El blog d'en Joan Ferran

2.3.21

ESTAMOS RODEADOS DE PIJOPROGRES Y NIÑOS DE PAPA







LOS NIÑOS TONTOS DE PAPA RICO 



 He contado hasta cien y aguardado unos días antes de escribir este artículo. Y al hacerlo, sin apenas darme cuenta, me he visto tarareando una vieja canción satírica de Moncho Alpuente que causó furor en su época. La cantaba un grupo denominado ‘Las Madres del Cordero’. Llevaba por titulo ‘La niña tonta de papá rico’. En ella Moncho se mofaba de las hijas de familias acomodadas que, nada más llegar a la universidad, se sumaban a la moda de turno adoptando el credo, el lenguaje y la estética de los activistas progres. Una de sus estrofas más coreadas era aquella que decía: ”la niña tonta tiene opiniones, sobre la guerra y sobre la paz; la niña tonta dice que es libre, está de moda en su facultad...” Pues sí amigos, hay mucha niña - y niño tonto- con micro y cámara a su disposición en este país de falsos exiliados y pegajosa ratafía. Los hay cobrando un pastón dispuestos a opinar sobre lo divino y lo humano, sobre la supuesta represión del estado español y la libertad de expresión. Les cuento todo esto tras enterarme de que una presentadora de Catalunya Ràdio ha afirmado en antena, refiriéndose a los altercados, saqueos y quema de contenedores, que ese tipo de violencia está justificada, que es lógica y recomendable para conseguir que las cosas cambien, que la vía pacifica ha fracasado. No suficientemente satisfecha con esas manifestaciones, completó su psicodrama agitativo erigiéndose en defensora de todos los jóvenes oprimidos y parias de la tierra. No tengo nada que objetar a la libre expresión de ideas y pensamientos de esa persona en cuestión, pero sí al empleo de altavoces y recursos públicos para justificar la violencia. Esta locuaz agitadora de las ondas de la que les hablo, Juliana Canet, participa como tertuliana en el ‘Tot es Mou’ de TV3 y en el Matí de Catalunya Ràdio. Allí acude como ‘especialista en adolescentes’. Esta aprendiz de Pilar Rahola ha facturado durante el pasado 2020 más de cinco mil euros por intervenir en el Tot es Mou, y unos tres mil en el Matí de Cat Ràdio. El programa en el que ejerce de copresentadora le ha costado a la Corporació Catalana de Mitjans Audivisuals alrededor de 150.000 euros. Y no es la única. Ejercer la agit-prop en este país tan rebosante de frikismo político y descontrol mediático, sale a cuentas. Como pueden comprobar la demagogia populista también intenta hacerse un hueco en el ámbito de la información y el entretenimiento. Y lo hace ante la mirada displicente de unas autoridades audiovisuales -Vicent Sanchis y Núria Llorach- a las que sólo les preocupa tener satisfecho al Govern y seguir cobrando unos buenos honorarios. ¿Por qué el CAC (Consell Audiovisual de Cataluña) no actúa de oficio ante la sacralización de la violencia? Seguramente porque el comisario político que lo preside, Roger Loppacher, no quiere incomodar a sus patrones. El catedrático Josep Fontana, hablando de Alejandro Lerroux, nos contaba la leyenda de que el tribuno republicano-radical acudía en tren a Barcelona vestido con elegancia y esmero pero, al aproximarse a la ciudad condal y antes de mitinear en el Paralelo, se vestía de obrero para blandir un mendrugo de pan con una sardina rancia y exclamar ante sus seguidores: ‘Esta es mi cena de hoy’. No se cuanto de cierto hay en ello, pero es evidente que la demagogia de antaño sigue habitando entre nosotros remasterizada. Las niñas y niños tontos de papas ricos están ahí, intentando capitanear rebeliones y vivir emociones fuertes. Tienen poco que perder, sus espaldas están resguardadas y su patrimonio garantizado. Sueñan con crear un Ravachol colectivo, anárquico y violento, dispuesto a castigar al sistema. Les trae sin cuidado que un agente de la autoridad pueda morir abrasado en el interior de una furgoneta policial, les importa un comino que los comerciantes vean arder sus expositores y los vecinos el mobiliario urbano... Esto no puede seguir así. Las autoridades han de restablecer la normalidad y el ciudadano sensato combatir el verbo incendiario de estos falsos profetas predicadores del desorden. Para otra ocasión dejaremos el análisis de la actitud de algunos medios de comunicación; si, de esos que dan cobijo y audiencia a los que justifican y relativizan la violencia callejera.

21.2.21

A TU DISPOSICIÓN EN AMAZON Y LIBRERIAS

 

RIBÓ 'EL PERPETUO' SERVIDOR

 

RAFAEL RIBÓ EL VITALICIO 



 Al Síndic de Greuges Rafael Ribó - alias ‘el perpetuo’- le encanta viajar a cargo del erario publico o de los pagafantas amigos. Recientemente se ha dado un paseito por la prisión en la que esta internado ese fabricante de odio y broncas que responde al nombre de Hasél. El Síndic ha decidido llevar el caso del rapero a Europa. El servilismo de Rafael Ribó hacia los que le han permitido asentar sus posaderas des de el año 2004 en la Sindicatura de Greuges es inconmensurable. Echen ustedes un vistazo al historial de las intervenciones de este personaje, y se asombrarán de cuan acomodaticio y servil ha sido a los que detentan el poder de la denominada “Cataluña oficial”. También podrán comprobar cuan lejos está el Sr. Ribó de la ideología que le encumbró hasta la Sindicatura. Mientras las calles de Barcelona arden bajo el imperio de la violencia, en las redes sociales muchos ciudadanos se preguntan, y un servidor de ustedes también, si lo que habría que llevar a Europa no son las triquiñuelas, falsedades y servidumbres de un profesional del ‘dolce far niente’ como Ribó, experto en perpetuarse en el cargo. ¿Acaso Rafael Ribó no ha sido capaz de detectar delito de odio en el personaje que pide que le vuelen el coche a Patxi López? ¿Es ese el precio para convertirse en vitalicio?

13.2.21

 

                                EL 15 F NO SE ADMITEN EXCUSAS

 Si están hartos de estar hartos, si creen que este país necesita iniciar una nueva etapa libre de hipotecas y resentimiento; si intuyen que ha llegado la hora de gobernar con la cabeza y no con las vísceras; si consideran que conviene acabar con el histrionismo friki y la gesticulación de los desnortados, si piensan que todo eso tiene solución, les invito a ir a votar el día de San Valentín. ¿Con qué fin? Muy sencillo: para conseguir que, en la gestión gubernamental de la cosa pública, la eficiencia y la eficacia primen sobre el exabrupto y las quimeras suicidas. Lo sé. Ustedes son libres de hacer lo que más les plazca ¡Faltaría más! Pero si optan por pasar de largo de este combate cívico, les ruego que no nos vengan luego con milongas, ni lloriqueando por las esquinas. Por favor, si se recluyen pasivos en casa, absténganse de fabular el próximo lunes sobre lo que pudo ser y no ha sido. A partir del 15 de febrero no se admiten excusas. Cuentan los historiadores de las guerras carlistas que fue el militar Carlos Luis O’Donnell -compañero de armas del general Zumalacárregui- quien, al regresar de sus acciones militares, harto de escuchar comentarios tipo: “Ojalá hubieran hecho tal o cual movimiento”, “Ojalá hubiesen ustedes atacado por tal o cual parte” se encaró con un grupo de esos comentaristas para espetarles visiblemente enojado: ”Siempre están ustedes con el ojalá. ¿Por ventura son ustedes ‘ojalateros’? Al respecto recuerdo que fue Josep Fontana, en una de sus clases magistrales en la Universidad Autónoma de Barcelona, quien nos explicó que el nombre ‘ojalatero’ fue empleado profusamente por los oficiales más fogueados en combate para calificar despectivamente a “los cortesanos que acompañaban al gobernante sin contribuir a la lucha con otra cosa que no fueran los ‘ojalas’”. Por su parte fue Josep Carles Clemente, investigador destacado por sus estudios sobre el carlismo y sus guerras, quien en su obra nos dejó escrito que se empleó ese término para definir a “los que lejos del combate soñaban con ganar la guerra sin otro esfuerzo que su adhesión pasiva a la causa contribuyendo a la lucha sólo con sus ‘ojalá’”. Benito Pérez Galdós también nos hablo de ello en sus Episodios Nacionales. Obviamente no estamos en guerra ni se oye a lo lejos el fragor de los cañones. Lo único que se ha mantenido inalterable a lo largo del tiempo es la costumbre de algunos de ponerse de perfil, de no ‘mojarse’, de callar sumisos esperando verlas venir para caer de pie y no lastimarse. El deterioro de la vida política catalana ha llegado hasta tal punto que urge reaccionar, hacer un reset y gobernar con corrección de una puñetera vez. Para ello el lamento de los escépticos y los suspiros de los melancólicos se han de convertir en votos, los ‘ojalá’ en realidades y el derrotismo en esperanza. Todo es posible porque nada esta escrito, ni engaño al ciudadano que dure eternamente . No nos servirán doctos análisis a posteriori si, a priori, no ha habido definición clara, compromiso y voluntad de cambio. Ustedes saben bien lo que pensaba Jesucristo de los tibios... A partir del 15 de febrero no valdrán ni un céntimo los ‘ojalá’ de los pusilánimes, ni el silencio de los acomodados.

7.2.21

RAHOLA LA PLURIEMPLEADA DE TV3

 




RAHOLA Y LOS JABALÍS QUE DEVIENEN CERDOS. 


 Cuentan que fue una frase de Ortega y Gasset la que dio pie a la utilización, en el ámbito parlamentario, del calificativo ‘jabalí’. Todo sucedió en una sesión de las cortes republicanas, de finales de julio de 1931, en las que afirmo: “Hay tres cosas que no podemos venir a hacer aquí: ni el payaso,ni el tenor , ni el jabalí”. Y lo cierto es que la etiqueta, que da nombre a ese mamífero artiodáctilo, le venia como anillo al dedo a un belicoso y deslenguado lerrouxista que acabo su vida siendo franquista. El aludido era un diputado de dialéctica agitada, Joaquín Pérez Madrigal, experto en provocar altercados y broncas políticas. Don Manuel Azaña llego a insinuar de él que acudía ebrio a las sesiones parlamentarias. Tan metido estaba este congresista en su rol agitativo que solía fanfarronear de su condición de ‘jabalí’ portando, en la solapa de su americana, una insignia con la cabeza del animal en cuestión. Cuentan también que Don Miguel Unamuno lo dejo patidifuso, en el Ateneo de Madrid, cuando le espetó:”Vaya con cuidado señor Pérez Madrigal, la biología nos dice que con frecuencia el jabalí degenera en cerdo”. Han pasado los años y los jabalíes, lejos de extinguirse de los hemiciclos legislativos de nuestro país, han creado escuela, se han expandido más allá de lo razonable. A lo largo de estas últimas semanas hemos tenido la oportunidad de conocer los nombres, características y habilidades de algunos de los integrantes de las listas electorales. Con sorpresa hemos podido comprobar como algunas candidaturas, en especial Juntsxcat, incluían en ellas individuos que iban mucho más allá de la verborrea y radicalidad de los viejos jabalíes lerrouxistas de la Segunda República. Los de los años treinta eran maleducados, broncas y altaneros. Los que hemos detectado en las listas, que apadrina Carles Puigdemont, sueltan un tufo insoportable a machismo, frikismo y xenofóbia. Después de leer sus twets, u oir sus declaraciones, estoy convencido de que tipos como los Sort, Fabrega o Donaire no están capacitados para contribuir a reconstruir social y económicamente este país. No acierto a comprender como se han podido colar, en pleno siglo XXI, en las filas de unos de los herederos del pujolismo. Pero el objetivo de estas lineas no es tan solo denunciar el peligro que representan estos personajillos para la convivencia, sino también poner en evidencia los intentos de difuminar sus malas practicas. Lo ha intentado Pilar Rahola llegando hasta el extremo de relativizar los exabruptos groseros, machistas y xenófobos proferidos por los miembros de la candidatura de Junts per Catalunya que se han visto forzados a dimitir. Para ello ha aprovechado su aluminosa columna de La Vanguardia conectando el ventilador, centrifugando, acusando a la izquierda de ser farisaica, sectaria y cuatro lindezas más. La pluriempleada de TV3 ha osado tildar a la izquierda de hipócrita y manipuladora de vídeos. Rahola ha arremetido contra Jéssica Albiach, Manuel Valls, Óscar Guardingo, Ada Colau y tutti quanti. Ha echado mano del sobado ‘todos son iguales’ tan típico de la derecha más rancia. Ha completado la apoteosis barroca de su servilismo al prófugo de Waterloo participando en un vídeo contra Salvador Illa en el que su principal argumento, consiste en acusar al candidato socialista de ser españolista. Se ha sumado a la cruzada nacional que han orquestado unos cuantos apesebrados de la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales. Patético. La Pilar Rahola de hoy que se presta a relativizar lo injustificable no tiene nada que ver con aquella concejal de la época maragalliana, ni con la articulista progresista que intento ser a finales del siglo XX. Su agresividad contra las izquierdas, su temor a un posible vuelco electoral de corte progresista, la colocan en el umbral de una desesperación rayana con la histeria. Pilar Rahola rezuma tanta decadencia como temor al cambio; pugna por perpetuar ad nauseam el actual régimen de desgobierno catalán que tan pingües beneficios le ha reportado durante más de una década. En los debates televisivos -como en el celebrado en TVE- impera una cierta y aparente corrección; cierto, pero todos sabemos que la guerra sucia de los jabalís existe. Unos la promueven, otros la relativizan o justifican. También en esto Cataluña precisa un cambio.

26.1.21

UN 'PAJARO' LLAMADO ASENS

 





LOS PIROPOS DE PABLO IGLESIAS 


 No soy sovietólogo, ni puedo opinar sobre la dacha de Galapagar, nunca me han convidado allí a tomar el te. Eso sí, confieso que me gustaría adivinar los resortes mentales -evidentemente los ideológicos- que mueven la práctica política de Pablo Iglesias, tanto en el seno del gobierno de España, como respecto a Cataluña. No voy a recurrir a lo fácil. A estas alturas del serial me parece aburrido, y reiterativo, hablar de Puigdemont o del exilio. Ahora bien, creo que tiene un cierto interés intentar dilucidar cuales son las razones que impulsan a Pablo Iglesias a lisonjear al independentismo y sus próceres. Los piropos, en política, casi siempre encierran intenciones aviesas. Pablo Iglesias es una persona que ha mamado la política desde su tierna infancia, que ha estudiado y obtenido excelentes notas en las universidades, que ha complementado su formación académica con experimentos comunicativos y mil cosas más. Cuesta creer que sus apariciones en el circo mediático, no obedezcan a un estudiada estrategia de supervivencia en un escenario político, cada vez más complejo y competitivo. Las elecciones catalanas están a la vuelta de la esquina, y los sondeos no auguran un resultado espectacular para las listas de ‘En Comú Podem’. El podemita sabe que el ‘efecto Salvador Illa’ pasa el rastrillo sin hacerle asquitos al ámbito de la izquierda radical. En la memoria de Iglesias aun retumba lo acaecido en los últimos comicios de Galicia y Euskadi, en los que Unidas Podemos pinchó estrepitosamente. Si por ventura ello también ocurre en Cataluña, su liderazgo podría quedar en tela de juicio. Ya saben ustedes que la argamasa que conforma Unidas Podemos, y también ‘En Comú Podem’, no es precisamente de hormigón armado. Detrás de Ada Colau poca cosa hay que tenga tirón electoral. Y es en esta coyuntura tan delicada para la formación morada, donde los consejeros áulicos llegados de Barcelona -Jaume Asens y Gerardo Pisarello- entran en acción. ¿Cómo? Convenciendo al madrileño de que lo óptimo para su liderazgo es conseguir un gobierno de coalición en Cataluña de Esquerra Republicana y los Comunes, ante la mirada resignada de un PSC, al que se le exige sentido de la responsabilidad institucional. En el fondo, el sueño de esos consejeros áulicos contaminados de procesismo -un monitor de fugas y un arranca banderas- es colocar a los socialistas Miquel Iceta e Illa de espectadores en los márgenes de la política catalana. Actúan así porque temen desaparecer como experimento político, debilitados por su propia y contradictoria heterogeneidad, fagocitados por el voto útil para el cambio que puede encarnar Salvador Illa. Pablo Iglesias, como buen lector de El Príncipe, cuida y mima a los independentistas catalanes, al tiempo que busca congraciarse con los nacionalismos periféricos. No sólo les regala los oídos sino que, incluso, incorpora a su propio discurso exigencias, conceptos, léxico y términos del universo simbólico secesionista. Iglesias es consciente de su debilidad numérica respecto al PSOE en el Congreso de los Diputados, y también en el seno del Gobierno de España. Quizás por todo ello intenta articular y capitanear un totum revolutum de fuerzas parlamentarias, una alianza que le de un plus de peso político a la hora de negociar con Pedro Sánchez. Alguien escribió en alguna parte que Iglesias se columpia entre el radicalismo, la maniobra y la gobernanza; alguien también apuntó que le gusta mutar el cartesiano ‘cogito ergo sum’ por el ‘provoco luego existo’. Y así va sobreviviendo con andanadas antimonárquicas, guiños a los prófugos de Waterloo y programas de televisión de máxima audiencia. Lo dicho: nada es casual, ningún piropo político es gratis. La estrategia de los consejeros áulicos llegados de Cataluña, impregnados de procesismo, impele a Iglesias a rendir pleitesía al independentismo como método para conseguir taurina y sobrevivir.

20.1.21

 

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 Narra las vicisitudes de un soldado, con antecedentes políticos, inmerso en una sociedad-la canaria de finales de los años 70- en la que crecen los movimientos independentistas.
Te sorprenderá comprobar las grandes coincidencias que se dan entre movimientos secesionistas distanciados en espacio y tiempo pero con una matriz común; también sus derivaciones en el terreno de las relaciones humanas.

EL GOVERN MÁS INUTIL DE LA HISTORIA DE CATALUÑA

 





 EMPACHADOS HASTA LA NAUSEA 

 No teman. No voy a reproducir la frase mas citada de Don Estanislao Figueras, presidente de la primera república española, con la que manifestó la irritación y el cansancio que le provocaron sus coetáneos políticos. Pocos días después de ello tomó un tren y partió raudo hacia Francia. Cuentan los historiadores que, fatigado y harto del entorno político en el que le tocó lidiar, ni tan siquiera llegó a presentar formalmente su dimisión. Pocos meses antes, en febrero de 1873, un Amadeo de Saboya sin suficientes padrinos, de uniforme y sable, había abdicado. El monarca lo hizo tras remitir una misiva a las cortes en la que se declaraba incapaz de reinar entre y con hispanos. Sí amigos, han sido muchas las personalidades que, a lo largo de la historia de este país, han manifestado su angustia, contrariedad o enojo por la forma en que abordamos la convivencia ciudadana y el juego político. Una carta de Miguel de Unamuno, fechada en 1923, dirigida a un profesor residente en Argentina decía: “Me ahogo, me ahogo, me ahogo en este albañal y me duele España en el cogollo del corazón”. Frase que fue repetida hasta la saciedad por los hombres y mujeres de la Generación del 98 y que recientemente, un dirigente de partido jubilado anticipadamente, reutilizó tras la DUI catalana de 2017. Pero fuera del ámbito estrictamente académico o institucional también hay personalidades, con notable talento y proyección pública, que a su manera han verbalizado su hartazgo ante las practicas político-parlamentarias embrutecedoras y frustrantes. En este sentido confieso que me impactó oír las palabras de Iñaki Gabilondo, en el programa de la SER que conduce Àngels Barceló, afirmando tajante: “No quiero hacer comentarios políticos, no me siento capaz de continuar, estoy empachado”. Explicación elegante, de factoría Gabilondo, que contiene la misma pulsión interna que debieron experimentar Figueras, Amadeo de Saboya o Unamuno. Intuyo que Gabilondo no abandona su editorial diario por falta de audiencia, edad o cansancio sino porque, como él ha dicho, se niega a ser un ‘altavoz de la irrelevancia’, la crispación y el ridículo político. Digámoslo claro: la desafección, el desencanto y el cabreo del ciudadano es fruto de esa política mezquina cuyo único objetivo es dinamitar al adversario y achacarle todas las culpas. Así, por ejemplo y sin ir más lejos, deviene escandaloso el espectacular mangoneo al que hemos asistido alrededor de las elecciones catalanas y su calendario. Con un Parlamento disuelto y cerrado a cal y canto, con un presidente en funciones de pocas luces, y con los socios de un Govern peleando entre sí por un puñado de votos, intentar camuflar el cambio de escenario electoral con un ‘buenismo’ barato anti virus, no es de recibo. Como tampoco lo es que, para Ciudadanos y el Partido Popular, sea más importante su necesidad de tiempo añadido que la arbitrariedad de trasladar los comicios a una fecha lejana. España es la patria de los perros del hortelano. Incluso la pluriempleada de TV3 y hagiógrafa de presidentes caídos, Pilar Rahola, ha escrito que Cataluña “tiene un Govern timorato que se esconde en los técnicos para justificar su ineptitud”. Para vencer la pandemia e iniciar la recuperación económica, España necesita sosiego y pacto, cierto; pero en el ámbito catalán se impone la necesidad de vertebrar una reacción democrática colectiva que soslaye el caudillismo, las quimeras imposibles y apueste por la gobernabilidad eficiente de lo cotidiano. Cataluña no puede seguir un montón de meses más gestionada por un ejecutivo pusilánime que no sabe a donde va. El abuso de poder perpetrado por los epígonos del peor presidente de la Generalitat, con la excusa de la pandemia, es deleznable. Un despropósito más de un Govern que convierte el empacho mental, del que habla Iñaki Gabilondo, en nausea.

18.1.21

ESPAÑA PATRIA DE LOS PERROS DEL HORTELANO

EL 14 F Y LOS PERROS DEL HORTELANO 

 A Oriol Junqueras hay que reconocerle, sin que sirva de precedente, que tiene cierto olfato político. Tan pronto como se hizo público el aterrizaje de Salvador Illa como candidato socialista a la presidencia de la Generalitat, el líder republicano se apresuró a profetizar que las elecciones del 14 F iban a ser un combate entre los socialistas catalanes y Esquerra. Olía el peligro. Bastó un simple tweet para que su predicción, convertida en noticia, provocara desasosiego y alarma en el palacete de Waterloo. Probablemente la intención inicial de Junqueras era desbrozar el camino para Pere Aragonés, dejar en un segundo plano a la tropa de Puigdemont y centrifugar al PSC hacia los márgenes donde dormitan los votantes desencantados de Ciudadanos. Vayan ustedes a saber la dimensión real de lo que intentó Oriol, pero lo cierto es que el llamado ‘efecto Salvador Illa’ ha ido in crescendo desde aquel día. Lo ha hecho acompañado de unas encuestas favorables que proyectan al PSC como un competidor serio con opciones de triunfo. Y observen: la agresividad de los adversarios de Salvador Illa es directamente proporcional al impacto generado por el anuncio de su candidatura, y a la publicación de las últimos sondeos. El fuego a discreción ya ha comenzado. Los mismos que pedían a gritos su dimisión como ministro de Sanidad del Gobierno de España, hoy lo querrían ver eternamente encadenado a las ruedas de prensa sobre el Covid. El movimiento de piezas de Iceta y Sánchez no sólo les ha descolocado, sino que les ha hurtado el protagonismo mediático. El foco informativo en estos tiempos de inquietud ha sido para Illa y su educada sobriedad. Paradójicamente el tránsito entre partidos de Lorenas, Annas y Evas ha suscitado poco interés y escasos titulares. Así las cosas, nadie se atreve a vaticinar en qué condiciones político-sanitarias se encontrará el país en el momento de acudir a las urnas, cuál será el nivel de agobio de la ciudadanía, ni cuáles los indices de participación electoral. Lo que sí parecen estar garantizadas son las andanadas verbales -estas ultimas semanas nada ejemplares- y las actitudes demagógicas. Mucho me temo que vamos a presenciar una campaña electoral de perdigonada, de todos contra todos, que no va a respetar bloques de ninguna clase ni otras consideraciones de tipo ideológico. De aquí al 14 F no habrá amigos ni socios preferentes, cada cual intentará salvar sus posiciones. Elemento, este último, que no siempre concuerda con lo que necesita este país para su reconstrucción moral, económica y política. Son muchos los analistas que, de cara al futuro, nos advierten acerca de la dificultad de articular acuerdos políticos estables en un Parlament tan fragmentado como se prevé tras los últimos sondeos. No va a ser nada fácil lograr consensos. Nos hallaremos ante tres formaciones, prácticamente empatadas en escaños con la aspiración de presidir la Generalitat. La cosa promete, lo intentaran flanqueadas por grupos minoritarios a la greña y con la amenaza disruptiva que encarna VOX. Cuentan que el famoso refrán ‘El perro del hortelano ni come ni deja comer...’ tiene su origen en una de las fábulas de Esopo. En ella un bondadoso buey reprocha al perro del amo del huerto -can que no come vegetales- que no permita que otros animales coman los frutos que ofrece el campo. Lope de Vega escribió también una comedia en 1618, en la que hace referencia a los individuos que no disfrutan de algo por que no quieren pero que, ademas, impiden que otros lo hagan; esos individuos actúan movidos por la envidia o intereses inconfesables. Hay mucho perro del hortelano en la política catalana con los ojos puestos en la escena española. Lo hay en el cosmos independentista, también en la galaxia constitucional. Para las hemerotecas quedan las propuestas de listas conjuntas y pactos electorales. Para el recuerdo quedan las proclamas unitarias presuntamente altruistas y salvadoras del país ante el desgobierno de los secesionistas. El combate comenzó, las batallas colaterales están en danza. Primer objetivo de todos, sin distinción: laminar el ‘efecto Salvador Illa’.

¡RESPONSABILIDAD!





PROHIBIDO DIVERTIRSE? 



 Que el ocio, la diversión y el dolce far niente contribuyen al relajo y a hacernos la vida más agradable no lo discute nadie. Pero de ahí a idolatrar el esparcimiento irresponsable va un abismo. Jugar con la salud colectiva a cambio de unas horas de desahogo no tiene justificación alguna. Observo con perplejidad un cartel pegado en un muro de mi ciudad donde destaca la quejosa frase: Prohibido divertirse. Me disgusta porque nadie ha pedido que dejáramos de divertirnos, gozar o reír; tan solo nos reclaman, por nuestro propio bien, máxima precaución y medidas de seguridad. Con enojo contemplé, en televisión, como en Euzkadi un grupo de jóvenes se resistía a abandonar una fiesta ilegal con gritos de ¡Libertad, libertad! Mi disgusto siguió en aumento al observar, en Madrid, como trescientas personas eran desalojadas de una sauna y futbolistas profesionales participaban en fiestas inseguras y multitudinarias. La tolerancia policial con la ‘rave’ de Llinars, o la cabalgata ‘okupa’ de Gracia, me ha abrumado. El derecho al ocio y la diversión no puede, ni debe, estar reñido con las exigencias sanitarias que demanda la lucha contra la pandemia. Las medidas y restricciones aplicadas al respecto no son un capricho de las autoridades sanitarias. Contaba el filosofo estadounidense, Irwin Edman, que la mejor prueba de la calidad de una civilización era la calidad de su ocio. No se si el ilustre pensador pudo llegar a mesurar el nivel de estupidez de algunos ‘civilizados’.

5.1.21

¿HASTA CUANDO?

 

LA MERIDIANA COMO SINTOMA 

 Cualquier día todo serán lloros y lamentos. Al igual que ocurrió con el incendio de la nave de Badalona, la que desgraciadamente se saldó con la muerte de varias personas, cualquier suceso luctuoso o desagradable que pueda ocurrir en la Meridiana contará, a posteriori, con un puñado de políticos centrifugando culpas, intentando blanquear sus responsabilidades. Presiento que ese día, tanto la alcaldesa Ada Colau, como el conseller de Interior de turno, pondrán cara de poker para justificar su abandono del tema. Los reiterados cortes de trafico de la avenida Meridiana claman al cielo. El protagonizado el día de Nochebuena fue una canallada que fastidió la fiesta familiar a un buen número de confiados ciudadanos que quedaron atrapados sin posibilidad de escape. En más de una ocasión se han producido atropellos, incidentes, insultos y agresiones violentas a transeúntes y periodistas. El pasotismo del Ayuntamiento de Barcelona y del Govern es una invitación a la ciudadanía para que se tome la justicia por su cuenta. De momento los vecinos protestan pacíficamente, recogen firmas y elevan sus quejas por los conductos pertinentes; cierto, pero la paciencia tiene un límite y el mal humor crece entre el vecindario. Les aseguro a ustedes que, de persistir el escandaloso quietismo de las autoridades al respecto, afloraran otras formas de presión y rechazo quizás no tan sosegadas. Al tiempo. Lo que ocurre en la avenida Meridiana es un síntoma, una muestra, de que nuestros políticos no están en forma.

PRIMITIVOS Y DESCONSIDERADOS

 



¿PASION HUNGARA O ‘EFECTO SALVADOR ILLA’? 


Juzguen ustedes mismos el nivel y el tono. Hace pocos días Pablo Casado subió a la tribuna del Congreso de los Diputados para sermonear al presidente del gobierno por no haber felicitado las navidades como manda la tradición. El dirigente del PP le reprochó que lo hiciera empleando un eufemismo y no una fórmula explícitamente ‘cristiana’. A Pedro Sánchez le resultó fácil articular una réplica no exenta de ironía y jocosidad. Regañó al popular por su precariedad argumental y por el aprovechamiento de cualquier circunstancia para atacarle, ‘incluso con las navidades’ dijo. El tono del discurso y la actitud de Casado me trajo a la mente la figura de dos personajes, distanciados en el tiempo pero no tanto en las ideas; a saber: Viktor Orbán y José María Albiñana. Al mandatario húngaro ya lo conocen ustedes por su particular ‘gulasch’ ideológico condimentado con toques de xenofobia, euroescepticismo y reformas de dudosa calidad democrática. Nada que añadir al respecto. El otro personaje, el valenciano José María Albiñana, fue el hombre que se hizo un hueco negro en la historia de la Segunda República al fundar el Partido Nacionalista Español (PNE). Esta formación, de carácter ultraconservador, tenía como lema ‘Religión, Patria y Monarquía’. Su doctrina se resumía en los veintidós puntos de su ‘Breviario Nacionalista Español’. En él se defendía la unidad de España, la religión católica y la Monarquía. ¿Les suena? El órgano de expresión del partido era la revista ‘La Legión’. Fue el vehemente Albiñana el que, en la necrológica de Francesc Macià, aprovechó sin escrúpulos el evento para fustigar al gobierno y arremeter contra la autonomía catalana. Eso ocurrió un cuatro de enero de 1934, hoy hace ochenta y siete años. Toda la cámara se sumó al pésame por l’Avi, incluidos José Antonio Primo de Rivera y Alejandro Lerroux. No lo hizo Albiñana que orquestó una tángana como las que actualmente se prodigan en el Congreso de los Diputados. Ya saben ustedes que para algunos políticos todo vale con tal de embestir al adversario. Necrológicas, navidades o biografías de padres y abuelos pueden ser usadas impunemente como arma arrojadiza. Albiñana lo hizo y sus herederos ideológicos lo siguen haciendo. Confieso que con el despeje de Cayetana Álvarez de Toledo, y el discurso de Casado en la moción de censura de VOX, me pareció entrever un cambio en la política opositora del PP. Fue una vana ilusión la mía. En su loca competición con los de Abascal, los populares parecen haber renunciado a ejercer como partido opositor con cultura de gobierno. Estos últimos meses hemos podido comprobar que Casado insiste en deslegitimar a Sánchez; intenta desacreditarlo acusándole de autoritario, amigo de terroristas, socialcomunista y unas cuantas lindezas más. Por si ello fuera poco, Díaz Ayuso colabora en la tarea alimentando disputas territoriales y conflictos identitarios. Así las cosas, en plena crisis sanitaria, el discurso de Casado y compañía deviene terriblemente tóxico e irresponsable. Esta por ver que grado de contundencia esta dispuesto a emplear Alejandro Fernández en la campaña electoral catalana. En más de un ocasión algunos editoriales de medios de comunicación conservadores se han atrevido, con escaso éxito, a sugerir al PP que se homologue con los populares europeos que negocian y pactan. Pero uno empieza a pensar que Casado, en lugar de emular a Angela Merkel, ha decidido dirigir la mirada hacia el este; lo suyo es la pasión húngara, la cerrazón, el veto y el golpe bajo. El peligro de la desafección acecha, el del desengaño crece y el del aburrimiento ronda por ahí. Más de dos terceras partes de los ciudadanos españoles consideran que el debate político ha empeorado, que es superficial o de escasa calidad. También nos dicen las encuestas que el hombre de la calle está irritado, que maldice la incapacidad de llegar a acuerdos instalada en el Congreso y en las cámaras autonómicas. Las palabras gruesas y la crispación han alimentado la polarización dentro y fuera del hemiciclo. Cuando el ochenta y tres por ciento de la población consultada -según un estudio de El País- piensa que el diálogo es inexistente, o nada constructivo, tenemos un serio problema. Cuando situaciones tan delicadas como las que crea la pandemia no son capaces de generar unidad de criterio político es que estamos tocando fondo. Urge reaccionar. Ni la pasión húngara que embarga a Casado, ni el ejemplo de los viejos ultras como Albiñana, sirven para retomar el vuelo que necesitan Cataluña y España. Una campaña electoral sui géneris esta a punto de comenzar; de cara al 14 F sugiero a los amantes de la bronca, la unilateralidad y la beligerancia extrema que estudien las características del llamado ‘Efecto Salvador Illa’. Quizás encuentren allí los beneficios políticos y sociales que dan el sosiego, la templanza y las buenas prácticas.

17.12.20

SIEMPRE LÍO CON LAS LISTAS...

 





LISTAS, LISTOS Y AMBICIOSOS

 La reapertura de los restaurantes con terrazas climatizadas da mucho de sí. No sólo desde el punto de vista gastronómico, sino también desde la observación de anécdotas y comportamientos humanos. Confieso que ayer, sentado en una terraza de la Gran Vía Barcelonesa en las proximidades de la Casa Golferichs, disfruté de lo lindo. Mi gozo comenzó con la llegada de Corbacho -el divertido, no el ex ministro- con una troupe dispuesta a filmar y grabar, entre risitas y jolgorio, vayan ustedes a saber qué. Pero lo realmente interesante, para un adicto a la política como un servidor de ustedes, fue la conversación en voz alta que tenía lugar en una mesa cercana a la mía. Un hombre alto y fornido, de cabellos largos y canos hablaba con una señora no exenta de corpulencia. Los decibelios de su charla aumentaban al mismo tiempo con que se vaciaba una botella de vino tinto. Al hilo de sus comentarios fue fácil deducir que su credo político era el nacionalindepentismo. Por la beligerancia verbal del caballero intuí que estaba muy quemado y disgustado. Ella intentaba darle sosiego con buenas y melosas palabras, él replicaba, algo alterado, que en las listas electorales para el 14F no aceptaría ir más abajo del diez. Concluyo su perorata añadiendo que, de no ser así, pensaba contar quienes eran, y lo que habían hecho, algunos de los que pretendían desplazarle en la lista; la mujer insistía en su labor disuasoria, él argumentaba que estaba harto de tanto ninguneo. Real como la vida misma lo que les cuento. La confección de las listas electorales siempre ha estado acompañada de múltiples circunstancias. Unas tienen que ver con las lógicas discrepancias políticas; otras con las ambiciones y aspiraciones personales. Nunca ha sido fácil compaginar el interés general de un partido con las pretensiones de algunos de sus miembros. La perversión del proceso se da cuando se disfraza de ideología un desmedido apetito personal. No sé quién es el individuo de cabellos largos y canos que charlaba apasionadamente con aquella mujer rotunda en una terraza de la Gran Vía. No lo sé ni me interesa. Los deje allí hablando de la patria mientras Corbacho -el divertido, no el ex ministro- seguía platicando bajo el enfoque de una cámara.

SON ASÍ...

 





LAURA BORRAS, FARO DE ZELOTES




 Tengo la impresión de que Oriol Junqueras domina mejor el contenido y los conceptos de los evangelios que la economía y las ciencias políticas. En el terreno de la economía, durante un debate televisado, no resistió ni cinco minutos el empuje dialéctico de Josep Borrell; y, en lo referente a la controversia política, hemos comprobado que se deja llevar en demasiadas ocasiones por la lagrima fácil o el exabrupto escatológico. “¡Y una puta mierda!” exclamó irritado ante una pregunta del diario El País. Pero en lo referente a cuestiones histórico-místico-religiosas hay que reconocer que se desenvuelve con agilidad manifiesta. Me explicaré. Hace un par de años, en un artículo publicado en un periódico digital, Junqueras amonestó a algunos de sus correligionarios que despotricaban de sus contactos con Podemos y Pablo Iglesias. Comparó la intransigencia de aquellos puristas del partido con “los zelotes y sus tradicionales reproches”. Es público y notorio que al líder de Esquerra le gusta trufar de referencias bíblicas conferencias, artículos e intervenciones. La comparación de los republicanos intransigentes con los zelotes fue para nota, hay que reconocerlo. Cuentan que fue Judas de Galilea quien, por allá el siglo I de la era cristiana, impulsó una facción política nacionalista radical -los zelotes- enfrentada a fariseos y saduceos (Los ‘botiflers’ y ‘nyordos’ de la época) a los que acusaban de colaboracionistas con los romanos. Aquellos puristas propugnaban la independencia y la segregación de Judea del Imperio Romano mediante una gran revuelta judía (La ‘DUI’ de la época). Ni que decir tiene que la insurrección fracasó -aunque duró más de ocho segundos- y, con la derrota, el venerado Templo de Jerusalén acabó seriamente mutilado. Sólo quedo en pie lo que hoy conocemos como el Muro de las Lamentaciones. Los errores históricos tienen un precio, conviene tomar nota de ello.. Pero los zelotes del siglo XXI, que el catequista Oriol criticaba en su artículo, rebrotan en Cataluña cada vez que se aproxima un periodo electoral. Sí, están ahí incombustibles y se reencarnan, según convenga, bajo unas u otras siglas. En esta ocasión la facción de los intransigentes se aglutina alrededor de la sacerdotisa Laura Borras y la tropa variopinta que hoy da forma al partido que lidera Carles Puigdemont. Son los que se echan al monte a la espera de que, a lo largo de la noche de San Valentín, se despeje la duda de quien ostenta el mando en el inframundo del secesionismo. Ha mutado tanto el discurso y la praxis política de los seguidores del prófugo de Waterloo, que en este país ya todo es posible. El giro radical de Junts les aproxima a los postulados de la CUP, al tiempo que diluye la vieja cultura de gobierno que aún conservaban del ventenio pujolista. ¿Castigará el viejo electorado convergente el aventurerismo político de Junts per Catalunya? ¿Buscará nuevos referentes, o se abstendrá harto de tanta gesticulación inútil? Algunos analistas advierten, y con razón, que no siempre suelen coincidir las atrevidas posiciones de los militantes de los partidos con el pensamiento y las sensaciones de su electorado más tradicional. La apuesta de la militancia por Borras, en detrimento de Damià Calvet, implica un retorno al discurso de la ‘revuelta definitiva’. ERC, en cambio, ha optado por buscar un puerto seguro donde calafatear la nave a la espera de que las condiciones atmosféricas le permitan volver a navegar. El electorado nacionalista que no huya desencantado hacia la abstención, o hacia el voto útil para una buena gobernanza que encarna Miquel Iceta, deberá optar por una de las dos almas del secesionismo. Puristas, zelotes del siglo XXI, frikis, tránsfugas del PSC y radicales de fin de semana, se han lanzado a la batalla sin ponderar las consecuencias y los efectos negativos que pueden acarrear sus actos. Los intentos de algunos personajes, como Josep Costa, de vertebrar un Frente Nacional patriótico en el que quepan la extrema derecha nacionalista, los admiradores de los hermanos Badía y el Moviment Identitari Català, son un mal augurio. Si Laura Borras juega a convertirse en el faro de los nuevos zelotes, tarde o temprano echará en falta la luz. Se apagará para siempre.

30.11.20

LA VERDAD NOS HACE LIBRES....

 

MENTIRAS SILENCIOSAS ESPERANDO SAN VALENTÍN 



Hace más de cien años Mark Twain escribió un ensayo titulado ’La decadencia en el arte de mentir’. El escritor estadounidense, entre múltiples tipos de mentiras, incluyó específicamente una que denominó: la silenciosa. La definió como una modalidad de engaño que se hace por el simple hecho de quedarse callado obviando la verdad. A lo largo de esta última década, en la política catalana, la mentira silenciosa -combinada con la mentira embaucadora- ha campado a sus anchas alimentada por los mandamases del procés. ¡Ojo! No confundan esas omisiones de la verdad con el anecdotario folletinesco de las conversaciones entre el conseguidor David Madi, y la primera dama de la caja tonta, Pilar Rahola; tampoco con los favores solicitados y el léxico lunfardo de Xavier Vendrell. Todo eso que hoy sabemos, y oímos, no hace más que confirmar la catadura moral, el modus operandi de los personajes auscultados y las características del régimen que los ampara. La mentira silenciosa a la que me refiero es de otro calado más profundo. Consiste en un delito de omisión de la verdad perpetrado por los dirigentes del procés, tanto en su variante gubernamental como partidaria. Durante más de diez años vendieron a la ciudadanía unas ‘preferentes políticas’ alimentadas desde las instituciones y los medios de comunicación afines. Una parte de la sociedad catalana creyó a pies juntillas en ellas sin avistar que eran papel mojado. Una década después los planteamientos de aquella engañosa quimera política apenas se sostienen como relato. A pesar de ello sus próceres continúan medrando y gobernando en las instituciones; no les importa lo más mínimo que sus fantasías se hayan dado de bruces contra la realidad que pretendieron subvertir. Su tan cacareado mandat polític ya es agua de borrajas, pero no así su apoltronamiento institucional. Sus ‘preferentes’ se vendieron como una exhalación, inicialmente bajo el nombre de la consulta del 9–N, luego con el plebiscito del 2015 y el 1-0 para, posteriormente, culminar con el discursito de las estructuras de estado y el ‘voto de tu vida’. Y luego llegó la nada, la mediocridad y el desgobierno. Fin del relato secesionista. Y ahí empieza la mentira silenciosa que nada tiene que ver con la mentira embaucadora de la primera época del independentismo en ascenso. Muchos catalanes, y algunos independentistas con sentido común, estamos aguardando que los primeros espadas del procés reconozcan el fracaso, rebobinen, rectifiquen y se avengan a afrontar la nueva situación política y social que vive un país castigado por la pandemia. Urge un cambio de mentalidad, tanto en ERC como en el puigdemontismo, que contemple la inviabilidad de la desconexión con España e interiorice la urgencia de laborar para la reconstrucción económica y social. Las elecciones del día de San Valentín son una buena ocasión para iniciar una nueva etapa. Lo prioritario ha de ser gobernar, y no otra cosa, siguiendo las reglas de juego que caracterizan a un sistema democrático. Que Cataluña precisa un Govern que gobierne, sin agitar las bajas pasiones, ya no lo discute nadie. Pongámonos pues manos a la obra, intentemos aupar a políticos capaces dispuestos a pactar la reconstrucción. La carrera electoral se ha iniciado y con ella todo tipo de especulaciones sobre sus resultados, posibles coaliciones, pactos y listas de candidatos. Nuevas siglas y nuevos proyectos políticos entrarán en el juego electoral. Todo hace prever una cámara catalana más fragmentada que la actual y con una aritmética parlamentaria complicada. En un escenario de esas características ganan enteros los políticos amantes del dialogo como Miquel Iceta. No obstante, ante un panorama tan volátil, convendría que los partidos no confundieran a sus respectivas clientelas versionando letras y músicas que no les son propias, argumentando razones que jamás defendieron, o introduciendo en su menú platos exóticos que digestión difícil. El ciudadano prefiere productos con denominación de origen sin sucedáneos. Tiempo habrá, a posteriori, para comprobar qué patrimonio electoral atesora cada cual, y qué mensaje ha vehiculado con su voto la ciudadanía. La singularidad y la diferencia de planteamientos programáticos no tiene por qué estar reñida con el acuerdo. Vuelvo al inicio de estas líneas. Conviene desterrar la mentira silenciosa que describiera Twain y que, en este país, algunos políticos secesionistas siguen implementando. A ellos les pido que hagan el favor de no callar sus errores, que rectifiquen y aparquen desvaríos. La tarea de la reconstrucción económica y social, que nuestro país necesita y demanda, ha de ser cosa de todos.

NO SON DE FIAR.......

 

EL RÁBANO DE ERC 

En estos tiempos que nos ha tocado vivir, las noticias se desplazan a la velocidad de la luz. También el olvido de las mismas. La política se ha espectacularizado tanto, que los despropósitos, las palabras gruesas y los incidentes, se amontonan en el baúl de los trastos inútiles, en el armario de las andróminas. Pero ¡Ah! La hemeroteca no perdona y, cuando uno menos se lo espera, vuelve a salir a la superficie aquello que se dijo y no se debía decir, aquella daga que pretendió herir al adversario sin conseguir fulminarlo. Un buen día la diputada de Esquerra, Montserrat Bassas, subió a la tribuna del congreso de los diputados y profirió, en tono despectivo, uno de los gritos de guerra típicos del secesionismo catalán: “Me importa un comino la gobernabilidad de España”. Sus señorías patalearon irritadas y, como suele ocurrir en las Cortes Españolas, el exabrupto pasó a engrosar las páginas el diario de sesiones. La prensa catalana transformó el comino en rábano, y todos contentos. Pues bien estos últimos días, para fastidio y correctivo de la señora diputada y sus correligionarios, Gabriel Rufián y Pere Aragonés le han puesto unos rabanitos aliñados con comino a la ensalada de los Presupuestos Generales del Estado. Y, permítanme que lo reconozca, es bueno que así sea. Ni España ni Cataluña pueden darse el lujo de desperdiciar, en estos tiempos de zozobra, ni un solo euro de los prometidos por Europa. Necesitamos estabilidad como el aire que respiramos. No crean que me ablando ante el supuesto gesto altruista de Esquerra. Nada de eso, sigo pensando que el secesionismo es un tren estacionado en vía muerta; en ese convoy sólo funciona el vagón restaurante, y sólo hasta el fin de las existencias. Al fin de cuentas el rábano en la mesa es lo que importa, aunque sea picante.

25.11.20

ASÍ NO PABLO, ASÍ NO............

 

PABLO IGLESIAS Y EL ‘ENTRISMO’ 


 Cuando León Trotsky, en enero de 1936, escribió ‘La traición del Partido Obrero de Unificación Marxista español’ debía estar muy enojado. Sus duras críticas a Andreu Nin, Joaquim Maurín y Juan Andrade dan fe de ello. El revolucionario ruso había recomendado a sus seguidores españoles penetrar en el seno de los grandes partidos de masas y sindicatos obreros. El objetivo que les marcaba era desbordar las prácticas reformistas de sus cúpulas dirigentes para llevarlas al campo de la revolución mundial. No lo hicieron. Optaron por formar un partido marxista de nuevo cuño al que Trotsky no dudó en calificar, con desprecio, como centrista y aliado de la burguesía. Pero eso es historia pasada. Posteriormente la táctica empleada por algunos grupos trotskistas -pero no solos por ellos- para controlar y radicalizar posturas en organizaciones ajenas, dio contenido al concepto que hoy conocemos como ‘entrismo’. Con el paso del tiempo la sociedad ha cambiado y con ella la política y los partidos que la articulan. Las organizaciones de masas ya no lo son tanto, y los partidos han dejado de ser ejércitos de aguerridos militantes para dar paso a otras cosas. La vieja táctica trotskista quedó obsoleta; cierto, pero no sin antes tener sus momentos de gloria en el laborismo inglés con las actividades de militantes famosos como Vanessa Redgrave. El nuevo ‘entrismo’, el que viene de la mano de personajes como Iglesias, no pretende asaltar las cúpulas partidarias de la socialdemocracia, ni propiciar el trabajo fraccional. No, eso no le interesa a Pablo; en cambio, no se corta lo más mínimo intentando maniobrar desde el corazón del gobierno. Las últimas iniciativas y movimientos de Unidas Podemos en relación a los presupuestos, propiciando acuerdos de bloque y cercenando cualquier pacto hacia el centro político, dan que pensar. Esta modalidad de ‘entrismo’ pablista huele a deslealtad y genera desconfianza entre los socios de la coalición. Llegados a este punto cualquier ciudadano, mínimamente informado, puede preguntarse qué es en realidad Unidas Podemos, y qué sería sin un hermano mayor socialista en el espacio de la izquierda. Cuesta adivinar cuál es su verdadera naturaleza dado que ya no nos incordian, como antaño, con las tesis de Ernesto Laclau, y han perdido la fe en el boliviarismo venezolano. Parece, incluso, que en Unidas Podemos ha caído en desuso el léxico más clásico y descarado de la formación. Ya nadie habla de castas ni de la vieja política; es más, hay quien piensa que se han contagiado del modus operandi y la retorica de los ‘de arriba’. ¿Por ventura se ha convertido Unidas Podemos en el receptáculo donde habitan todos los epígonos tristes de las esencias revolucionarias? Cuando las Mareas ni vienen ni van, cuando el movimiento se transforma en foto fija, cuando la cabeza es más voluminosa que el cuerpo y se adivinan pies de barro, cuando la disensión es tratada como traición, cuando de la comuna se pasa al chalet o cuando la coleta deviene moño, es que algo pasa. Conviene alimentar a la clientela propia para no perderla. En esa tesitura lo más fácil es vender al ciudadano que se ha dado un puñetazo sobre la mesa, que se ha hecho ‘entrismo’ gubernamental. Se vende al mundo mundial que ésta es una táctica arriesgada, pero útil, para corregir las perversas desviaciones que atenazan a los socialdemócratas. Para ello nada mejor que entenderse con los independentistas para bloquear el paso a la pérfida Inés Arrimadas y a los lacayos del IBEX 35. Patético. La vicepresidenta Nadia Calviño, con la prudencia y la elegancia que la caracteriza, ha dado en el clavo al manifestar que hay acciones que persiguen tan sólo la visibilidad. En la actividad política la búsqueda desesperada de protagonismo es un síntoma de que algo no funciona, es el termómetro que detecta el miedo del dirigente a perder espacios comunicativos y clientelas. Preparémonos pues, a transitar por una legislatura que no estará exenta de sorpresas, chantajes encubiertos y traiciones. Los de Pablo Iglesias, para vitaminarse, seguirán practicando entrismo intervencionista adornado con retórica populista.

8.11.20

PILAR RAHOLA

 

Pilar Rahola es insaciable. Ha cocinado tantas paellas marineras, ha escrito tantas columnas bizantinas y vociferado en tantos platós de televisión, que ahora quiere pasar factura. Pero no se distraigan con lo accesorio, sobre todo quiere seguir cobrando una buena morterada a cuenta del erario público. Para seguir conservando el nivel de ingresos de su peculio, no ha dudado en acudir al más mezquino de los conseguidores patrios y llorar desconsoladamente sobre su hombro. Cómo se atreven a recortar su presencia en ‘la nostra’. Cómo le pueden hacer eso a ella; sí, precisamente a ella, que ha sido biógrafa y hagiógrafa de los cesarillos caídos en desgracia; a ella que, día tras día, castiga su terso cutis bajo el infame maquillaje de TV3 y soporta las despiadadas críticas de los que la acusan de pesetera. Por si no han reparado en ello: cuando Pilar se irrita, el secesionismo puigdemontista tiembla. Ella es la única voz capaz de explicar lo inexplicable (sic) y llegar al corazoncito de los ciudadanos independentistas que andan extraviados. Pilar Rahola está tan convencida de su rol mesiánico como gladiadora televisiva, que recurre a ‘la palanca especial’ de David Madí y a las presiones del apalancado Puigdemont. Busca venganza contra quienes osan reducir su cuota de pantalla. Sus avaladores políticos le sugieren que aguarde a las elecciones, que habrá un antes y un después, y que el impío Vicens Sanchís purgará sus pecados. Pero no se lo pierdan, hay quien cree que, en el fondo, Pilar Rahola sueña con ser una especie de Mónica Terribas, con programa de máxima audiencia a su cargo y barra libre. Pilar sueña con un ‘Aló Rahola’ donde disertar y pontificar a placer, donde masacrar a adversarios, premiar a los amigos arroceros y hacer patria. De momento toca santificar al prófugo Puigdemont y así poder seguir adorando al poderoso caballero Don Dinero.

28.10.20

DE VERGÜENZA...

 

MESA, FILTRACIONES Y LÍOS

 En los folletos informativos que reparten a los visitantes del Parlament de Cataluña, también en los libros que se obsequian a los invitados vip, se explica el funcionamiento de la cámara catalana, sus potestades y la dinámica rutinaria de sus sesiones y comisiones. En esos textos se cataloga a la Mesa del Parlament como un órgano colegiado que gestiona y gobierna correctamente la institución; de su lectura se desprende que la característica que define su forma de actuar es la templanza y la discreción. Desgraciadamente esa visión idílica ya forma parte del pasado. Llámenme nostálgico si así lo prefieren, pero tras más de una década de ‘procés’ el parlamento catalán ha dejado de ser lo que era. La nota de corte para ser diputado, en el parque de la Ciudadela, se ha rebajado tanto que más de un oportunista se ha tomado el hemiciclo como un coto privado de caza, un campo de batalla donde pelear cuerpo a cuerpo y sin reglas por una quimera. La semana pasada el TSJC condenó a cuatro miembros de la Mesa del Parlament que ejercieron su cargo flanqueando a Carmen Forcadell. La cuestión se ha saldado con unos meses de inhabilitación especial y una multa a los implicados. No tengo nada que objetar al respecto. Respeto la decisión de los jueces. Estoy convencido de que han fallado sobre un acto de manifiesta desobediencia y no sobre el rol de la Mesa como órgano institucional. En cambio he de decirles que no me satisface lo más mínimo que el actual presidente de la cámara Roger Torrent -junto a otros miembros de la Mesa- en un alarde de corporativismo hayan agasajado y recibido como héroes a los condenados. Una vez más se ha instrumentalizado la institución de forma partidista siguiendo los cánones procesistas que suelen ir acompañados de resoluciones parlamentarias y, cómo no, de la fanfarria callejera que organizan Ómnium y la ANC. Pero ahí no acaba la cosa. La Mesa del Parlament se ha convertido en un cuadrilátero de pressing catch en el que los combates entre el vicepresidente Josep Costa y Roger Torrent, no exentos de violencia verbal, devienen un espectáculo lamentable que nada tiene que ver con la corrección parlamentaria. Por si ello fuera poco, el deterioro del funcionamiento se ha visto reforzado por la filtración, a determinados medios de comunicación, de actas sin aprobar que contienen acuerdos y debates internos sujetos a confidencialidad. Tanto es así que las discusiones acerca de la resolución sobre la Monarquía, el papel de los letrados resistiéndose a cometer ilegalidades, la insistencia de Torra para fulminar a Xavier Muro y otras incidencias más fueron filtradas subrepticiamente a la prensa. El vicepresidente Josep Costa, en su afán por dejar en evidencia a Roger Torrent y denigrar al diputado socialista David Pérez, ejerció de garganta profunda. La beligerancia de Costa, y el tono airado de las discusiones, es un flaco favor a la credibilidad de las instituciones. No es de recibo este modo de proceder que pone en la diana tanto a los adversarios políticos como a los socios de gobierno. Lo que ocurre en la Mesa clama al cielo, no sólo porque algunos de sus integrantes juegan al testimonialismo barato, sino porque revienta la confidencialidad, retuerce el reglamento y emponzoña con golpes bajos las relaciones interpersonales. El ciudadano tiene derecho a pensar que, más allá del espectáculo en que se han convertido los plenarios, hay alguien -supuestamente una Mesa colegiada de gente capaz, discreta y dialogante- que vela por la justeza de los procedimientos y la legalidad de las decisiones. Creo recordar que existe en la cámara catalana un reglamento y un código de conducta que exige no sólo confidencialidad sino también decoro a los diputados. ¡Aplíquese! La torpeza del vicepresidente Costa filtrando información -detectada por una marca de copia- la pelea política entre ERC y Junts por conseguir la hegemonía en el cosmos independentista, o la admisión a trámite de resoluciones sobre temas en los que la cámara no tiene competencias, convierten a la Mesa del Parlament en la Tabla Ovalada de los líos y las filtraciones. Todo es tan mediocre y decadente en los confines de galaxia procesista que urge pasar página e iniciar una nueva etapa política. Otro Parlament y otro Govern han de ser posibles.

UN GOVERN CON POCAS LUCES

 



Si hace unos años Artur Mas no hubiera presumido de haber confeccionado el Govern ‘dels Millors’ quizás hoy no estaríamos hablando del Govern de los mediocres. Si, de esos que dicen y se contradicen, de esos que se pelean entre ellos, que balbucean y dudan en exceso, que se explican mal y, para colmo de males, centrifugan hacia Madrid las consecuencias de su insolvencia. A un servidor de ustedes no le tranquiliza lo más mínimo una rueda de prensa del conseller de interior señor Miquel Sàmper. Me inquietan las comparecencias televisivas de Alba Vergés. A Pere Aragonés le reconozco tanta buena voluntad como debilidad argumental y falta de brío. El legado gubernamental que nos ha dejado Quim Torra no da la talla, seguramente porque él tampoco la daba. Es tan exagerada la obsesión del ejecutivo catalán por singularizarse que resulta cansino escuchar a cada instante, con reiteración, que el Govern es quien gestiona el estado de alarma. Oír quejarse a Miquel Sàmper de que las competencias de este toque de queda no contemplan la totalidad de las utilizadas con anterioridad por el gobierno central, suena a provinciano. Siguen instalados en la queja permanente de cara a fuera, y en la pelea por la hegemonía dentro de la galaxia secesionista. Todos sabemos que la Generalitat no se ha caracterizado, precisamente, por una excesiva coherencia en la aplicación de medidas a lo largo de estos últimos meses y ahora juega a ser el duro de la película. Obedeceré sin rechistar las recomendaciones de las autoridades competentes, pero ello no implica que me agraden las enfermizas pretensiones de singularización de un Govern con pocas luces, ni su modelo expositivo

19.10.20

GENTE POCO CLARA



 

OMERTÁ A LO ESQUERRA REPUBLICANA



 Si Ernest Maragall, Alfred Bosch y Bernat Solé -es decir, ERC- siguen negándose a dar explicaciones en el Parlament de Catalunya sobre cómo ha gestionado sus recursos la Conselleria d’Acció Exterior, tendrán serios problemas. Los tendrán, no sólo porque las actividades que pretendían llevar a cabo sean competencia estatal, si no porque sus consellers adoptaron la fea costumbre de hacerlo todo a hurtadillas, en falso. Alfred Bosch malgastó su credibilidad con un escabroso asunto que implicaba a uno de sus mas estrechos colaboradores. Cuentan que lo protegió de forma exagerada de un presunto acto de acoso sexual y eso les costó el cargo. Tampoco se libra de sospechas ese eterno inquilino de las administraciones que es Ernest Maragall, cuando se escaquea de acudir a la cámara catalana para dar explicaciones de su gestión gubernamental. El último en llegar, Bernat Solé, ex alcalde de Agramunt, haría bien en poner luz y taquígrafos a la labor de sus antecesores, si no quiere convertirse en cómplice de una omertá a la republicana. Seria un mal servicio al país ocultar la gestión poco clara de un tránsfuga político con pedigrí o la de un encubridor manifiesto. Los diputados de la oposición, la ciudadanía y los medios de comunicación, tienen derecho a conocer el contenido de los comunicados y las cartas que se cursaron desde los departamentos de la Generalitat a las embajadas de países extranjeros. También tienen derecho, por ejemplo, a saber cómo se ha gastado el dinero del Diplocat y cien cosas más que el govern se empeña en ocultar. Fíjense, no deja de ser un oximoron que la conselleria en cuestión también ostente el título de Relacions Institucionals i Transparència. Ni mantiene buenas relaciones institucionales, puesto que desatiende los requerimientos informativos que le cursa la Mesa del Parlament, y muchos menos ejerce la transparencia.

10.10.20

VOLVERAN SI HACEMOS LO QUE TOCA

 



LOS GUIRIS 


No soy comerciante, ni guía turístico, ni camarero o taxista, pero los añoro. Incluso he olvidado mis enfados cuando sus obstructivos paseos en grupo me impedían acudir raudo a citas y compromisos. De guiris los había de todo tipo, estética y condición. En nuestras calles los adinerados adictos al Paseo de Gracia convivían con el mochilero de La Rambla, las zapatillas deportivas con las sandalias de plástico, las camisetas de mercadillo con las de diseño. Pero ese paisaje, por desgracia, ya no se da. Todo se ha tornado más oscuro y gris. Se fue el color y se esfumaron los que pintarrajeaban la consigna ‘Tourist go home’. A la metrópoli de hoy le falta bullicio y le sobra abatimiento. Sí, se ha ido aquella algazara que llenaba terrazas conversando en cien idiomas, fotografiando incluso lo grotesco, irritando con su cháchara a los insomnes. Aquella fauna omnipresente venida de lejos propició que algunos apretaran las tuercas a las administraciones -con razón- exigiendo medidas de contención. Resultó fácil quejarse del deterioro ambiental y la insalubridad de las calles y barrios más frecuentados. Cierto, pero hoy añoramos a los guiris, deseamos que vuelvan con sus atuendos multicolores, su curiosidad y sus caprichos gastronómicos. Los necesitamos, no sólo por su aportación económica, sino porque su retorno será sinónimo de normalidad. Si cumplimos las normas volverán.

PARA COLAU...

 

UN URBANISMO SENSATO

 Para que nadie se lleve a engaño: Me gusta que mi ciudad esté bien dotada de zonas peatonales y carriles bici. Y que lo esté, cosa que no ocurre, tras cocer a fuego lento y condimentar los proyectos con los ciudadanos directamente afectados. Me desespera la improvisación, el parche, las frases grandilocuentes, el mesianismo verde, las pitonisas que vaticinan terribles enfermedades y el postureo. Amo mi metrópoli y me duele todo lo que pueda dañar su imagen. Me contraría ver algunas de sus calles pintarrajeadas sin gracia, repletas de fríos bloques de piedra y con hierbajos. Recientemente alguien dijo que el cambio que ha traído Ada Colau a Barcelona es superficial, que no tiene profundidad. Comparto ese análisis pero añadiría algo más, incluso lo superficial adolece de criterio definido y buen gusto. Se habla mucho, y se presume, del denominado urbanismo táctico y he intentado informarme al respecto. Un buen amigo, entendido en la materia, sostiene que ese tipo de urbanismo posee como rasgo básico su enraizamiento en la comunidad y que no suele ser un procedimiento para desarrollar actuaciones desde la administración. Las iniciativas impulsadas por Colau en Barcelona no han contado con la suficiente implicación de la ciudadanía y se desconoce con claridad el objetivo que persiguen. Me atrevería incluso afirmar que han provocado el efecto contrario al anunciado y deseado. Uno se pregunta, por ejemplo, si los índices de contaminación por efecto del tráfico rodado en la calle Consejo de Ciento, han mejorado o no. El único carril existente provoca largas retenciones de vehículos en horas punta con sus consiguientes emisiones y una contaminación acústica añadida. Los conductores bloqueados se desahogan haciendo sonar el claxon, ergo, más humo y ruido. Les pido disculpas, un servidor de ustedes no es un experto en temas de ordenación urbana ni movilidad pero si un defensor del urbanismo sensato.

PARA QUE ALGUNOS TOMEN NOTA

 


EL GUTI, COMO EJEMPLO 

 La historia ha sido siempre un terreno abonado para la controversia política. Tanto es así que en este país parece haberse puesto de moda mirar hacia atrás con ira. Desde la tribuna del Congreso se puede llamar a un adversario -aludiendo a su árbol genealógico- terrorista, o fascista, e irse de rositas. Se está instalando en algunas administraciones un macartismo a la española capaz de reescribir el nomenclátor de las ciudades o pulverizar las estatuas de los próceres del país. Sirva, como muestra de ello, lo que acontece alrededor de la figura de Indalecio Prieto. Nos invade un revisionismo histórico perverso que nada tiene que ver con un estudio crítico del pasado. En medio de una atmósfera política que rezuma intolerancia, se agradece la publicación de biografías de personas que, en los momentos difíciles, apostaron por el diálogo y la reconciliación. Salió a la venta el libro ‘El Guti, “L’optimisme de la voluntat” de Txema Castiella. Su aparición en el actual momento histórico me parece necesaria y oportuna. Necesaria para recuperar el rol jugado en la Transición por gentes de ideologías contrapuestas, pero sensatas. Oportuna para responder, desde la solvencia intelectual, a todos aquellos que juegan a reinterpretar torticeramente el pasado. En situaciones delicadas, la presente lo es, conviene rememorar a personajes como el Guti. Fue un ejemplo de esa ética de la responsabilidad de la que hablaba Max Weber y que tanto escasea.

LOS EMBOSCADOS EXISTEN

                                                                                   

 LAS OTRAS ‘QUINTA COLUMNA’ 

 Cuando el general Mola -otros dicen que Varela- usó en 1936 la expresión ‘Quinta Columna’, para referirse a los simpatizantes del golpe de estado que actuaban clandestinamente en Madrid, no podía llegar a imaginar cómo llegaría a popularizarse aquella expresión. En este país somos especialistas en acuñar nuevos términos, en obviar quién es el enemigo principal y olvidar en qué dirección hay que remar. Lo olvidamos, por ejemplo, dramáticamente en Mayo de 1937, lo reeditamos en las plataformas previas a la Transición, lo presenciamos en la famosa ‘pinza’ de Anguita-Aznar, y se rubricó con el ‘Tamayazo’ en la Asamblea de Madrid. Se puede ejercer de quintacolumnista consciente o inconscientemente. Allá cada cual con sus principios. Quiero pensar que la salida en tromba de Pablo Iglesias, Garzón y Asens, interpretando la llamada telefónica de Felipe VI a Lesmes, no tenga nada que ver con el desasosiego que les embarga tras conocer los últimos sondeos electorales. Interpretar a la carta la ausencia del Rey en Barcelona, o un telefonazo de cortesía, calificándolo todo como una intromisión en una decisión política de gobierno me parece simplista y poco edificante. Acusar al monarca de parcialidad y levantar un banderín de enganche para clientela insatisfecha es hoy en día un despropósito. Oír al portavoz del grupo parlamentario de Unidas Podemos, Jaume Asens, decir que sería ‘fantástico que el Rey no vuelva más a Cataluña’ obliga a pensar que Sánchez tiene el enemigo en casa, que sus socios tienen atrofiado el instinto institucional. Suscribo la opinión del ex diputado europeo, Ignasi Guardans, cuando afirma: “una parte del gobierno quiere cargarse la Monarquía porque le conviene y están dispuestos a montar lo que sea, incluso la mentira, para encabronar a la sociedad en esa dirección. Lo dicho, de Quinta Columnas como de meigas, haberlas haylas.