, los valores democráticos y la moral del personal.Todo ello combinado con los mercaderes de emociones que en televisiones y radios patrioteras, son capaces de vendernos como defensa de la libertad de expresión cualquier exabrupto sin gracia y calidad artística (pienso en Valtònyc). O peor aun, nos meten en pantalla a un ser zafio y deleznable llamado Villarejo. Patético. No me tachen de agorero pero hay razones suficientes en la esfera pública, no estrictamente económicas, que generan escepticismo y enfado en la ciudadanía. Vivimos en un país pródigo en la elaboración de reglamentos, códigos éticos y procesos de primarias; cierto, pero al mismo tiempo se da la paradoja de que nuestros políticos se convierten en expertos en el arte de vulnerar lo acordado, doctorándose en la invención de excepciones. El pensamiento Groucho respecto al cambio de principios se impone sin rubor. La limitación de mandatos decae cuando conviene, el antídoto contra el caudillismo salta por los aires y Ada Colau podrá optar a un tercer mandato. Actuará como trapecista con red de seguridad. En caso de caída fortuita optará a ser una cifra en la suma de Díaz. Y tragamos. Tragamos la historieta de los audios en la que ha sido escuchado hasta el escuchador; admitimos que los deportistas en activo hagan negocios multimillonarios con emires, que las mascarillas engrosen cuentas corrientes o que la envidia cochina ensucie en las redes la imagen de Chanel. Al igual que aceptamos, sin rechistar, falsas solidaridades y postureos respecto a Ucrania como si hubiera refugiados de primera y de segunda categoria. Ya ven, obscenidades haberlas haylas, y muchas también en las palabras de Ayuso cuando habla de feminismo. Algunos días uno desearía que nada de lo desagradable que se ve y oye en los medios de comunicación fuera verdad, que la batalla dialéctica fuera más respetuosa y civilizada, que el pacto fuera deseado por todos y posible. Pero, lamentablemente, nadie va de ese palo y así nos luce el pelo. Permítanme una última consideración en forma de pregunta: ¿Hay algo más pornográfico y obsceno en política que el chantaje y las puyas entre socios de gobierno o coalición? Opino que no. Para concluir un aviso a navegantes. Si alguien cree que todo este fango nos va a recluir en casa sumergidos en el mundo de las series y el futbol está equivocado. Pasarán cosas.
Publicado en Crónica Global